«Toy Story 5»: Jugar es importante

Tras una sólida y emocionante trilogía, una cuarta entrega menor y hasta un spinoff olvidable protagonizado por Buzz Lightyear, regresa la saga de nuestros juguetes favoritos. La historia que siempre nos conecta con nuestras infancias, con esas ilusiones tan propias de la edad y al mismo tiempo con el doloroso crecimiento que viene después, con el aprendizaje de que hay etapas, personas, objetos, que van quedando en el camino y eso es parte de un proceso inevitable.

En Toy Story 5, Bonnie es una niña solitaria a la que le cuesta mucho hacerse amigos y por eso se encierra a jugar con su grupo de juguetes, donde la vaquera Jessie cumple uno de sus roles principales. Sus padres preocupados, porque la niña pone en voz alta su preocupación ante su incapacidad de tener amigos, encuentran una solución curiosa: le compran una tableta que sirve para jugar de manera online y por lo tanto poder conectarse a través de ella con otras chicas de su edad y escuela. Nosotros ya sabemos y entendemos como adultos que somos que en estos tiempos donde todos estamos conectados con todos es en realidad cuando más fácil es aislarse y sentirse solo sin que nadie lo note, cada uno con su mirada enfrascada en una pantallita.

La imagen de niños que solo pueden entretenerse y quedarse quietos frente a una pantalla de celular o tablet es algo a lo que ya nos hemos acostumbrados. Como suele pasar, Toy Story se adapta a sus tiempos y al crecimiento propio del paso del tiempo: mientras el mundo sigue girando y transformándose, ellos permanecen.

Lo que parece una solución, pues Bonnie logra conectar con otras chicas y acercarse a ellas tras como sus padres habían previsto, desde el vamos presenta una amenaza para esos juguetes que temen quedar encerrados y a oscuras en una caja. Pero lo que al principio es una lucha de Jessie y su grupo de juguetes (como Buzz, Forky, Rex y Cara de papa, entre otros y a los que se suma Woody, quien acude cuando sabe que lo necesitan), para no ser olvidados se convierte pronto en un intento de ayudar a Bonnie a no sentirse sola, a entender que siempre hay alguien ahí afuera con nuestras inquietudes y que el mundo de la imaginación es importante para la vida, para enfrentar las adversidades que todo futuro depara. Porque Bonnie todavía no ha crecido, pero el mundo cambió tanto que parece querer forzarla a que lo haga demasiado rápido.

Si bien la película empieza de manera algo obvia en su bajada de línea contra el papel de la tecnología y las redes en la vida de las infancias, logra encontrar un enfoque interesante al respecto, donde éstos pueden y aprenden a convivir. También hay un ligero acercamiento a lo que es el ciberbullying aunque no se desarrolla ni profundiza al respecto. Es cuando deja de demonizar a las pantallas que encuentra su camino, que entiende que el problema de raíz está en las conexiones reales y la dificultad de animarse a mostrarnos tal cual somos.

La principal diferencia con sus anteriores es el punto de vista. Aquí Woody (con voz de Tom Hanks, una vez más) es un personaje secundario, un juguete que quedó algo viejo y anticuado (la trama se apropia de eso), y la protagonista es la intrépida vaquera colorada. Incluso Buzz Lightyear cede protagonismo quedando algo relegado, a tal punto que la historia introduce desde esa especie de prólogo a toda una nueva camada de Buzzes que tras caer de un cointainer quedan varados en una isla hasta que sienten la llamada del Comando Estrella.

Jessie (Joan Cusack en su voz original) es valiente, decidida y emocional. Se conecta con sus dueños de una manera profunda y por eso seguir adelante a través de generaciones le duele: mientras pasa de mano en mano ella no olvida… hasta que entienda que quizás tampoco es olvidada, que su compañía fiel es capaz de marcar la vida de quienes han compartido momentos de juego e imaginación a su lado. Ellos nunca han sido solo juguetes.

Pixar reafirma su estatus de calidad en cuanto a animación, siempre dando un paso adelante, con largas y logradas escenas de acción. Bajo la dirección de Andrew Stanton (guionista de entregas anterior que además estuvo detrás de Buscando a Nemo y Wall-E) con ayuda de Kenna Harris (directora del corto de Pixar, Ciao Alberto), con quien co-escribe el guion, Toy Story 5 mantiene el espíritu que la hizo eterna: es una historia muy divertida que además conecta con quien una fue, con cómo la infancia empieza a delinear la persona en la que nos vamos a convertir. Y para eso la imaginación es importante, el arte es importante, los vínculos genuinos son importantes.

La magia y la nostalgia no se han perdido. Tampoco el humor y eso lúdico que hacen que incluso una entrega menor resulte entretenida. Cuenta con una canción original de Taylor Swift y dos escenas post-créditos; para quedarse pegados a la pantalla hasta el final.

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