“Preguntas a un obrero que lee”: La clase obrera va al Paraíso

Bajo el título de uno de los poemas más recordados del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, Preguntas a un obrero que lee se configura como un trabajo documental que se destaca por la pasión que muestra más allá de las imágenes.
El documentalista Hugo Colombini emprende una difícil tarea, de esas que se saben perdidas de antemano pero igual valen lucharlas, ganarle al paso del tiempo.
Una voz en off abre la escena, se relata el mentado poema en alemán, con las famosas imágenes de los Lumiere y los obreros abandonando la fábrica. Como una luz al final del camino, hay unas ventanas que se abren y es el propio director quien toma el control de situación. El recuerdo de algunas fotos y recortes traen la memoria de un personaje, Gregorio Flores; suerte de protagonista o puntapié de la historia a rememorar.

Nos remontamos a fines de los ’60, el Cordobazo había dejado su huella, los obreros de la automotriz Fiat deciden ir a la lucha, destronan a los inactivos sindicalistas, y se empoderan como un sindicato clasista que intentó revelarse contra la dictadura militar de esos años.
Colombini recuerda haber conocido a Flores allá por los años ’90, mediante una entrevista y el contacto de compañeros desaparecidos. Pero para reconstruir esta historia es inevitable rencontrarlo.
En ese viaje, buscando a Flores y redescubriendo la historia, Colombini indaga sobre el conocimiento actual de aquellos sucesos, y por lo visto, abunda la desesperanza. El encuentro se concreta, y juntos emprenden un nuevo viaje para ubicar a algunos de sus compañeros y reconstruir el pasado mediante anécdotas y el material de archivo prestado y localizado en un canal local.
Gregorio Flores fue un delegado obrero de aquellas fábricas cordobesas, y pareciera tener mucho para narrar y explicar; pero el tiempo apremia, la salud se va deteriorando frente a la pantalla, y el final es inevitable. El compañero falleció antes de finalizar el rodaje, por lo cual, en determinado momento, la historia frente a la pantalla se resignificará.

Preguntas a un obrero que lee se siente como un trabajo pasional. Quizás a esta altura, y en la acumulación de este tipo de documentales, haya perdido algo de novedad. Pero Colombini elige correctamente dejar el foco en lo personal, partir de una figura para abrir el espectro; y ese detalle, aunque ya haya sido probado en varias ocasiones, no deja de otorgarle cierta singularidad.
Hay una historia que se va hilvanando, y se expone el presente frente al pasado. Los relatos se aúnan junto al variado archivo (que implica una búsqueda y una reconstrucción aparte) y conforman una narración valiosa.
Ya se ha dicho, los desgraciados procesos militares y sus nefastas consecuencias pueden ser abordados desde variadísimas aristas, la de la lucha obrera es una más de ellas; que como el resto, merece ser rememorada, valorada, y recodificada, para mantener el ejercicio mental activo, más allá de la ida de las personas físicas. No volver a caer en aquellas épocas oscuras está en nuestros actos presentes, y es ahí, donde documentales como el de Hugo Colombini adquieren su mayor validez, la de mirar al pasado para enterarnos del presente.
