BAFICI27: Te amo, Antoño

El primer largometraje de Tamara Leschner, actriz que ha colaborado de manera reciente con Matías Szulanski (quien además de abrir esta edición del BAFICI tiene dos películas más en la programación) con quien coescribe el guion, es una deliciosa comedia de enredos que además protagoniza.

Carla es una joven a la que su novio, de curioso nombre Antoño (“como antaño pero con o”, como repite ella constantemente), acaba de dejarla. Sumida en la tristeza propia de una ruptura que no entiende, se encierra en su departamento a llorar y comer el tuco que él dejó separado en varios tuppers. Hasta que su amiga Laura llega a rescatarla: le ofrece salir a tomar unos mates al lado del río en Vicente López.

El plan parece simple. El día está lindo así que la primera de las peripecias tendrá que ver con ir a buscar las bicicletas. Pero a medida que se dirigen a un lugar, algo más sucede. Al principio algo chico, una mochila que queda olvidada o un encuentro casual. Después los enredos se van tornando mayores: quedar atrapadas en un almuerzo que nunca empieza con un viejo compañero, su madre y su nueva pareja, o que el auto al que decidieron optar tras no saber dónde dejaron las bicicletas deje de funcionar. 

No tiene mucho sentido contar todas esas idas y vueltas. Leschner demuestra que tiene buen timing para la comedia, un tipo de humor absurdo y ligero que sostiene todo el relato. En el medio ella, la Carla que hubiese preferido quedarse encerrada llorando. ¿Quién no tuvo un Antoño por el que derramó tantas lágrimas en vano?

La presencia de Szulanski es notoria. No solo porque colabora en el guion e incluso como uno de esos personajes que se cruzan en la odisea de las dos chicas, sino porque se percibe bastante de su estilo: la película tiene una estructura muy similar a Buenas noches, donde también actúa Lechner. Pero a diferencia de aquella, acá es menos circular, menos hilada: la mayoría de las escenas o los personajes quedan atrapados ahí, en ese momento, casi como un rejunte de sketchs, alguno más logrado que otro. Tampoco le interesa generar esa misma tensión, sino transmitir un poco de esa angustia, ansiedad y frustración de su protagonista que no puede dejar de pensar en Antoño. En contraposición, el personaje de Laura (Julieta Tramanzoli) se mueve con otra liviandad y soltura, receptiva y sin miedo a lo espontáneo.

La ciudad también es un personaje más y acá se mueve entre barrios y spots algunos más distinguibles que otros. El resultado es una comedia naif, tierna. Una ópera prima singular que trae además un poco de frescura a una competencia marcada por otro tipo de historias y registros. Forma parte de la Competencia Argentina del festival.

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