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#BAFICI 16 (XXII): repasando algunas menciones

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Dentro del vértigo de la cobertura de #BAFICI es hora de ver cómo el público sintió a la Competencia Nacional. Y como hace unas horas se definió la misma, el premio que votó la gente, otorgado por ISAT y Cinecolor recayó en «Mientras estoy cantando», de Julián Montero Ciancio.

Pasamos por Videoteca a verla (no la habíamos visto, recordar que en diez días desfilaron más de 400!) y nos instalamos cómodamente a degustarla. La cuestión es, por qué la gente eligió a este documental? «Mientras…» tiene un protagonista, conocido (the boy-next-door), llamado Juan María Pampín quien trabaja desde hace tiempo en la peluquería Cromo del barrio de Almagro.

Digamos que al autodefinirse, no invoca la palabra corriente para hacerlo (peluquero, estilista?) sino dice que es un artista…plástico y escultor del cabello humano. Original no? Lo que no pasaría de un doc sobre un tipo simpático que se gana la vida cortando el pelo, cobra interés porque el tipo canta. Guitarrea, hace humor, tiene algunas líneas para hablar de temas universales clásicos y se da el lujo de opinar sobre cine.

Todo, por el mismo precio. Ciancio lo retrata como un buscavidas, una curiosidad, y supongo que realmente se recordará «Mientras estoy cantando» por sus canciones. No lo problematiza, ni acosa, ni molesta. Lo deja fluir. Lo presenta y abre su universo para la audiencia. El resultado es desparejo.

A ver, musicalmente está bueno. Entretiene. Y si, todos recordaremos «Ananá al champagne», no le vamos a quitar eso! Pero si hay que decir que el ejercicio de observación quizás no sea tan rico porque el entrevistado dominó la escena.

No está mal pero nos hubiese gustado alguna pregunta más incisiva, un poco más de feedback y un enfoque quizás de mayor desafío para Pampín. El afecto del público no se discute igual, así que este mediometraje seguro dará que hablar en un futuro… O habrá peluquero en el próximo «Cantando por un sueño»? (por ahí convencemos a Marcelo Tinelli que reviva el formato!)!!

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Nos vamos para «Vanguardia y Género» donde recibió mención especial del jurado, «Living Stars». Mañana cierra las proyecciones al aire libre en el Parque Centenario así que pueden buscarla ahí a partir de las 20.

Lo primero que tengo que decirles, es que este cronista amó esta película. Así de fuerte. Y también, que más de un tercio de periodistas en la función de prensa, se levantaron y se fueron al tercer segmento que vieron (aka, tercer bailarín). «Living Stars» es el ejercicio fílmico que hizo la dupla Mariano Cohn y Gastón Duprat (los mismos que hicieron los tres cortos institucionales que vieron antes de cada proyección), creadores de «Televisión Abierta» para mostar retratar la pasión por el baile de la gente común.

Sí, durante esta película, ustedes verán unos 60 bailarines, haciendo segmentos de canciones pop muy populares, en sus casas, garages, jardines o lugares de trabajo. Podrán estar caracterizados para la ocasión o no.

Podrán tener compañía o no. Pero les garantizan espectáculo. De eso se trata la cinta, después de todo. De ver a personas de todas las edades, bailar con pasión y ensayar unos pasos delante de una cámara. Ojo, tampoco crean que la cuestión termina ahí.

Durante cada cuadro, en cada espacio, hay muchos detalles que sirven de referencia y cobran importancia a medida que la canción va interpretándose. Quiero decir, no es una observación fija donde nada se mueve. Hay una composición de cada lugar muy interesante.

Si prestás atención a eso y te dejás llevar por el ritmo que tiene la banda sonora, al poco tiempo te das cuenta que «Living Stars» es un caño. Todos podemos bailar, no importa donde vivamos ni la clase social en la que estemos.

La música y el movimiento nos atraviesan y hermanan, eso dicen Cohn y Duprat y logran un gran hito, un documental que todos recordaremos y del que esperamos fervientemente, una continuación.

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Y para cerrar este tramo, hablamos de la que recibió el Gran Premio de la Competencia VyG: «Manakamana» de los debutantes Stephanie Spray y Pacho Vélez. Es duro decirles que este cronista no cree en los valores que el jurado vio en esta producción nepalesa-americana, más allá de que haya ganado en Locarno.

Digamos que la corriente del Sensory Etnography Lab de la Universidad de Harvard viene haciendo mucho ruido con sus propuestas de observación experimentales. Son cool.

No tuve la experiencia de ver las anteriores, pero leí sobre ellas y si «Manakamana» es exponente de dicha corriente, desde ya que no estoy dispuesto a seguirla. Piensen en un telesférico que va a las alturas de una montaña especial, de alta significación religiosa. Feligreses de distinto tipo van hacia allí para dejar ofrendas, conocer el lugar o simplemente pasear.

El viaje de ascenso y descenso durará unos… 7/10 minutos? Bueno, Spray y Vélez ponen la cámara en la cabina y nos harán pasar casi dos horas, viendo ese proceso con distintos pasajeros.

Sin diálogo ni intercambio. Sólo que en cada vuelta, veremos a uno o más personajes sentados, haciendo, o el ascenso, o el descenso. Sólo los cinéfilos de la veta que entiende este producto como arte puro y conceptual, pueden soportarla.

Para el resto, es un ejercicio casi de tortura en el que nunca parece que ves el final. Original? Quizás! Es buen cine… No, seguro. Es arte, contemplación con intervención y registro de etnias. Nada más.

Ví cosas muchísimo más interesantes en «Vanguardia y Género», una pena que la premiada pase por aquí. Hay más BAFICI 16 antes del cierre, no dejen de seguirnos!

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