«Rambleras»: tres mujeres y un río

Llega a Buenos Aires, una coproducción uruguaya estrenada en su tierra hace pocos meses, el segundo largo de Daniela Speranza («Mala racha» fue su opera prima) cuyo arribo se produjo casi sin prensa, así que de ahí la demora en reseñarla.
«Rambleras» es una comedia dramática, sencilla y muy austera sobre la vida de tres mujeres, que viven a metros de la hermosa costanera que ostenta la ciudad de Montevideo. Como buenas uruguayas, aman estar tomando mate en la rambla bajo el sol, charlando de sus cosas.
La idea aquí es la de reflejar tres historias que conviven (en cierta manera) en el mismo espacio: Patricia (Victoria Rodríguez), Jacqueline (María Elena Pérez) y Ofelia (Adriana Aizemberg).
Ellas representan, en cierta manera, tres etapas de la vida. Patricia es todo optimismo, inestabilidad y búsqueda. Está enamorada de Gustavo (Nicolás Pauls) pero el hombre está de novio (pertenece a otra clase social, digamos también) y no tiene intenciones de separarse. Jacqueline vive con Juanca (Eduardo Miglionico) y trabajan juntos en la misma panadería.

Sin embargo, algo no anda bien entre ellos. Pareciera que es la cuestión laboral, pero quizás, sea otra cosa. Y Ofelia, es la más dulce y querible de las tres. Una anciana que acaba de perder a su hermana, y vive en un cuarto de pensión sola.
Su gran deseo es volver a la Rambla a tomar mate, pero claro, nadie quiere acompañarla, lo que representa no sólo una frustración sino que potencia su soledad. La trama, dijimos, es muy simple.
Sabemos que Speranza tardó muchos años en realizar «Rambleras» y que es fruto de un gran trabajo personal. Pero su entrega, no alcanza a redondear un buen producto. ¿Por qué? En principio, las historias cotidianas que presenta, son esquemáticas (la de Patricia es emblemática, todo lo que el manual dice que puede suceder, tiene lugar, de principio a fin) a más no poder.

Hay en ellas una búsqueda de empatía a través del registro amable de la costa uruguaya, pero nada en la trama parece generar demasiado interés. No es este un film que movilice. Todo transcurre en forma pausada, esperable, sin sorpresa.
Jacqueline no tiene nada definido (por ejemplo) y así seguirá hasta el final en ese estado donde nada genera mucho ruido (y debería a la hora del climax). Tampoco sentimos (excepto en Aizemberg, que está deliciosa como siempre) interpretaciones intensas, coloridas… Hay poco humor y poca trayectoria en cada historia. Y la resolución de cada pequeño conflicto tiene poco vuelo.
Speranza realizó un film que si se compara con los stándares de producción de comedias costumbristas locales (como las que produce Pol-ka), está por debajo de la media. Uruguay ha generado joyitas en los últimos años, pero esta no será recordada como una de ellas, sin dudas.
