Festival *Asterisco: Las vampiras las prefieren…

Una apartado de clásicos del terror relacionados con la cultura LGBTIQ se despliega dentro de la sección La piel que habito del Festival *Asterisco. Este apartado, llamado Vampiras lesbianas y otros monstruos homoeróticos, reúne, como su nombre lo explicita, además de dos films de Clive Barker (reseñados en otra nota), cuatro películas centradas en figuras femeninas vampiras; casualmente, todas relacionadas a la novela corta de Sheridan Le Fanu, Carmilla, que se aparta lo suficiente del clásico Drácula que todos conocemos.
Carmilla, ha sido fuente de muchísimas adaptaciones cinematográficas, y las vampiras se convirtieron en personajes icónicos diferentes de su representación masculina, con simbología propia (recordemos el segundo largo de «Cuentos de la Cripta», «Burdel de Sangre», o el film «Noïr Nadja» de Michael Almereyda).
*Asterisco presenta cuatro ejemplares, tres pertenecientes a una trilogía de la mítica productora inglesa Hammer, y uno que podría ser considerado el antecedente directo de estos.
El primero es «La maldición de los Karsteins» una co-producción italiano española de Camilo Mastrocinque (aunque se presenta como Thomas Miller), que utiliza la figura de Christopher Lee (ya reconocido como Drácula) esta vez en la piel del Conde Karstein, que ve atormentada a su familia por una maldición extraña relacionada luego con el vampirismo. Su hija actúa como demente, y mientras, una mujer llega a la mansión familiar para recibir auxilio por un accidente.
Bastante fiel al original Carmilla, con un clima sugestivo y sugerido (fue filmada durante la España franquista represora), la relación entre los personajes de Ursula Davis y Adriana Ambesi se presenta como ambigua, aunque hoy en día, queda claro qué es lo que sucede.

«The Vampire Lovers» fue la primera incursión la Hammer en el mundo de las vampiras que gustan de la sangre de su mismo sexo. Co-producción de la Hammer y AIP, eternas rivales, instauró para siempre en el personaje de Carmilla el rostro de Ingrid Pitt. Es una aproximación clásica de la historia de Le Fanu con Peter Cushing en el papel del clásico General Von Spieldorf. Aquí, sí, el ambiente es sexualmente explícito, lo que convirtió a este film de Roy Baker en un film de culto para las chicas que querían indagar en algo diferente.

La trilogía siguió con «Lust for a vampire» de Jimmy Sangster, alejándose de la fidelidad a Carmilla. Todo sucede en un colegio pupilo, por supuesto, en el Siglo XIX, en donde los Karnstein vuelven a hacer de las suyas al revivir a su eterna vampira Carmilla, o Mircalla como se hace llamar ahora.
Claro, en un lugar en el que sólo hay señoritas, Mircalla o Carmilla va a tener con qué divertirse. El personaje aquí recae en Yutte Stensgaard, menos reconocida que Ingrid pero igualmente con una carga sensual importante. Probablemente, la más explícita de las tres en todo sentido.

El asunto termina con Twins of Evil, la menos sexualmente lésbica de estas películas. Un aprovechamiento de la Hammer para instaurar a las gemelas Collinson (modelos de Playboy) como actrices pseudo eróticas.
De Carmilla casi nada, las gemelas son dos huérfanas que van a vivir con su tío (Peter Cushing) que lidera una hermandad infructuosa para aniquilar vampiros. En medio aparece el Conde Karstein (Damien Thomas) y seduce, muerde y desvirga a una de las hermanas, mientras que la otra sigue siendo virgen… pero ¿cuál es cuál? Una película apenas risueña, dirigida por John Hough, con algo de elemento kitsch, y válida por ser el cierre de esta trilogía no lineal.
Estas producciones – sobre todo las tres de la Hammer – quedaron marcadas como hitos populares del cine lésbico (poco) disimulado. Durante mucho tiempo, este era el escape que tenían aquellas que querían ver una película que las identificase en sus gustos sin tener que recaer en algo más típico de voyeurista.
Si bien tuvo antecedentes previos, es con estas películas que la novela de Le Fanu da el salto a la popularidad en el cine; y Carmilla se instala definitivamente en la cultura popular. Personaje que luego seguiría un periplo muy variado, progresivamente cada vez más explícito, hasta aparecer en películas directamente eróticas o hasta pornográficas; por solo nombrar otra de sus incursiones más populares, la mexicana Alucarda con Tina Romero encarnándola.
Carmilla es signo de deseo reprimido que quiere salir a la luz, demostrar una sexualidad explícita que no siempre va a ir dirigida hacia un mismo lado, y que intenta taparse, ocultarse; en definitiva, es un ícono del LGBTIQ fantástico.
