“The good lie” (Una buena mentira): Carrie y huerfanitos

Otra vez el síndrome del director extranjero captado por Hollywood, ya sean consagrados que van en busca de un nuevo horizonte, o nóveles que se ven tentados por la meca. Con algunos títulos en su haber, Philippe Falardeau había sorprendido con Profesor Lazhar, film pequeño de emociones a flor de piel que eludía la narración sentimental para narrar la reacción de un alumnado frente al suicidio de una maestra.
Falardeau ahora es convocado para realizar un vehículo para posicionar a la estrella Reese Whiterspoon (que viene algo falta de pantalla luego de abandonar su rol de america’s sweetheart) como actriz de fuste en el drama. El resultado, como suele suceder, es un envase edulcorado de contenido cuanto menos cuestionable.
Basada en una historia real, por supuesto, para enfatizar aún más la situación, en un principio, a través de un flashback, nos situamos en Sudán, África, años ’80, situación de Guerra Civil, cinco hermanos, niños, huyen de ese marco y tratando de llegar a Etiopía (que también está tomado), terminan en un campo de refugiados en Kenia; en el camino, uno de ellos se sacrificará por el resto. Pero a estos hermanos que quedaron huérfanos en Sudán y perdieron a su hermano mayor, les espera un rayo de luz cuando aparezca quién sino EE.UU. y su misión humanitaria que les permitirá viajar hacia ese país para arrancar de nuevo.

Una vez llegados a Norteamérica, las noticias no empezarán gratas, ya que la hermana mujer deberá separase de los tres restantes… pero aún hay esperanzas, porque ya están en el país en el que cualquier sueño es posible. De ahí en más todo es cuesta arriba, los muchachos conocen a Carrie (Reese Whiterspoon en un rol menor en escenas pero fundamental para el dramatismo) una asistente social que los ayudará, en todo.
Que quede claro que en el film hay dos tonos diferentes bien marcados, todo lo relacionado a África (si bien el deseo es regresar allí) será de tinte golpe bajo y tremendista, no sólo deben afrontar la maldad del hombre y su tiranía, sino todo tipo de contratiempos de la naturaleza en su trayecto.
Por el contrario, el arribo al país americano si bien se dispondrá a marcar las diferencias y a mostrar que no todo es color de rosas, el tono es mucho más amable y jocoso… y no nos olvidemos que aunque todo está mal, siempre está Carrie que si bien comienza siendo un desastre termina siendo lo mejor que les pasó a estos chicos.

Las críticas esbozadas pasan siempre por el estilo de vida más espiritual y más “comercial”, pero jamas veremos un cuestionamiento político, ni menos un esbozo de idea crítica hacia un país que financió algunas de las dictaduras similares a las que escaparon los hermanos.»Una buena mentira» es de ese tipo de films que ponen la bajada de línea directa antes que la calidad del film en sí.
No elude ni intenta eludir todo tipo de bajezas, sensiblerías, ni lugares comunes del discurso. En un momento en el que la ciudadanía estadounidense se debate entre lo que paree ser nuevos crímenes de odio hacia la raza de color, films como estos suenan más lejanos que nunca. Hay millones de films similares pero para tomar cercanos en el tiempo, «Una buena mentira» se encuentra más cerca del ser condescendiente de «The Blind Side» que la asimilaba a un film “de mascotas” que a la jocosidad de «Millon Dollar Arms».
Falardeau filma en piloto automático y los cuatro jóvenes africanos tienen el suficiente carisma como para compadecernos de ellos y alegrarnos una vez que la raza blanca se cruza frente a ellos. Una buena mentira es un título acertado para un film que huele a manual de doctrina.
