«Disclosure Day» (El día de la revelación): No estamos solos

El legendario Steven Spielberg regresa a la ciencia ficción y a una de sus obsesiones: la idea de vida extraterrestre. El director de E.T., Encuentros cercanos del tercer tipo y La guerra de los mundos, dirige una historia original suya pero con guion de David Koepp (quien también había escrito la adaptación de George Wells) que gira en torno a un encubrimiento por parte de una corporación por fuera del gobierno. Un proyecto que lleva décadas escondiendo un conocimiento que podría ser más grande de lo que pensamos y podría cuestionarnos toda la existencia humana. El tema está en cómo se utiliza y se va a utilizar tremendo conocimiento y poder.
El día de la revelación nos presenta a sus dos protagonistas destinados a encontrarse. Uno es Daniel Kellner (interpretado por Josh O’Connor, cuya carrera no para de crecer), que escapa de una organización para la que trabajaba; tras huir con material que no solo daría a conocer información preciada guardada durante décadas sino también denunciar el abuso que unos pocos han hecho de ella, también debe proteger a su novia, Jane (Eve Hewson), una joven que fue monja y hoy se cuestiona su propia fe. Por el otro lado está Margaret (Emily Blunt), una presentadora del clima en un canal local, en pareja con un músico (Wyatt Russell), inquieta y a veces indecisa sobre a dónde quiere ir con su vida. Pero una mañana de apariencia normal se despierta en ella una especie de poder que le permite leer las mentes de las personas a las que mira a los ojos.
El villano es la cabeza de la corporación, Noah Scanlon (Colin Firth), quien ha aprendido a utilizar la tecnología descubierta para meterse en las mentes de las personas y luchará para que la información que se recopiló no salga a la luz. Pero otro ex empleado, Hugo Wakefield (Colman Domingo) también se pondrá del lado de Kellner y siempre que habla por teléfono con él se lo ve en una especie de set en construcción: un plan se está llevando a cabo de manera meticulosa.

La primera parte de la ambiciosa película apuesta al thriller, la intriga, pronto a la acción, la aventura. Hay mucha persecución y escape (un escape menos dulce que el que anticipa la canción de Gwen Stefani que Margaret escucha y canta con entusiasmo camino a su trabajo ese día que sería distinto a todos) y la línea de la vida alienígena parece más bien una excusa. Y sin embargo empiezan a flotar cuestiones como la religión y la fe, las conspiraciones, la posibilidad de una nueva guerra mundial, la explotación que hace el hombre de lo que considera solo un recurso, y por su contraparte, la capacidad de sentir empatía. En este último sentido es que está el corazón de la película (Y AQUÍ VIENE UN PEQUEÑO SPOILER AL QUE NECESITO LLEGAR, PERDON): los personajes no sienten miedo ni tampoco satisfacción cuando ven las imágenes de estos seres que vienen del exterior, sino que sienten tristeza y lástima por el trato que están teniendo en manos de unos pocos monstruos. (FIN SPOILER). ¿Acaso no es eso lo que nos hace humanos? ¿Qué va a pasar cuando perdamos eso? ¿Qué nos va a quedar?
La banda sonora del también legendario John Williams nunca falla y es una colaboración que siempre se agradece y sabe acompañar la tensión y la emoción. El guion de Koepp funciona en su entramado con los diferentes personajes y sus historias y mantiene el interés a través de las constantes peripecias que van atravesando pero no siempre logra esconder los hilos con los que se teje. Y el director, aunque a sus más de setenta años sigue demostrando su oficio tras las cámaras, a veces parece más inspirado en los momentos de acción y aventura que en lo que tiene que ver con lo existencial o trascendental, o aquellos en los que los personajes se detienen, piensan, sienten, se emocionan, como si no les diera el tiempo suficiente de desarrollarse, de profundizar en ellos.

En cuanto a su concepción de la vida extraterrestre, la mirada es bastante clásica, incluso en la caracterización de estos seres del exterior. Por eso quizás es fácil pensar en un montón de otras películas a las que por momentos parece referenciar. Y es que a la larga no es «la» revelación a la que alude el título lo que importa, sino el modo en que se reacciona ante ella.
Que sea una obra menor de uno de los maestros no la desmerece, al contrario. Aunque en sus formas luzca muy convencional todavía tiene algo nuevo que contar, que expresar. Spielberg parece preguntarse constantemente qué hay más allá de lo que se puede ver, confía en que la posibilidad de que estemos solos en un universo tan vasto es remota. Pero lo que le interesa realmente es la humanidad, la manera en que los humanos se comportan y reaccionan ante desafíos, descubrimientos, lo inesperado. Cuando la película baja un poco el ritmo y abandona tanto vértigo persecutorio, se detiene y abre preguntas, allí es cuando florece.
La capacidad de creer y de sentir empatía, que no se pierda eso, nos recuerda el maestro Steven Spielberg.
