«Islandia»: Los rostros que encontramos en el camino

Leandro Cerro es un joven muchacho cuando se le muere su padre. Le cae una suma de dinero por un juicio que no llegó a cobrar y le queda para él y su hermana y con eso saca un paisaje a Islandia. Quizás porque la primera idea que siempre surge cuando todo alrededor luce mal es irse y la idea de que sea el fin del mundo resulta muy poética. ¿Pero, en serio, por qué Islandia? Un país caro, frío, aislado, de pocas horas de luz y por lo tanto alta tasa de depresión. La música, la escena musical, un documental musical, se dice él, le sirve como excusa o como puntapié inicial.
Desde mayo del 2015 a lo largo de casi siete meses, Cerro viaja a través de Islandia, acampa, hace dedo, voluntariados, recorre festivales de música, granjas orgánicas. Y conoce gente, un mundo de rostros que va registrando con su camarita.
¿De qué va Islandia? Es un diario de viaje, es un diario personal, íntimo, es un registro de un duelo y también de encuentros, de festivales. De tratar de entender la música de Björk o de perseguir a los enigmáticos y herméticos Sigur Rós. De hacerse amigos y enamorarse. Un diario entre montañas y el silencio que en realidad no existe, porque como dicen en algún momento: todo lo que está vivo emite sonido; si no hay sonido es muerte.
«La cámara me ayuda a interactuar con desconocidos», reconoce. Su inglés -idioma casi universal- es algo pobre pero eso no le impide conocer y hablar con toda una galería de personajes variados. Rostros e historias que provienen de diferentes puntos del mundo. Y sin embargo entre ellos siempre hay algo que sobrevuela, un fantasma que carga él y una sombra que en realidad cargamos todos: la del padre.
Catártico pero también lleno de perlas: los paisajes impresionantes, ni hablar cuando llega a esa aurora boreal y esos cielos verdes y brillantes. Además nos regala un poco de esos festivales nórdicos, de las comunidades espontáneas que se generan y de la importancia que tiene la música en ese país y para afuera. Como todo diario, hay citas, en este caso a Verne, John Cage y Borges. Una especie de collage calculado, con una narración fluida y cautivante.
Para ser una película que empieza con la muerte y que tiene como escenario a un lugar tan frío e inhóspito, Islandia respira vida. Transmite esas sensaciones de tristeza pero también esas ganas de viajar y de amar. Me vuelvo a preguntar: de qué se trata la película. Capaz de encontrarla. De encontrarse. Para eso nos movemos y nos dejamos llevar y nos perdemos. Porque de la quietud no sale nada.
Se estrena el viernes 11 de septiembre a las 19 en el Cine Cacodelphia.
