“La última fiesta”: Que fantástica, fantástica, esta fiesta

Los mismos que dirigieron la adaptación cinematográfica de “Caídos  del mapa”, Nicolás Silbert y Leandro Mark, ahora apuestan a una comedia con claras influencias del cine norteamericano, si ya desde el título rememora mucho a “Project X” además de infinita cantidad de películas sobre fiestas con alcohol, sexo y drogas.

Alan (Nicolás Vázquez) de chico se siente muy decepcionado al tener sólo dos invitados a la que esperaba que fuese una gran fiesta de cumpleaños (y uno traído por su padre, a quien hasta ese día ni conocía). Cuando toca pedir deseos junto a su amigo de toda la vida, Dante (Alan Sabbagh) y Pedro (Benjamín Amadeo), pide por las fiestas que quiere dar. Cuando el tiempo pasa, convertido en un exitoso vendedor de propiedades, se encuentra utilizando casas cuya disposición sólo tiene por un par de días para dar fiestas enormes llenas de gente que no conoce pero bebe y baila como si se fuera a acabar el mundo. También el paso del tiempo afianzó la relación e incondicionalidad entre estos tres amigos, tres perdedores ante los ojos de los de afuera.

Por eso, lo que motiva a Alan a dar la fiesta que da título a la película, no es sólo el hecho de poder aprovechar una enorme mansión que un extranjero millonario le pide vender. Sino también el hecho de que Dante se separa de su mujer tras sentirse un fracasado por no poder animarse a hacer lo que le gusta, y lo que le gusta es dibujar, no ser el de seguridad en un museo.

Así, la fiesta a la que se hace alusión se sucede en menos de la primera mitad de la película y es una seguidilla de escenas esperables, donde reina el descontrol. El verdadero problema empieza después, cuando Alan descubre que falta una obra presuntamente valiosa, y a partir de ese momento los tres amigos se ven metidos en un lío mayor, con mafia y amenazas de muerte incluidas.

Allí la película comienza a despegarse un poco de las claras influencias a las que hacía referencia previamente, para dar rienda a un guión (escrito a ocho manos por Nicolás Silbert, Lucas Bucci, Tomás Sposato y Agustina Tracey) de idas y vueltas que funciona en su desarrollo sin problemas. Claro que entre tanta peripecia, aparecen constantemente personajes secundarios, y ellos no siempre funcionan con la misma gracia. Quien sí aporta favorablemente al film es la ascendente Eva de Dominici, una femme fatale que encandila inmediatamente a Alan y luego cuya presencia luego será indispensable.

La última fiesta es una película entretenida pero falla principalmente a la hora de brindar un humor que pretende ser osado pero resulta más bien obvio y hasta infantil por momentos. Por suerte, la historia es atractiva y además apuesta a un retrato sobre la incondicional amistad, porque los buenos amigos están en las buenas y en las malas.

Anexo de Crítica por Fernando Sandro

Noche de juerga, descontrol, un par de horas en las que nos dejamos llevar y nos olvidamos del significado de la responsabilidad ¿Quién no ha tenido alguna de estas anécdotas para contar? El trio protagonista de la nueva película de Nicolás Silbert y Leandro Mark, dúo de directores detrás de Caídos del mapa, la tuvo, y pagará las consecuencias.

La última fiesta se inscribe en el terreno de la comedia pura, sin matices, respetando las máximas que imprime el género; y lo primero que salta a la vista, son las muchas similitudes que podemos encontrar con éxitos recientes (y no tanto) del cine de Hollywood.

Desde la trilogía ¿Qué pasó ayer?, Proyecto X, Supercool, hasta Despedida de Solteros; todas se ven como “fuente de inspiración” en el guion que idearon los directores junto a los también debutantes en el rubro Tomás Sposato y AgusinaTracey.

La historia es archiconocida dentro de la comedia de tono zafada estadounidense. Un trío de amigos de (casi) toda la vida, han tomado caminos diferentes cada uno, pero mantienen fuerte su vínculo de amistad; tan fuerte como esa eterna adolescencia en la que viven.

