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“El Casamiento”: Ella y él 20 años después

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Julia e Ignacio son un matrimonio como cualquier otro, se quieren, viven la rutina de veinte años de pareja, tienen un perrito, se entienden con sólo mirarse, y están acoplados como una amalgama de uno sólo.

Entonces, ¿por qué tuvieron que esperar tanto tiempo para contraer matrimonio? Julia es transexual. Ese detalle, que en la vida diaria de la pareja no “impide” nada, para el Estado uruguayo significó la traba por la cual se les impidió celebrar formalmente esta unión ante la ley siendo que Julia está operada desde 1993. Este quizás sea el propósito del documentalista Algo Garay a la hora de encarar «El casamiento».

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Un trabajo ameno, intimista y minimalista, sobre un hecho que a estas alturas no debería causar la más mínima controversia. Garay decide no indagar, deja que las cosas fluyan y las ideas se decanten por sí solas, sin necesidad de remarcar o hacer énfasis en ningún aspecto; o sí, hacer énfasis en lo natural del vínculo. «El Casamiento» nos muestra al matrimonio viviendo su día a día, queriéndose, compartiendo, consintiendo a su hijo en común (el perro que más de una vez es la estrella del film); en cierta forma, desmitificando.

Por supuesto que también se cuenta la historia de ellos, que no fue fácil, que debió sortear todo tipo de trabas hasta llegar al 2005 al anhelado casamiento. También es interesante el modo de enfocar el entorno, ellos no son gente con privilegios, casi todo lo contrario, bien humildemente, lo cual hace que uno pueda emparentarse más con ellos.

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Ese entorno pareciera comprenderlos mejor que las propias leyes uruguayas que aún necesitan de un gran avance cultural. El casamiento no es documental sorprendente, no destaca aspectos técnicos ni hallazgos estéticos, simplemente se limita a colocar la cámara y en ciertas ocasiones acompañar a sus protagonistas.

Hablamos de un documental delicado, simple, con momentos risueños y otros más reflexivos; como la vida misma, como la de cualquier persona, como la de Ignacio y Julia que merecen ser sin que nadie ni nada los juzgue.

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