«It Was Just an Accident» (Fue solo un accidente): Entre la memoria y el presente

La misma semana que es condenado en ausencia a un año de cárcel por actividades de propaganda contra el Estado, el director iraní Jafar Panahi, que nunca temió la prohibición de filmar, estrena en nuestro país su última película, rodada en secreto. Se trata de una ficción cuya inspiración parte de una experiencia real: entre julio del 2022 y febrero del 2023 el director estuvo preso, experiencia que terminó gracias a su huelga de hambre, y al conocer a otros reclusos y conversar con ellos empezó a pensar en una película sobre qué harían esas personas tras ser liberadas.

Fue solo un accidente comienza con una familia viajando en auto. El hombre y padre de familia que maneja atropella un perro y el auto se rompe. Ese accidente azaroso los lleva hasta un taller mecánico donde trabaja Vahid, a quien se le descoloca todo al ver al hombre y toma una decisión impulsiva y poco racional: lo secuestra.

La película sigue entonces a un grupo de personas que se reúnen tras toparse con quien creen que fue su antiguo torturador, cuando Vahid inicia un recorrido por toda la ciudad buscando a otros ex detenidos para que lo ayuden a confirmar sus sospechas. Cada uno tuvo una experiencia traumática donde además estuvieron vendados y eso los hace no estar del todo seguros de su identidad pero no es la única duda que tienen. ¿Qué hacer con él? ¿Qué se gana con la venganza? ¿Quién o quiénes son los verdaderos culpables?

Panahi utiliza el humor para alivianar una trama tensa y oscura, con personajes enfrentando un pasado del que nunca se puede escapar del todo, dejar atrás, que deja cicatrices algunas físicas y otras tantas indelebles en el interior. La narración se centra en las acciones inesperadas de las ex víctimas ahora en una situación de un poco más de poder, en lo absurdo de todo eso que desencadena una serie de consecuencias cada vez mayores, no en la parte morbosa y dramática de las torturas y su torturador. La película encuentra su tono desde el minuto uno y lo mantiene con eficacia hacia su contundente final, donde se torna más profundo y reflexivo. También hay un gran uso del silencio, con una banda sonora ausente y largos planos en exteriores. Otra decisión política: mostrar mujeres sin el hiyab obligatorio.

El director, que actualmente se encuentra en Estados Unidos para el comienzo de la temporada de premios que empezó con él recibiendo tres estatuillas en los Gotham (como Película Extranjera, Guion Original y Director), ha manifestado su oposición al gobierno iraní y sus políticas y trasladado eso a su cine. Un cine que nunca pudo abandonar, dejar de hacer, ni siquiera cuando estuvo bajo arresto domiciliario (recomendable ver su documental This is not a film). De hecho Fue sólo un accidente es una más de sus películas rodadas en la clandestinidad aunque en esta al menos haya tenido una mayor libertad de movimiento. Ganó la Palma de Oro en Cannes y contó con producción francesa, lo que le permitió incluso ser enviada por el país europeo como la representante a los Oscars.

Política, como todo arte, y humana, pero además con un gran pulso narrativo y cinematográfico y un guion cargado de detalles, Fue solo un accidente es una película que dice mucho más de lo que hay en la superficie. En esas sutilezas, en ese silencio a veces ensordecedor, en lo que se no se ve pero se intuye, radica aquello que Panahi tiene para decir sobre el gobierno iraní, con una ira tan rabiosa como contenida. Uno de los directores más valientes hoy.

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