«Yo, Narciso»: Una comedia sin riesgo

Después de intentar tornarse un poco más serio y profundo con Mazel Tov, el tercer largometraje dirigido por Adrián Suar pretende darle una vuelta a las comedias románticas desde una premisa ya vista. Lo hace junto a Natalia Oreiro como su pareja protagónica, reunidos tras haber trabajado juntos hace más de diez años en Solamente vos.

El tráiler de Yo, Narciso la vende, al menos, como una comedia romántica que recuerda demasiado a Cómo perder a un hombre en diez días. En aquella película, el personaje de Kate Hudson utilizaba al de Matthew McConaughey como objeto para un artículo que quería escribir, algo que terminaba revelando algo nuevo e inesperado. Acá, Rocío, o Miranda (como se hace llamar el personaje que interpreta Natalia Oreiro), es una profesora de Sociología que quiere escribir sobre el narcisismo y se topa con Máximo Rey (Suar), un hombre que encarna todo aquello que está estudiando y que resulta un ejemplo ideal para desarrollar sus conceptos. Es entonces cuando decide acercarse a él y seducirlo a través de un personaje que inventa. En la vida real es lesbiana y convive con su pareja (Julieta Zylberberg), por lo que este punto nos adelanta que la comedia romántica, en realidad, no va a ir por ese lado (o, al menos, eso esperamos): no estamos ante una historia de amor, al menos no de estilo romántico.

El personaje de Suar está creado por él a su antojo, como un hombre que no solo se cree irresistible sino que realmente es capaz de seducir y cautivar a toda mujer, aun cuando muchas veces es a través de las imperfecciones o rasgos por mejorar de sus físicos. Es que Rey además es un exitoso cirujano que se ha convertido en lo que es “arreglando” cuerpos y rostros de mujeres. El guion lo firman el propio Suar junto a Pablo Solarz.

Oreiro y Zylberberg son las lesbianas cancheras de un imaginario común. Lo mismo ocurre con el amigo gay (Mariano Saborido), que tiene que fingir de manera exagerada ser heterosexual en la trama que idea Rocío/Miranda y se presenta como su pareja, al mismo tiempo que funciona como excusa para frenar los acercamientos físicos del personaje. Aun cuando pretende ser moderna, ciertos aspectos de la trama lucen anticuados y la incorporación de personajes homosexuales aparece desde los lentes de una mirada heteronormativa. Todo luce como una deconstrucción pensada para un público que, en realidad, no se atreve a sentirse incómodo.

La película comienza con una explicación sobre el tema: quién es Narciso, por si agarra a alguno desprevenido. Además cuenta con separadores ilustrados de sus protagonistas con IA que lucen horribles. De hecho, a nivel dirección se ve bastante fea en general, por momentos algo televisiva pero sin una pizca de inventiva, como la cantidad de planos de calles transitadas para pasar de una escena a otra.

Desde lo actoral, Suar hace lo mismo que hizo siempre, incapaz de presentar un registro un poco más complejo. Lo que no puede hacer él lo hacen las actrices a su alrededor. Además de una Natalia Oreiro que siempre parece entender las propuestas a las que se presta, se destaca Camila Peralta como una de las víctimas que no pudo evitar caer ante las garras de un hombre narcisista. Otras, como Zylberberg, Eleonora Wexler o Sofia Morandi, tienen tan poco desarrollo que poco es lo que pueden hacer al respecto. Y sin embargo, cuando aparece Moria Casán (que por cierto un día después de la llegada a salas de esta película estrena su propia serie en la N roja), en su única escena su presencia es tan apabullante que se convierte en el momento álgido de la película, sobre todo teniendo en cuenta que estamos ante una comedia que, hay que decirlo, poca risa venía causando hasta el momento. Ella hace lo que mejor sabe hacer y lleva adelante su única escena de una manera hilarante.

Si hay un tema que da para hablar y profundizar (y muchas mujeres especialmente sabremos ejemplificar), es el narcisismo. Son tiempos donde el éxito, la belleza y la importancia del amor propia prolifera en las redes sociales. Suar no lo aprovecha y se queda solamente en un juego de espejos. Si el narcisista es quien utiliza al sujeto como objeto, como bien marca el personaje de Oreiro en las clases que imparte, sin saberlo, a la hija del hombre al que engaña, ¿dónde la deja parada al utilizar a Rey como su objeto de estudio? Pero tampoco profundiza esa contradicción y prefiere quedarse en el terreno más cómodo de la comedia de enredos. Por esta senda, la estructura lleva la historia a todos los lugares esperados: los encuentros y desencuentros que amenazan con deschavar el disfraz de la protagonista se ven venir sin sorpresas. El resultado es, además, una película que quiere parecer más transgresora de lo que finalmente se anima a ser.

Habrá que acostumbrarse a que estas son las películas que ahora produce el INCAA.

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