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«Pawn Sacrifice» (La jugada maestra): hombre en jaque

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Desde pequeño Bobby Fischer tuvo en claro qué quería ser de grande, o al menos supo hacia dónde dirigir sus energías con el objetivo de poder, de alguna manera, cambiar la realidad opresiva en la que se encontraba.

Fue desde pequeño que, también, tuvo que asegurarse una continuidad en la práctica del ajedrez, en donde comenzó gracias a que su madre lo llevó a un entrenador, por sí mismo, porque muchos no confiaban en el futuro que le depararía.

“La jugada maestra” (USA, 2015) de Edward Zwick, un realizador especializado en películas de acción que impregnó de dinamismo a este clásico biopic para evitar caer en algunos lugares comunes en los que ya han caído las diversas producciones que tomaron la figura del prestigioso ajedrecista como punto de partida para analizar un momento específico de la realidad política y social de Estados Unidos.

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Como Bobby Fischer estará Tobey Maguire, un actor conocido por roles en películas comerciales y que busca con su lograda interpretación, demostrar que lo suyo también puede ser la composición introspectiva de un personaje.

Maguire se muestra pausado en una primera instancia del filme, aquella que recorre desde la infancia a la adultez de Fischer, ese período en el que a toda costa intentó lograr convertirse en el campeón mundial de ajedrez más joven del mundo.

El tiempo iba pasando, los campeonatos también, y en una segunda instancia Maguire impregna a su Fischer de una urgencia y celeridad acorde a la teoría conspirativa en la que el real personaje se veía inmerso y que terminaron en extensos tratamientos con medicamentos para poder superar sus problemas.

Zwick va y viene en el tiempo del relato, como para también configurar el contexto ideal y el más propicio para que su historia, la de la épica del héroe, también termine por entrelazarse con una impronta política que terminó por empañar cada logro que en el ajedrez se conseguía.

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Desde pequeño se obsesionó con los jugadores rusos, quienes pudieron armar una estructura que terminaba por repeler a cualquier participante de los tradicionales esquemas de competencia internacional.

“La jugada maestra” habla de esto y de la lucha de Fischer por ser, de alguna manera, similar a los demás, aún sabiendo que esto será imposible por su espíritu avasallante y sus deseos de triunfar a toda costa.

Un elenco secundario de lujo (Liev Schreiber, Peter Sarsgaard, Michael Stuhlbarg, Lily Rabe) y una cuidada reconstrucción de época, que se apoya en material de archivo y en la simulación de éste, hacen que la historia sea llevadera y que también la atención vaya más allá de Maguire y su atribulada interpretación que hace hincapié en la locura de un genio incomprendido que terminó sus días creyendo que sus peores pesadillas se harían realidad.

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