BAFICI27: Plata o mierda

Toia Bonino junto a Marcos Joubert dirigen este documental compuesto de grabaciones que Marcos registra tras quedar preso con un celular que logra introducir de manera clandestina. Escenas entre sus estadías y traslados que sirven como un retrato de la vida presidaria, del encierro y del tiempo. “La cárcel no te quita cosas, te quita tiempo”. Porque si bien parece detenido, el tiempo sigue su curso y uno se queda ahí dentro, atrasado, perdiendo. Incluso llega a transitar la pandemia ahí dentro, el encierro multiplicado; aunque ya sea una persona que fue forzada a acostumbrarse a esa quietud, lo que lo aísla aún más es el no poder siquiera recibir visitas, su único contacto con el exterior.

¿Qué hacer entonces? ¿En qué y cómo enfocarse? El cine como respuesta, el cine como salvación. «Lo mío no es un reality».

Bonino no solo le ofrece la oportunidad de hacer una película, sino que es su interlocutora e incluso le envía un libro que al principio no le interesa y pronto se convierte en una parte primordial para luego poder verse a sí mismo no solo como protagonista, sino como director. A medida que las grabaciones y el tiempo pasa, los planos empiezan a ser más conscientes, pensados; se puede percibir el crecimiento a la hora de narrar con imágenes. En el medio, dudas, inquietudes. Preguntarse para qué, hasta cuándo, si es necesario seguir, cómo. Etapas válidas de toda transformación.

Si bien hay y habrá documentales sobre las vidas entre rejas, cada uno con su enfoque distinto (como Rancho, La visita, Los días con ella, etc), Plata o mierda ofrece una perspectiva única y logra combinar la crudeza con una sensibilidad propia de esa primera persona, aunque no deje de ser cierto que solo quien vive, transita eso puede entenderlo en toda su magnitud.

Es Marcos quien le pone cuerpo y voz, cuenta su propia historia: registra conflictos, enfrentamientos pero también la amistad con sus compañeros, las rutinas compartidas, las bromas que funcionan como distensión, emociones, incertidumbres, frustraciones, el agobio, los miedos (a quedarse solo, a morirse en la cárcel) y la tristeza que provoca la pérdida de todo ese tiempo, las ilusiones que se evaporan, todo ese universo de sensaciones que genera sentirse aislado del mundo exterior y en especial de las personas que uno quiere. La salud mental siempre en juego.

Esa sensación agridulce y melancólica con la que una queda al finalizar la película, se resignifica al verlo y escuchar al propio Marcos, ya libre y presentando la película como el director de cine que hoy es. La película de Toia Bonino y Marcos Joubert forma parte de la Competencia Argentina.

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