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«Welcome to New York»: el oscuro rostro del poder

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Abel Ferrara es un hábil manipulador y también un efectivo guionista que a lo largo de su carrera supo concebir y forjar un prestigio trabajando, casi siempre, con el mismo tema: el poder sobre el otro. Y si en sus primeros filmes esto se daba principalmente en una otredad dócil a la que un cuerpo mayor sometía, hay una segunda etapa de su carrera, mucho más concreta y específica, en la que el tema se expande y suma los cuerpos como lugar para expresar.

En “Welcome to New York” (USA, FRANCIA, 2014) su versión del caso Dominique Strauss-Kahn, se apropia de Gerard Depardieu y lo revoluciona, exponiéndolo en su totalidad y él entregándose desde el primer plano del filme. La historia conocida del caso de acoso por parte del funcionario es tan sólo el puntapié para el director, porque en esta oportunidad, que se detiene en un viaje relámpago de Strauss-Kahn hacia la ciudad más cosmopolita del mundo, le permite reflexionar sobre la corrupción y la compra y venta de cuerpos al mejor postor.

Strauss-Kahn en la previa de cada reunión en la que tiene definir algún tema importante se rodea de excesos para poder así sentir su inmenso poder. Porque en el fondo éste es un ser solitario, con una hija a la que ve sólo esporádicamente y una mujer (Jacqueline Bisset) que intenta mantenerse estoica ante cada desastrosa noticia que le llega del marido.

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Cuando se comprueba el acoso a una mucama de un hotel Strauss-Kahn habla de su imposibilidad de frenar el deseo “soy un enfermo del sexo” declama, y allí Ferrara comienza con otra historia, una de un cuerpo degradado que deberá ser recluido para evitar así cometer alguna otra fechoría.

Pero claro está que esto no le durará mucho, porque este gigantesco psicópata sexual intentará de alguna manera evadir la solución que su mujer por 60 mil dólares al mes consiguió, el mantenerlo en un lugar bello y rodeado de obras de arte para así, al menos, dejar de exponerlo y exponerse.

Depardieu en el inicio del filme, en el que se muestra el soporte fílmico, asegura su rechazo directo y reprobación hacia Strauss-Kahn, y desde ese lugar es que logra componer un personaje que bordea todo el tiempo el límite. Como un gigantesco Pantagruel devora, bebe, ama, se saca las ganas con cuanta mujer su séquito de inútiles le pone frente a él y también con aquellas que no, como la mucama.

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En comparación con su última película, “Pasolini”, en la que no se termina por jugar y juzgar, en “Welcome to New York” tacha a Strauss-Kahn, y lo juzga y lo reprime durante toda la película, porque aquí el poder se lo expresa en términos de metas cortas y que sólo sirven para un propósito, sacarse las ganas de hacer cualquier cosa sin importar cómo esto afecta al otro.

Soberbia actuación de Depardieu en un papel que podría haberlo absorbido por completo, pero que desde el primer momento declara, este tipo no me gusta y por eso lo voy a hacer lo más asqueroso que pueda.

Una propuesta interesante, con algunas escenas que pueden incomodar, pero que son necesarias para hablar de una clase que sigue pensando que la política es el único camino hacia la exploración personal en detrimento de los demás. Intensa.

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