«El susurro»: Herencia maldita

El uruguayo Gustavo Hernández, director de películas como La casa muda, No dormirás y Virus 32, regresa con esta coproducción estrenada en Sitges que mezcla diferentes temáticas del terror con una historia personal.
Lucía (Ana Clara Guanco) y su hermano menor Adrián (el pequeño y gran actor Marcelo Michinaux, a quien hemos visto en Cuando acecha la maldad) se refugian en una antigua casona. Atrás han dejado un padre que parece cargar un don oscuro que algún día heredará el niño, ya que se transmite por herencia entre masculinos. Lo que no saben es que en ese pueblo desde hace un tiempo desaparecen chicas jóvenes. La realidad les pegará en la cara cuando Lucía descubra, gracias a una cámara que le coloca a un gato que siempre se escapa, que cerca suyo hay una organización que filma películas snuff (llamadas así a aquellas que filman la violencia y muerte real).
La película escrita por Hernández junto a Juma Fodde Roma entonces es por un lado una historia de vampiros y por el otro una especie de home invasion cuando la organización se vea descubierta y vaya tras ellos. Pero en el medio es un drama familiar. Más allá de lo sobrenatural y lo violento, el corazón está puesto en esos dos hermanos incondicionales entre sí, dispuestos a enfrentar todo mal de la mano, acompañándose y entendiéndose.
La mezcla de tanto subgénero hace que la película se ralentice o incluso se enrede en lugar de aprovechar unos pocos buenos condimentos. Lo rural, lo familiar, lo que se hereda, la hacen cercana a otro exponente nacional, Sangre Vurdalak (incluso más que a Cuando acecha la maldad, con la cual se la emparenta al compartir productores, quizás también porque parece haberse convertido en el faro más reciente para quienes hacen cine de género), pero se pierde con el cúmulo de tópicos del terror que no tienen mucho que ver entre sí. También se pueden percibir influencias de otras películas nacionales como por ejemplo la disruptiva Visitante de invierno, del recordado Sergio Esquenazi.

Desde lo técnico la película cuenta con una buena fotografía y una banda sonora acorde a los climas buscados, intrigante desde el primer minuto y que se va tornando cada vez más tensa e inquietante. Las actuaciones están bastante bien, en especial la infantil aunque también destaca Luciano Cáceres, actor acostumbrado a dar vida a personajes intensos y excéntricos.
El susurro es un buen exponente del género y de lo que se puede hacer en un cine nacional -acá se trata más de una producción uruguaya de todos modos- tantas veces bastardeado. Aunque el guion resulte algo flojo y no termine de aprovechar a sus personajes y sus múltiples ideas, que se centre en lo más humano de toda la historia le juega a favor. Cuando se apodera de ese tono intimista junto a estos hermanos, la película crece y emociona.
Ideal para ver en programa doble junto a La virgen de la tosquera y ser testigos de lo que está pasando con el terror en Sudamérica.
