Festival *Asterisco: “Interior. Leather Bar”: Intimidades de una censura

Hay películas que nacen para la polémica desde el mismo germen de su producción. Si el Festival *Asterisco se pretende ofrecer una amplia mirada sobre el cine diversidad sexual, es obvio que no podía eludir la tangente polémica que, para bien o para mal, esta temática ha despertado más de una vez en la sociedad.
Quizás la polémica más grande que se haya desarrollado a través de una película con contenido gay sea la prosiguió a Cruising, película de 1980, dirigida por William Friedkin, basada en una novela de Gerald Walker, y protagonizada por Al Pacino, Karen Allen y Paul Sorvino.
No es que hasta ese momento no se hubiese hecho nada tan explícito o “fuerte” como esa película; el asunto era que el proyecto salía de las propias entrañas del mainstream de Hollywood, con un director en la cresta de la ola y actores de masiva convocatoria.
La historia es la de un policía, Steve (Al Pacino) que debe introducirse en el submundo de los bares gay sadomasoquistas fetichistas del cuero para atrapar a un asesino serial que tiene esos lugar como puntos de caza.
Desde su mismo anuncio hubo revuelo, algunas agrupaciones por los derechos de homosexuales se oponían a la estigmatización del estereotipo que la película creaba; otras agrupaciones conservadoras no querían ni oír hablar de algo así, y la MPAA cuando vio el primer corte la calificó como X, relegándola a una distribución escasa. Resultado, se cortó casi 40 minutos de película en los cuales supuestamente se incluía escenas de sexo gay explícito; y las grandes productoras que habían intervenido se lavaron las manos dejándosela a alguna subsidiaria.

Alrededor de este mito pasó a la historia Cruising, que significó un comienzo del descenso a los infiernos de las malas calificaciones para su director, y la baja en convocatoria para futuros proyectos de varios de sus actores. Quedó como un emblema del cine queer más para la sociedad conservadora que “sacaba chapa” de haberse animado a verla (censurada, esos minutos se perdieron definitivamente) que como algo relevante para la propia comunidad LGBTIQ.
El año pasado, el popular actor James Franco y el escritor Travis Mathews retomaron esa polémica, y anunciaron que filmarían una recreación de aquellos40 minutos perdidos, con todo lo que no se quiso mostrar en ese entonces. El proyecto corrió como reguero de pólvora, muchos recordaron aquel mito olvidado, hablaban del popular y en ascenso Franco en un film gay explícito… y de esa forma llegó a Sundance, y ahora el Festival *Asterisco.
Lo primero que hay que decir, la polémica no es tal, no piensen en James Franco involucrado en escenas explícitas, ni en un film que causará pudor. Interior – Leather Bar es un experimento cinematográfico de falso documental de cine dentro del cine, algo así como una mamushka cinematográfica.
Franco y Mathews filman la filmación de la recreación de aquella filmación de los minutos perdidos de Cruising ¿se entiende?, vamos por partes. Hacen una convocatoria de actores, gays y heterosexuales para filmar la recreación de las escenas de sexo perdidas de sexo. Lo que nos muestran es como esos actores se presentan, dialogan con ellos, y filman las escenas con varios resquemores y miedos.
En el medio hay entrevistas y diálogos sobre la aceptación de la comunidad gay en las altas esferas del entretenimiento (estadounidense, por supuesto). Se muestra a actores que llegan con sus esposas y estas tienen “miedo” de lo que puede pasar, y sí, se ven algunas de las escenas pero extrañamente más reservadas que lo que quedó en la copia de Cruising que todos vimos.

Interior – Leather Bar plantea un debate, interesante, sobre cómo el mainstream disimula a través de una falsa apertura los mismos conservadurismos de siempre, o aún peores. Como crea estereotipos, tabúes, e instala pensamientos y creencias en la sociedad; como encasilla a la comunidad homosexual dentro de lo que ellos piensan que son, casi como seres unilaterales.
Pero como el perro que se muerde su propia cola, como el huevo de la serpiente, este film también luce más pensado para crear una polémica que ya debería ir dejando de existir en pos de una aceptación real y abierta.
Interior – Leather Bar es interesante, reflexiva y deja al espectador con varias ideas en mente. Pero también le cuesta construirse como film sólido, en su juego de caja china se torna algo confuso y a la vez plano; y la elección de los actores (que lucen perdidos en el mismo juego que proponen) no parece la más acertada.
El principal problema de Interior… es no saber hasta qué punto hablan los propios actores interpretándose a sí mismos, o todo es una construcción argumental. De todos modos, bienvenida sea una película dispuesta a abrir un debate sobre la situación actual del mercado cultural y de entretenimiento, sobre cómo hay viejas formas que afortunadamente se dejan de lado, pero también sobre la posibilidad de que se adopten nuevas formas que en el fondo sean las mismas ideas remozadas. Si se logra que el planteo continúe una vez finalizada la proyección, es una tarea cumplida.
