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#BAFICI 16 (XXIII): más productos argentos (de primera calidad)

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Pensaba apenas esbozaba los primeros segundos de la cinta si me ponía a escribir lo que estaba sintiendo en ese intante al ver o solo remitirme a observar el despliegue de recursos técnicos, el desarrollo, sujetarme a una mirada más analítica. Sin embargo la película rápidamente me dió la respuesta, resulte conmovida, invadida por lo que ingresaba a mi retina.

Antes de referirme a  las particularidades de «El Rostro», quisiera mencionar, lo que a mi parecer, sería la visión de su director Gustavo Fontán, quien ya tiene en su haber algunos otros títulos.

Allí donde otros ven solo un registro visual, sin palabras que medien, creo que la mayor intención del director es abrir los ojos del espectador de una manera mas profunda y conectarlos directamente con el mundo de las percepciones, las sensaciones que se van dando a conocer al trancurrir insesante de cada fotograma.

Como si todo lo que estamos viendo en apacible blanco negro no precisara de intercambios de diálogos para lo que tiene que expresar. No es una película para inadvertidos, ni para espectadores acostumbrados a productos predigeridos ni de carácter comercial; es para gente con una apreciación sensitiva mas aguda, para adentrarse con volundad y pretensión a decifrar los matices del film.

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Un hombre con el rostro que dibuja vida, una pequeña embarcación que transita inquieta el caprichoso curso del agua, una orilla, y mientras los sonidos de la naturaleza son los únicos testigos de su presencia, él junto a una mujer comen de su propia pesca.

De a ratos pareciera que ese rostro, nos llevara a un tiempo pasado, viajamos con sus expresiones y en la pantalla esos recuerdos atrevidos podrían hasta entenderse como si fueran propios. Inevitable sumergirse en el mundo de las sensaciones.

Fontán no alude ni responde al cine industrial. Su trabajo no intenta contar algo, no existe tal narración mas que la que la que uno pueda permitirse que transcurra en su mente.

El río…el río es ese compañero que permanece a través de los tiempos? testigo fiel de sus andares? Ha oído quizás las palabras que no se dicen en ningún momento pero que se leen a la perfección en las vetas de esos rostros. Es parte de ellos? si, está presente. Protagónico. La luz, el cielo detrás de esa maraña de hojas.

Todo predispuesto para estimular los sentidos. Esforzar la mente, andar el camino que propone esta película es trabajoso; demanda del espectador una construcción personal para adentrarse en el film y decodificarlo, solo sucede. Es innegable que Fontán está provisto de una enorme cualidad para traslucir una mirada romántica si se quiere, del vivir, poesía que llega en el juego danzante de imágenes y sonido, que no es mas ni menos que el mas cercano a uno mismo, entendiéndonos como parte de la naturaleza.

Invade la paz, y sin dudas si estas predispuesto, te harás un festín con las huellas emotivas que se deleitan invadiéndote.

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El Mercado Arranca con imágenes conocidas, casi puedo llegar a escuchar una música de Lucas Prodán, ‘Mercado de Abasto’… A las claras resulta ser un homenaje a este emblemático lugar.

La estructura ,revolucionaria en esa época, permanece incólumne hoy dejando testimonio de la visión, que otrora tuvieran sus creadores, respecto a la permanencia de espacios físicos en el tiempo.

Por dentro y por fuera, el lapso temporal hizo su trabajo, y en sus entrañas cambió su función, para lo que había nacido. Solo cumple con una premisa, la de tener muchedumbres circundantes que vienen y van.

Néstor Frenkel elige una vez más un registro documental de los relatos que hacen cobrar vida a las viejas imágenes que se regodeaban en sus primeros años, como luego de su cierre el barrio sucumbió economicamente y luego la aparación en los años 90 del conocido shopping.

Cambios y perminencias que juegan en eso ires y venires que se proponen en el avance de la cinta. No se pone el ojo en los escenarios del pasado, sino mas bien en los relatos vivos, en testigos cuya marca temporal quedo impresa en el cuerpo, sus recuerdos son los testimonios con los que se trabaja, con los que se reconstruye la realidad aquí.

Una invitación a pensar nuestra ciudad como una gran estructura en movimiento, que se traslada sobre rieles de tiempo y que poco a poco va transformando lo que vemos, vivimos, percibimos y cómo las construcciones de este tipo quedan como inmutables testigos de miles y miles de vidas que transcurren dentro, fuera y por el antiguo mercado de Abasto..

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Cerramos este post con el largometraje ganador de la competencia argentina «El escarabajo de oro», de Alejo Moguillansky y Fia-Stina Sandlund. Debo iniciar diciendo que practico mucha empatía con el actor protagónico, un Rafael Spregelburd locuaz y muy apropiado para caracterizar sin escollos la intención de satirizar el mundo del cine.

Un detrás de escena que en realidad es el desarrollo de la cinta. Inicia con la idea de que están por filmar una película de corte independiente y se entremezcla con una búsqueda del tesoro que resultará fallida.

La película que intentan filmar tratará de la muerte de la famosa escritora  Victoria Benedictsson que inspiró al escritor reconocido mundialmente, Edgar Allan Poe… Un film en el que abundan los diálogos, riquísimos, profusos, inteligentes y sofisticados. Su producción, tanto como su puesta en escena es una reflexión en sí misma sobre temas multicausales en los elementos que condicionan las filmaciones de las películas en la Argentina. Mucho paño para cortar, 100 minutos estimulantes de un rodaje que arranca en lo mas alto, y que si bien le es difícil sostener este ritmo de manera pareja durante todo el film, será sin dudas una experiencia bien vivida por el espectador.

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