«Krampus»: nunca pierdas tu espíritu navideño

Pocas veces me pongo «local» para analizar un film, pero luego de terminar la proyección de «Krampus» salí muy pensativo analizando cuan difícil es conectar emocionalmente a los espectadores del sur de América, con la concepción navideña que tienen en Estados Unidos (y el resto de los países desarrollados). Hay bastantes diferencias culturales y creo que más allá de lo universal que nos parezca semejante, la idiosincracia es bastante distinta. Estas notas cobran cierto peso al analizar la película.
Aquí, (léase «Krampus») el valor de la navidad es más complejo. Es común que en el gran país del Norte, las familias viven lejos y se trasladan de Estado para compartir con sus seres queridos los días previos a la Navidad. Tom (Adam Scott) y Sarah (Toni Colette) son un matrimonio al que las cosas le van bien.
Al menos en lo económico. Max (Emjay Anthony), su hijo, cree en la magia de Santa Claus y le ha escrito una carta con sus pedidos para la esperada noche. Pero claro, como ya dijimos es momento de compartir en familia. Llegan Howard (David Koechner), su mujer (hermana de Sarah) Linda (Allison Tolman) y la resistida tía Dorothy (la sorpresa del film, Conchata Ferrell jugando a su viejo rol en «Two and a half man» – o casi-, la divertida y cínica Berta) y ya la cosa se complica porque traen chicos, bebés y un espíritu de confrontación y envidida, lejos de lo adecuado para las fiestas.

Y encima piensen que la convivencia se extenderá por tres o cuatro días… Decíamos que Max estaba ilusionado, pero luego de enfrentarse con sus primos, por temas que no vienen al caso, decide hacer trizas su pedido a Santa y maldecir el momento que le toca vivir. Ese es el puntapié para que el universo decida darle a él y a su familia completa, una durísima lección: o amás la navidad o Krampus vendrá a hacer pagar tu desafío.
Un espíritu maligno comienza a oscurecer la noche y desata el desastre. De allí en más, habrá que dejar de lado las diferencias familiares y trata de sobrevivir a la lección que este demonio de la natividad trae consigo.
Lo primero que debo decir, es que el mayor defecto de la cinta es jugar a dos puntas. Generar situaciones de tensión, fuertes (con desapariciones físicas) y dolor, y mecharlas con sentido del humor. Pocos se ríen en la sala. Algo no funciona. Y si buscás apreciar su ritmo, de a ratos se pone demasiado moralista con la gente, más de lo soportable para este tipo de casos.

Y está la abuela. Omi (Krista Stadler), una anciana que habla… ¿en alemán? Y parece tomada de esos films de género tan habituales que cada dos semanas se estrenan en Argentina. O sea, una transpolada. Encima para explicar la maldición, se recurre a una animación pobre que sólo aumenta el desconcierto en la trama.
Debo reconocer, si bien es cierto que «Krampus» tenga cierto aire a «Gremlins» y se encuentre lejanamente emparentado con la actual «Goosebumps», ese freno para controlar como asustar a los más pequeños pero sin generar tanta violencia, no debe contarse como acierto para Michael Dougherty (guionista de la saga «X-Men»).
No logra generar ritmo y a la hora de resolución, el guión profundiza sus pocas ideas para cerrar una trama pobre, sólo sostenida por el respetable trabajo de los rubros técnicos, los cuales son lo mejor de «Krampus».
Su resultado es discreto (no conmueve) y está lejos de ser un buena película. Otra vez será.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Podría haber sido el broche de oro para un año excelente en materia de cine de género, pero no «Krampus» (USA, 2015) se queda a medio camino con su propuesta de película que se regodea con la tragedia desatada por un niño que descree de la navidad y cómo esto afectará «mágicamente» a él y su familia.
Max (Emjay Anthony) es un niño que, a pesar de tener muchas cosas de los pequeños de su edad, sigue soñando con poder pasar las fiestas navideñas con los suyos en medio de un clima festivo y lleno de expectativas.
Pero sus anhelos, que solo son comprendidos correctamente por su abuela Omi (Krista Stadler), una anciana que esconde un secreto que luego permitirá resolver algunos puntos de los misteriosos sucesos que se precipitarán, se truncan, al ver cómo todo lo que el quiso para él y los suyos de un momento a otro desaparecen cuando una de sus primas, esas que con las que sólo nos vemos para las fiestas, toma a broma su carta de deseos a Papá Noel.

Enfadado, y cansado que tanto sus padres (Toni Colette, Adam Scott) como su hermana y ahora sus tíos (Allison Tolman, David Koechner) y primos no puedan respetarlo decide hacer pedazos la carta con sus deseos logrando enfadar a Krampus, una extraña figura folclórica alemana capaz de hacer una pesadilla en la tierra con aquellos que pierden su fe en la Navidad.
El segundo filme de Michael Dougherty («Superman regresa») arranca con un sinfín de lugares comunes sobre la navidad, el consumo, los excesos y todo lo que lleva a algunos a determinar que la época de recogimiento y paz termine como una batalla campal, en la que los reproches familiares y las disputas se sirven junto con los alimentos en la mesa a compartir.
En esa primera etapa de la película, y gracias a un guión que potencia las actuaciones de Howard o las intervenciones de Conchata Ferrel (la eterna empleada doméstica de «Two and a half men»), la comedia avanza sobre el cine de género, para luego de que Max descrea de Navidad todo vire hacia el cine fantástico con un énfasis particular puesto en recupera, principalmente desde la imagen, aquellas películas de género que durante los años ochenta del siglo pasado se produjeron en cantidad.

«Krampus» naufraga cuando no sabe para qué lado debe continuar el relato, si privilegiar los efectos especiales para asustar a los espectadores, o realizarles guiños, sobre todo a los más memoriosos, para así hacer que la atmósfera gótica y retro pueda realzar su propuesta.
Y allí está la falla del filme, porque miles de veces asistimos a películas en las que ambos puntos se conjugan sin tener que decidirse sí o sí por un género, al contrario, muchas de las películas clásicas de terror pueden sumar el aporte de la comedia para terminar descontracturando relatos rígidos y estáticos.
«Krampus» posee un estilo visual bien definido, y eso, sumado a las actuaciones principales, y el tono sombrío que prevalece durante toda el metraje, le suman puntos a un producto que no llega nunca a decidirse en qué tono y registro desea narrar e impactar al público.
