«Soy Ella»: Ser fiel a lo que soy

No matter gay, straight or bi
Lesbian, transgendered life
I’m on the right track, baby
I was born to survive
¿Pero quién es «La Kalo»? Milena tiene 33 años, nacida en Morón y criada en General Rodríguez. En su DNI, tramitado durante el gobierno anterior, figura como Milena Kalo. Como drag queen es La Kalo, una criatura hermosa y monstruosa con plataformas, cuernos, pelucas y los ojos tatuados. Como trabajadora sexual fue Vanesa. ¿Quién soy cuando no estoy montada?, se pregunta ella misma.
En Soy ella, su ópera prima, Cecilia Pinotti construye un documental desde la cercanía y la naturalidad. La cámara acompaña a La Kalo durante varios años y, en ese tiempo compartido, aparecen distintas problemáticas, sociales, políticas, familiares, laborales, que terminan confluyendo en una pregunta central: la identidad. Qué somos, quiénes somos y cuánto de eso que creemos ser está en permanente transformación.
La historia de La Kalo es también la de muchas otras mujeres trans: escapar de un destino que muchas veces otros se empeñan en definir por ellas, como el de la prostitución, y buscar trabajos donde el rechazo y la precarización siguen siendo moneda corriente. Pero Soy ella no se queda en esa dimensión social. Lo político se mezcla con lo íntimo: la salud mental, la dificultad de mirarse al espejo y gustarse, una relación problemática con la madre, una familia profundamente religiosa y el cúmulo de emociones que atraviesa una transición.
En ese recorrido aparece el drag como una forma de expresión y de arte. El escenario como territorio de libertad, como un lugar donde puede construirse otra versión de sí misma, una que quizás encuentra allí un espacio que no siempre existe fuera de él. El cuerpo como una herramienta de creación.

Filmada a lo largo de varios años, la película le permite a su protagonista ser, cambiar y crecer frente a la cámara. Pinotti no parece interesada en fijar a La Kalo en una identidad definitiva, sino en registrar sus movimientos, sus contradicciones y esas múltiples versiones que conviven dentro de una misma persona. La cámara observa tanto sus momentos de drag, aquellos donde el arte aparece también como una forma de canalizar el dolor, como las situaciones más sencillas de la cotidianeidad: una juntada, una conversación, un almuerzo. Ese tiempo compartido es, quizás, una de las mayores virtudes de la película. La directora deja que los procesos aparezcan sin forzarlos, que la historia se construya a partir de gestos, vínculos, silencios e incertidumbres.
Y, sin esconderlo ni subrayarlo, permanece algo más profundo: la tristeza. La inevitable tristeza de quien tiene que pelear constantemente para vivir y, sobre todo, para encontrar razones y ganas de seguir viviendo en un mundo que nunca deja de ser hostil.
Pinotti y su cámara y mirada íntima prefiere acompañar a la Kalo en esa búsqueda permanente y que nos sigamos preguntando quiénes somos cuando nadie nos está mirando, es decir cuando dejamos de interpretar aquello que los demás esperan de nosotros.
La película se podrá ver sábado 26 y domingo 27 de septiembre a las 20.30hs, en el Cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635, CABA.
