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#BAFICI 16 (XXIV): Sangre independiente

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El cine de género también se hizo presente en el marco de la decimosexta edición del BAFICI, contradiciendo el “mito popular” de festival de cine independiente es igual a cine conceptual; aquí traemos tres ejemplos en donde el terror dice presente en formas diversas, por supuesto, siempre con la impronta de la vanguardia presente.

 

Con sus seguidores y sus detractores Ti West es un nombre que viene marcando tendencia en el terror en los últimos años. Dirigió segmentos (hay que reconocerlo, los más interesantes) en las fallidas Las crónicas del miedo y El ABC de la muerte; también es el nombre detrás de la interesante House of the Devil, de la secuela de Cabin Fever, y, nuevamente, de la fallida The Inkeepers. Ahora, su nuevo opus The Sacrament (producida por Eli Roth) está dando que hablar en todos los festivales en que se presenta, así llegó a la sección Vanguardia y Género.

Muchos de los tics de sus anteriores obras están otra vez presentes para narrarnos la historia de tres periodistas que mediante la carta de la hermana de uno de ellos van a parar a una comunidad en Sudamérica que en un primer momento parece casi perfecta, pero no tardará en mostrarse como una verdadera secta capaz de manejar las mentes y los destinos de sus seguidores.

Basada en el hecho real de los suicidios colectivos de Jonestown en 1978; West hace uso de ese recurso que parece ser el santo grial del terror independiente norteamericano, el falso documental y el found footage. Sin recurrir a nada sobrenatural, el film imprime muchísimo nervio y la tensión de que algo horrible puede pasar en cualquier momento.

Los recursos antes mencionados son utilizados en un comienzo de modo similar al clásico inigualable Holocausto Caníbal, pero pronto gana el movimiento constante de cámara en mano, el grito aturdidor, y la pérdida de sentidos para el espectador. A mitad de camino, da la impresión de haber podido ser mucho mejor, aunque también bastante peor.

EWEscapeTomorrow

¿Recuerdan el capítulo de Los Simpsons “Itchy and Scratchy Land” en el que la familia amarilla visita el parque temático de Tom & Daly? Imagínense si ese capítulo fuese más directo al hablar de la factoría Disney, y si lo hubiese dirigido el David Lynch de Eraserhead; así nos estaríamos acercando a algo similar a uno de los film más comentados del año pasado, Escape from tomorrow, ópera prima de Randy Moore, que se presentó en la sección Nocturna del festival.

Si la reciente El sueño de Walt se las ingeniaba para decirnos lo mágico que es “el mundo Disney” en medio de la historia de la creadora de Mary Poppins, Escape… es casi su contraparte.

Un matrimonio y sus dos hijos llegan a un parque de diversiones a pasar sus vacaciones (no nos dicen cuál es pero se sabe que el film fue filmado clandestinamente en Disneylandia), muy pronto ese lugar mágico con castillos, juegos y personajes de felpa gigantes, se convierte en un submundo de pesadilla; no tanto por lo que implica el lugar, sino por el comportamiento que los cuatro integrantes comienzan a tener.

Filmada en un profundo blanco y negro, veremos como los niños actúan como poseídos, la mujer entre en una crisis paranoica compleja, y el padre sufre todo tipo de alusinaciones que lo llevan a una neurosis psicópata que lo llevan a relacionarse con dos chicas adolescentes.

Todo da vueltas, se mezclan imágenes extrañas y oníricas, hay una sensación permanente de pánico, opresión y caos; el terror está presente aunque no sabemos bien cómo. Escape from tomorrow no es un film de terror típico, no tiene una narración clásica, ni los golpes de efecto típicos, pero genera una especie de atracción hipnótica, quizás al igual que el lugar al que apunta sus dardos. Más que una crítica al Estudio y a esa corporación específica, Moore la utiliza como metáfora para hablar del capitalismo, el consumismo, y las corporaciones, de entretenimiento y en general.

Puede causar desilusión, desesperación, pero también un extraño encanto. Una obra destinada al culto.

EWNecrofobia

Por último, Argentina nuevamente presente también en materia de cine de género, puro y duro. Daniel de la Vega es casi un precursor del tema en el país, luego de los tintes de comedia violenta de Hermanos de sangre, regresa con todo al terror con Necrofobia 3D, incluida dentro de la Competencia Argentina.

Si depuramos su argumento hasta se asemeja sencillo, Dante (Luís Machín) es un hombre timorato que sufrió el suicidio de su hermano gemelo. A partir de este hecho traumático su mundo seguro parece ir derribándose a pasos gigantes, comienzan a ocurrir una serie de homicidios dentro de su entorno, la policía lo busca como principal sospechoso, y para colmo de males desarrolla la enfermedad psiquiátrica necrofobia; con todo esto, deberá encontrar por sus propios medios al asesino antes de que sea tarde.

Necrofobia se plantea como una apuesta mayor dentro del cine de género argentino en constante crecimiento. Sus ambiciones se notan desde el elenco que incluye además de Machín a Viviana Saconne, Gerardo Romano, Julieta Cardinali, entre otros, y desde la utilización de técnicas más propias del cine mainstream como el 3D (el que hay que decir no aporta demasiado al resultado).

Su historia y su estilo parecen tomar mucho del cine de terror de los ’70, hablamos de los comienzos del slasher, del suspenso duro, del gore, y por supuesto, de la explosión del giallo, su referencia más fuerte. El argumento nos engancha y nos mantiene en vilo como un buen film de los mejores tiempos de Argento o Fulci.

Pero De la Vega también intenta no dejar de lado a sus seguidores de la primera hora, los del terror under extremadamente clase B; ahí es donde se incluyen elementos que enrarecen la película, dónde todo parece más complejo de lo que es, como una suerte de sueño distópico mezclado con lo bizarro.

La mezcla entre un producto más profesional con un estilo extremo no termina de encajar del todo bien, y a la caja china parecieran sobrarles algunas piezas.

De todos modos, estamos frente a un título que cumple con su cometido de ser un paso más en materia de cine de género argentino.

 

Tres títulos en donde la sangre brota de la pantalla; sectas, alucinaciones, zombis, y asesinos son la orden del día, sin perder el toque distintivo que las diferencia de cualquier megaproducción que busca el terror con el simple efecto especial. Algo distinto que el BAFICI también nos ofreció.

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