Festival *Asterisco – Clive Barker o la estética de los marginados

Como una perlita convocante, el Festival *Asterisco nos presenta dentro de la amplísima y variopinta sección La piel que habito, una ¿subsección? Dedicada a clásicos del terror llamada “Vampiras lesbianas y otros monstruos homoeróticos” con dos vertientes: Los cuatro films de la Hammer basados en la novela corta Carmilla (de los cuales nos ocuparemos en otra nota), y los dos films más emblemáticos de Clive Barker en la silla de director, hablamos de Hellraiser, el pacto e Hijos de la noche.
Sí, en un principio causa “impacto” ver a este director y estas películas tan reconocidas como un cambio en el género del terror (suerte de traspaso de la estética de los ’80 con los típicos slasher a los monstruos de principio de los ’90) dentro de un festival de cine LGBTIQ. Pero quizás se necesite de una mirada un poco más amplia.
Barker, prolífico escritor de relatos cuasi “lovecrafnianos”, es un reconocido activista por los derechos de la diversidad sexual, y su obra se ha visto impregnada (no tan) solapadamente de esta cuestión.
Pensemos un poco, la sexualidad es latente en su material, con algo de fetichismo y (mucho) sadomasoquismo. Los ejemplos más claros y conocidos, los ganchos que desgarran la piel suavemente a girones (más esa búsqueda del placer desconocido y extremo) y los trajes de cuero llenos de tajos y adornos de los Cenobitas en Hellraiser; el garfio que acaricia antes de matar, la tentación del llamado a la muerte en Candyman (es escritor del relato original y guionista de la primer secuela). El enigma se va destrabando.

La elección de estas dos obras es clara; Hellraiser – El Pacto – fue su debut en el largometraje como director, basada en su relato The Hellbound Heart. Para los pocos que no la vieron, cuanta la historia de Frank Cotton un hombre libertino que vaga por el mundo en busca de placeres extremos. En una tienda encuentra una (LA) caja puzzle que al desarmarla y rearmarla promete placeres jamás antes experimentados.
Al cumplir con el ritual, Frank es sometido a una serie de torturas placenteras mediante cadenas y ganchos que desgarraran su pellejo mientras es recibido por los Cenonbitas, unos embajadores del infierno muy particulares. Cada uno diferente al otro (el más reconocible, el histórico Pinhead), todos son pálidos, visten largos atuendos de cueros y utilizan adornos como piercings y lastimaduras de la piel.

¿Qué sigue después? Su hermano se muda a su casa con su nueva esposa (amante de Frank) y su hija. Frank reaparece despellejado mediante una gota de sangre de su hermano, somete a su amante a una esclavitud sexual en la que esta deberá traer otros hombres a la casa, matarlos y así alimentarlo con sangre para ir rearmando su cuerpo.
Todo redunda a través de los placeres prohibidos, lo desconocido; y por supuesto el ícono sexual andrógino que representan los Cenobitas (en las secuelas irá quedando más claro que no importa si se fue hombre o mujer, todos lucen igual en el averno cenobita).
El propio Barker se sorprendió cuando Pinhead se convirtió de la noche a la mañana en un ícono de la cultura LGBTIQ, una representación del deseo sexual; y fue ello lo que lo llevó a producir la primera secuela, más centrada en ese personaje y con un villano más humano.

Nightbreed, o Hijos de la noche, fue más una respuesta al pedido de los fans para que Barker volviese a dirigir. Nuevamente, adaptó uno de sus relatos, Cabal, en el que se hace hincapié en los excluídos.
Como una suerte de Freaks moderna, el protagonista es Aaron Boone un joven que, buscando solución a algunos problemas mentales, y mediante una revelación, encuentra un lugar llamado Midian, ocupado por un submundo de monstruos subnormales de los cuales Aaron parece formar parte.
Un detalle, los monstruos no son los malos, sino los perseguidos ¿se puede ser más explíocito en el mensaje?. El villano es un psiquiatra interpretado por David Cronenberg (otro que merecería una retrospectiva futura en el festival) que los persigue, los hostiga, y quiere experimentar con ellos para “curarlos”.

Hijos de la noche es una de las películas de terror más explícitas en cuanto al mensaje a favor de los desclazados, un retrato de época, en el que los reclamos de los activistas estaban adquiriendo notoriedad. Tal vez por esto fue que la película fue tan maltratada por el estudio que adquirió sus derechos de distribución (censuró muchas de sus partes que hoy se encuentran perdidas), y la película se terminó estrellando en la taquilla; sin dudas, un reflejo.
Basta con ver a varios de los monstruos, otra vez los piercings, pecho descubierto, musculosas, barbas, chalecos, rastas, chivitas; toda la estética representa a la cultura under de finales de los ’80.
Por estas razones es que es un hallazgo que *Asterisco presente estos dos clásicos (uno algo olvidado) dentro de su programación. Puede servir para mirar la obra de Barker desde otra perspectiva (hay que revisar también Rawhead Rex de la cual es responsable del guión), para descubrir que dentro de la cultura popular, había muchos artistas que peleaban por sus derechos desde los flancos menos pensados.
