BAFICI27: La muerte es algo que le sucede a los demás

La directora Ana García Blaya sorprendió hace unos años con su lograda y sensible ópera prima, Las buenas intenciones. Mucho de lo que aparecía en esa ficción enmarcada en los 90s se entenderá ahora con este documental compuesto mayormente de grabaciones familiares registradas por la familia García Blaya.

A simple vista, y buceando un poco también, La muerte es algo que les sucede a los demás tiene muchos vicios de ese cine autorreferencial, de esa cantidad interminable de documentales de personas que intentan comprender sus raíces, de dónde vienen.

García Blaya nos invita a conocer su numerosa familia. El punto de partida es una decisión que ella toma: ir a visitar a su abuelo paterno de manera seguida, reconectar (o conectar por primera vez) con ese lazo familiar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la muerte se lo impida. Se trata de un abuelo con el que nunca tuvo mucha relación y de hecho su padre, el hijo, es el único de los seis hermanos que nunca lo va a visitar. Como si quisiera emendar algo, ella lo visita, lo acompaña y además se le ocurre registrarlo con la cámara de su computadora, registrar algunos encuentros y conversaciones para después mandárselo a su padre, con el fin quizás de despertarle algo al respecto.

Así, el documental es sobre su abuelo pero también sobre su padre. O mejor dicho, sobre la familia. Sobre cómo encaran los afectos, los vínculos. Ya nos lo dijo Wes Anderson: Familia no es una palabra, es una oración. Aparecen personalidades cuestionables y también decisiones que toman cuestionables; la vida.

El abuelo ha llevado a lo largo de muchos años un cuaderno (lo que llamamos scrapbook, cuaderno de recortes, práctica que en estos tiempos se ha puesto en auge) donde registraba pensamientos, recuerdos, fotos y algunas cosas más; un collage que permiten reflejar a la persona. Un cuaderno del que Ana García Blaya se apropia, que le es heredado en vida por ese abuelo que nunca se lo mostró a nadie porque en realidad nadie mostró interés en lo que había ahí. Y allí aparecen comentarios misóginos o despectivos socialmente. Lo que hoy resulta chocante y no está permitido decir (bueno, en estos últimos años se podría poner en dudas, pensar si en estos tiempos no se está volviendo al pasado) era al mismo tiempo algo muy común para personas de cierta edad, cierto origen. El documental entonces lo expone pero no lo juzga. Tampoco se juzgan lo suficiente a sí mismos con lo que deciden hacer después, al negarle una verdad en pos de su bienestar.

Hay muchas aristas dentro de este documental breve. La familia es numerosa y los miembros tienen sus historias, sus mambos, sus afinidades. El punto de vista de la directora es bien personal y sin embargo logra transmitir sus sentimientos e inquietudes. La muerte como eje, cómo se afronta esa pérdida y también cómo se mantiene el legado vivo.

Junto a Las buenas intenciones, Ana García Blaya empieza a delinear una filmografía con fuertes tintes personales, marcada por la temática familiar y con una impronta sensible que la hace muy cercana. Todo si hacemos de cuenta que esa segunda película que no se siente suya para nada nunca existió.

La muerte es algo que les sucede a los demás forma parte de la Competencia Argentina del festival.

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