«La fragilidad de las casas»: El deseo de ser querida

La actriz Victoria Almeida escribe y dirige una obra que reescribe en clave contemporánea el mito de Casandra. Protagonizada por Guadalupe Docampo, junto a Facundo Mejías, Julián Rodríguez Rona e Irene Vivanco, la pieza construye un universo tan caótico como sensible alrededor de una mujer que busca, sobre todo, sentirse querida.
Casandra es una mujer común que cuenta y se cuenta su historia atravesada por las casas en que vivió y que está obsesionada con su nombre y el mito que representa. Cada espacio se convierte en testigo, y a veces también en protagonista, de vínculos fallidos: primero los familiares, más tarde los amorosos. Son esos errores, precisamente, los que van moldeando a la persona que llega a ser. Si bien se trata de una historia de autodescubrimiento, hay algo que ella siempre tiene muy claro de sí misma: tiene muchas ganas de ser querida. Por eso no sorprende que, en el camino, caiga en relaciones problemáticas o incluso peligrosas. Su deseo de encontrar un lugar donde sentirse amada la vuelve vulnerable, pero también profundamente reconocible.
La obra está contada de manera lúdica, con este personaje que construye su historia como una directora de teatro de su propia vida. Y funciona como un collage, porque le permite a sus intérpretes desplegar diferentes talentos: hay música en vivo, hay acrobacias, hay proyecciones de filmaciones en vivo. Esta amalgama transmite muy bien el caos que es emocionalmente su protagonista.
Un acierto de su dramaturga y elenco es el tono encontrado: si bien se trata de una historia conmovedora y profunda, el humor permite que incluso en los momentos más dramáticos no se acerque a nada parecido a un golpe bajo o la solemnidad. El ritmo es vertiginoso (se trata de una obra que dura apenas más de una hora y cuenta toda una vida) y sin embargo no se siente superficial, al contrario, conmueve y da espacio a la reflexión. La frágil y encantadora Casandra genera empatía de una manera muy natural. Es difícil imaginar que alguien vea esta obra y no piense en su propia vida y experiencias. A la larga todos queremos sentirnos amados, encontrar esa persona que nos haga sentir como en casa.
Una propuesta del teatro independiente distinta, fresca, honesta y muy bien lograda en ese cruc de recursos escénicos y disciplinas que además permite lucir la versatilidad de los actores.

La fragilidad de las casas cierra su segunda temporada en Teatro Armenia el próximo sábado 3 de octubre.
