“Zanahoria”: El Informante

En la tradición de grandes films que mezclaron las investigaciones periodísticas con tramas políticas turbias, «Zanahoria» es el segundo film de Enrique Buchichio, y representa un giro total respecto de su anterior film «El cuarto de Leo».
Esta co-producción uruguaya/argentino algunos podrán interpretarla como un film a destiempo, con un clasicismo en su argumento que nos hace recordar ciertos films que marcaron época en los ’70 y que desembarcó como un género propio en Argentina allá en los comienzos de la democracia y fines del Proceso Militar. Precisamente ese período es el que busca dejar al descubierto este inteligente film.

La acción transcurre en Uruguay, 2004, en los días previos a la asunción de Tabaré Vázquez como el primer presidente electo perteneciente al partido socialista Frente Amplio, y no es un dato aleatorio. Sus protagonistas son dos periodistas pertenecientes a un periódico de izquierda, el veterano Alfredo García (Abel Tripaldi) y el joven Jorge Lauro (Martín Rodriguez); ambos reciben una información candente perteneciente a un ex agente del servicio de inteligencia (César Troncoso, la cara más reconocible del film), o así parece ser.
Este informante les pasará los datos de distintos desaparecidos que fueron enterrados bajo tierra, en forma vertical, como zanahorias (de ahí el nombre de la operación y del film) y ocultados en campos sembrados con árboles. García y Lauro quedarán shockeados ante tamaña información, se avocarán exclusivamente a esta investigación, pero nada es tan claro como parece, y el informante es menos claro y preciso de lo esperado.

Buchichio, que también oficia como guionista, se inclina por una narración tradicional para guiar al espectador por todo el entramado. «Zanahoria» podrá ser disfrutada por aquellos que saben los pormenores de la historia uruguaya (que en definitiva es muy similar a la nuestra) como por aquel que, ocasionalmente, desconozca todo hecho.
Su historia, basada fielmente en un hecho real, se sigue con interés y envuelve como un buen thriller. En esto, el aporte de los tres protagonistas (y que ninguno sea una cara demasiado famosa) es fundamental cada uno en su rol e impronta. «Zanahoria» puede ser visto como cine declamatorio, como una película que no deja lugar a las medias tintas y toma postura, pero a su favor tiene el hecho de ser un producto que no engaña, que no teme a contar las cosas como las cree.
¿Será verdad lo que cuenta el informante? ¿Qué es lo que se esconde detrás? ¿Por qué justo en ese momento? ¿Qué rol jugó la política en la vuelta democrática de mediados de los ’80? ¿Qué rol juega ahora? Todos estos serán los interrogantes que sobrevuelan este film jugado, clásico, y hoy en día, diferente a la media.
