«El invierno»: la soledad del fin del mundo

Tenía muchísima expectativa por ver esta película. Ya el recorrido del guion por muchas competiciones y laboratorios había tenido sus propios aplausos a los que se le sumaron los reconocimientos en los festivales una vez que se proyectaba. Y quiero decirles que, en la opinión de esta cronista, se merecía cada uno de ellos.
La película es contundente: una imagen poderosa, unos planos abiertos dejando ver la inmensidad de la llanura, el viento que se escucha constantemente y personajes que tienen leves momentos de compañía pero que siempre están condenados a estar solos. Como tal, tiene poco diálogo y el que tiene, es necesario, vital para el avance de la historia o para conocer al personaje.

Esta es la historia de un capataz que ya no puede seguir haciendo el trabajo que él sabe hacer y que es ya lo único que le queda en la vida, y un chico que tiene que sacar adelante a la suya y por eso tolera la distancia entre la estancia de la Patagonia y su Paso de los Libres, Corrientes, natal.
Particularmente me gustó mucho cómo puede el director en su ópera prima, captar algunas sensibilidades, como el respeto que otros sienten por Jara, el correntino o cómo ganarse el respeto de un animal en el campo, es ganarse el respeto de los hombres. Es como que de repente, en los meses más cálidos, apareciera la camaradería del fin del mundo.
Al mismo tiempo, y de un plumazo, esta cosa cíclica del inicio se mezcla con el final y todos sentimos el peso del trayecto de estos personajes. Y lo que esto conlleva en un contexto tan duro como lo es el campo.

Es que el director no es cualquiera que hace su primera película. Emiliano Torres ha trabajado como asistente de dirección y ha co dirigido para la universidad de la que egresó. Además, el guion es de él y como tal, lo entiende al dedillo. Y lo defiende en cada elección de cada plano. Cristian Salguero, el mismo que conocemos de “La Patota”, construye un gran personaje y tiene una presencia en cámara que es realmente impresionante. Una mirada profunda y una timidez palpable. Estos dos, pueden hacer con tu corazón lo que quieran: te lo agarran y te lo estrujan si se les ocurre.
Probablemente no salgas con el ánimo para ir a un bar, sino mirando al piso, en silencio y pensando por un rato. Ya te digo que no se te ocurra verla en una primera cita, pero no te la pierdas. Se destaca por mucho de otros films de su estilo y tiene mucha alma. Espera a que las cosas se cocinen para explotarlas y lo hace con soltura en un formato de 90 minutos.
Esperé mucho para verla. Hoy puedo decir que valió la pena. Es realmente un peliculón.