Dante (Alan Sabbagh) se encuentra en una etapa complicada en la relación con su pareja (Paula Carruega) de la que, parece, acaba de separarse por su negación al compromiso más mínimo. Su amigo Alan (Nicolás Vázquez), suerte de playboy, corredor inmobiliario, tiene a su disposición una lujosa mansión que debe cuidar para las presentaciones de ventas; y no tiene mejor idea que organizarle una fiesta a Dante para levantarle el ánimo a modo de “regreso a la soltería”. Nos queda Pedro (Benjamín Amadeo) que… bueno, ya hablaremos después de él.

En plena fiesta prima el descontrol, y Alan queda prendido de una sensual mujer (Eva de Dominici, que este año apuntó con todo al cine) con la cual, en medio de un juego sexual, terminará regalándole una extrañamente valiosa pintura perteneciente a la mansión.

Por supuesto, al día siguiente, cuando nadie recuerde nada de lo sucedido, deberán volver sobre sus pasos para hallar a esta enigmática chica, de la que no saben ni su nombre, inmiscuyéndose en más de un problema con algo así como el bajo mundo.

Todas las comedias nombradas arriba mantienen ese esquema de un inconveniente en medio del descontrol, y el momento siguiente para tratar de enmendarlo metiéndose en más problemas ¿Es ese el problema de La Última Fiesta, parecerse demasiado a otras? En realidad, no. Su, si se quiere, falta de originalidad, termina siendo un asunto menor en comparación a otros puntos del resultado.

Llama la atención que los directores de un producto tan simpático y cándido como Caídos del mapa; sean los responsables de esta comedia de tono tan disímil con aquella. Bueno, lo primero que hay que advertir, es que el guion en aquella pertenecía a la propia autora de los libros María Inés Falconi. De todos modos, el tono presumidamente zarpado de esta nueva película tampoco es un inconveniente.

La última fiesta presenta problemas que escapan a su copia de modelo extranjero (con una conllevada irrealidad sobre mucho de lo que expone) o a su tono exageradamente vulgar. Desde la primera escena previa advertimos dificultades en la presentación y delineación de personajes. No solamente cada uno representa un cliché específico, sino que ni siquiera dentro de ese lugar común logran expandirse. El ejemplo más claro es Pedro, un personaje del que prácticamente no sabremos nada, que no cumple ninguna función específica más que la de ser un ¿outsider? ¿extravagante? Sin historia propia ni fuerte injerencia, salvo algún detalle muy anticipado, dentro del contexto general. Pedro es un comic relief dentro de una comedia con todos personajes “graciosos”, punto.

Del trio protagónico quien más se destaca, por puro oficio es Sabbagh. Los roles secundarios suelen ser un buen apoyo en las comedias, pero aquí es llamativo como podemos encontrarnos a actores de la talla de Roberto Carnaghi, Graciela Pal, Cesar Bordón, Fabián Arenillas, o Atilio Pozzobón todos fuera de registro, incómodos con sus increíbles diálogos, desaprovechados. La comedia intenta apoyarse en la intervención de “caras conocidas” como las de Sebastián Presta o actores de los micros Cualca; en fin.

La historia presenta baches, situaciones que tendremos que hacer un gran esfuerzo para aceptar dentro del verosímil aún de una comedia disparatada, y gags que no funcionan o que se repiten o alargan tanto que dejan de funcionar más rápido de lo que los responsables advierten.

Tampoco conviene adentrarse de los mensajes machistas, homofóbicos, y su poca sensibilidad para relacionarse con su público.

La última fiesta intenta ser un hermano, menor, de comedias hollywoodenses que, por una razón u otra, quedaron en el imaginario del modelo a seguir. Pero lo hace con tan poca mano, y recurriendo a lugares tan irritantes, que solo termina consiguiendo un resultado a todas luces fallido.

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