Jesse Eisenberg, en su doble rol de director y protagonista, nos trae una cinta que ha sido protagonista de los «Golden Globe» hace muy poco (Kieran Culkin ganó en la categoría «actor de reparto») y que viene haciendo ruido en la temporada de premios. Llega a salas porteñas, «A real pain», viaje emocionalmente complejo que narra la historia de dos primos que viajan a Polonia para realizar un «tour» sobre el Holocausto y homenajear la vida de su abuela, sobreviviente del genocidio.
Ustedes saben que a la Academia, en general, le gusta esta temática y debemos reconocer que Eisenberg elige un tono de respeto y relativa solemnidad para el curso de eventos que propone la historia. La trama comienza en un aeropuerto, donde David (Eisenberg) y Benji (Kieran Culkin) se encuentran después de un tiempo para partir juntos a una aventura original. Ambos crecieron juntos, pero son muy distintos. David es ordenado, metódico, formal, casi asocial. Benji es todo lo contrario. Una emoción caminando. Brillante, talentoso, inestable y sin propósito. Es fácil de imaginar que para ámbos, este viaje será un desafío.
La propuesta se enmarcará tanto en la relación entre ellos (cuasi explosiva, bipolar), como en la reflexión del director sobre los espacios «turísticos» destinados a transitar por las huellas de los lugares donde los nazis perpetraron la masacre del pueblo judío. Eisenberg intenta equilibrar los momentos ásperos de la historia con evocaciones al pasado y sentidas introspecciones de los primos. Todas, realizadas en el marco de un tour en el que los participantes, reflejan bastante de la realidad de la comunidad judía actual (estilo americano, por supuesto) y las opiniones observables dentro del escenario propuesto.
«A real pain» (Un dolor real) podría entonces definirse como una comedia dramática, plagada de movimientos que parecen calcados del cine de Woody Allen (perdón por decirlo!), aunque desde ya, con un eje más definido menos superficial y sofisticado y más atmósfera sombría.
Eisemberg sabe que quiere presentar, entiendo yo, el tour por Polonia como telón de fondo para explorar cuestiones como la identidad judía, el trauma intergeneracional y la compleja relación con el Holocausto en la segunda generación de sobrevivientes. Los lugares visitados, desde los campos de concentración hasta los guetos reconstruidos, son más que simples escenarios: son heridas abiertas que obligan a los personajes a confrontar su pasado. Los primos transitan ese escenario con peleas, afecto, euforia y melancolía.
A favor del director, es cierto que logra capturar la ambivalencia de esta experiencia. Por un lado, el viaje es una oportunidad para honrar a los antepasados y reconstruir la relación entre dos familiares que se quieren y admiran. Por otro lado, el «turismo del Holocausto» plantea interrogantes éticos sobre la forma en que recordamos y representamos el pasado (y ese dato me parece interesante y creo que es una nota destacada del film).
David y Benji irán tejiendo (tal vez, tal vez no), una relación acorde al tiempo que transitan. “A real pain” ofrece notas agudas sobre el ejercicio de la memoria y algunos gags al paso que arrancan alguna sonrisa. Pero como la vida, detrás de cada sonrisa veloz a veces se suceden hechos tristes, que no parecen tener solución inmediata. Creo entender que ésta es una buena película aunque no para el espectador ocasional o corriente, sino para interesados en el tema o seguidores de la dupla actoral. Es una “indie” que no pasa desapercibida.
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Rodrigo Chavero
Periodista, docente y redactor de contenidos. Amo el cine y no hay mejor plan que ver películas.
Coordino Espectador Web desde 2011 y en mis redes hay mucho material de cine, teatro y espectáculos en #CABA.


