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“Horrible Bosses 2” (Quiero Matar a mi jefe 2): Gajes del American Dream

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Suele suceder cuando se cambia drásticamente un título del original, en este caso, al castellano. Cuando se hace una secuela, corremos el riesgo de que ese título impuesto, quede fuera de lugar. Eso es lo que sucede en Quiero Matar a mi jefe 2, en el que ya no hay el deseo de matar a un jefe, ni siquiera la palabra Bosses del original, se refiere al jefe empleador como en la primera, sino a un sentido más ligado a liderazgo.

En sí, en esta oportunidad, veremos un secuestro, y las migajas del sueño americano. Vuelven Nick, Kurt y Dale (Jason Bateman, Jason Sudeikis, y Charlie Day), aquellos compañeros de tragos que en la primera entrega desesperados por las abusivas actitudes de sus abusivos jefes, recurrían a un manajer/sicario que les explicaba la mejor manera de deshacerse de ellos, para siempre.

Esta vez el trío, lógicamente despedidos de sus puestos laborales, intentan crear lo que acá llamaríamos una pyme, crean un “asistente de baño” al que llama Shower Buddy y con él intentan abrirse lugar al gran mercado. Pero nada es fácil, y ellos son muy torpes. Por lo cual caen en manos de una megacorporación que quiere comprar el Shower Buddy, o aparentemente comprar su distribución.

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Así conocen en primer término a Rex Hanson (Chris Pine probando suerte otra vez en la comedia) típico nene mimado y caprichoso, coleccionador de memoravillias varias sin sentido, joven insensible. Y también conocen a Bert Hanson (Christoph Waltz), padre de Rex y verdadero dueño de la empresa, que mediante una treta pretende quedarse con la patente del Shower Buddy por migajas, y está a punto de lograrlo. Nick, Kurt y dale entrarán ortra vez en la desesperación, y volverá a entrar en ese escena ese sicario de poca monta inteprtado por Jamie Foxx.

Pero también se verán envueltos en un autisecuestro de Rex para chantajear a Bert. Para que quede claro, no hablamos de un argumento que destaque su originalidad. La primera sensación que deja esta «Quiero Matar a mi jefe 2» es la de algo forzado. Su argumento se las ingenia para poner al trio nuevamente en acción, y de ese trámite sale airoso, pero también tiene la necesidad de incorporar a quienes fueron el verdadero atractivo del primer film, los jefes.

Así, harán sus apariciones la odontóloga sexópata Julia (Jennifer Aniston en lejos su mejor papel desde Rachel en Friends), el psicópata Dave (Kevin Spacey, en casi un cameo), y el ya nombrado Jamie Foxx… a Colin Farrell no lo pueden traer porque ya hablaríamos de un film sobrenatural, igual no se privan de mencionarlo.

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Es esta segunda prueba la que más forzada se nota, Julia (que sigue siendo un punto fuerte del film) y Dave no se introducen con naturalidad y casi que se ven como una pausa en la trama general del film.

La gracia tampoco es tan efectiva como en el primer film, entre algunos chistes repetidos y en el énfasis en las personalidades de Kurt y Dale que ya rozan ser tan tontos como los protagonistas de Dumb & Dumber (no es casual que compartan guionista con la secuela), quien sale mejor parado, por bastantes cabezas es Jason Bateman, actor que todavía espera su gran protagónico en solitario.

«Quiero Matar a mi jefe 2» de Sean Anders (Sex Drive) es una comedia menor, que evita profundizar en la dificultad del sueño americano, pero aún sigue entreteniendo. Si no se aguardan grandes expectativas, no saldrán defraudados.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Cuando la secuela de una comedia logra superar a su predecesora el efecto sorpresa en la pantalla es más que placentero. Al menos es lo que me pasó con “Quiero matar a mi jefe 2”(USA, 2014), de Sean Anders, una entretenida comedia que retoma a los tres amigos (Jason Bateman, Charlie Day y Jason Sudeikis) que cansados de lidiar con sus “horribles jefes” intentarán probar suerte con un microemprendimiento.

El “shower buddy” o amigo de la ducha es un símil auto lavado que posibilita que en un simple paso la higiene pase a ser algo que no quita más tiempo que el que se necesita para recordar cuánto es dos más dos. Al presentarlo en la tv nacional, en un programa que parodia a aquellos matutinos en los que sus presentadores están bien arriba y quieren demostrar lo cool que son sin tener miedo del ridículo o lo cursi, reciben una propuesta para vender el productor por catálogo.

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Pero en el medio, los empresarios que les solicitan la ducha para vender en cantidad (Crhis Pine y Christoph Waltz) son aún peores que sus anteriores jefes, por lo que deberán acudir a uno de ellos (Kevin Spacey) quien desde la cárcel intentará ordenarlos y guiarlos para poder cumplir su objetivo sin fraudes y engaños en el medio. En

“Quiero matar…” además hay un ideal reflejado en su desesperado intento por conseguir movilidad social de los protagonistas y que expone además una realidad que pocas veces se ve en el cine comercial norteamericano, la de hombres mayores de 40 y que la pelean diariamente para sacar sus familias adelante. Pero ojo, a no equivocarse, que esta lectura es sólo una arista de un filme que por momentos cual episodio de Los tres chiflados no da tregua y posiciona al slapstick como manera de vincularlos unos con otros.

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A la trama además se sumará en determinado momento Julia (Jennifer Aniston) en su papel de la ninfomaníaca dentista que desea que Dale (Day) si o sí de una vez por todas la tome en posesión. Deberán organizar un plan para evitar perder el dinero que invirtieron en el producto y para esto Anders recurre a una extensa escena circular en la que todo lo imaginado se acelera o se ralentiza y obviamente, luego, en la realidad nada sucederá como lo pensaron.

“Quiero…” pose momentos de gloria cómica, principalmente basada en las interpretaciones de los actores que logran dotar de una entidad a cada uno de los personajes envidiable. La división de estos en el tonto, el concentrado, el mujeriego empedernido, además, le permite a la película jugar con ellos y armar combinaciones impensadas que no sólo dinamizan el relato, sino que, principalmente, genera un sinfín de situaciones desopilantes que son reforzadas con una estridente BSO. Mención aparte las participaciones de Spacey y Jamie Foxx como un consejero del delito. Efectiva y entretenida.

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