«“Wuthering Heights”» (Cumbres borrascosas): Versión libre

Quisiera estar al aire libre. Quisiera ser una niña de nuevo, medio salvaje, robusta y libre, y reírme de las injurias, y no enloquecer por ellas. ¿Por qué esto tan cambiada? ¿Por qué mi sangre corre en infernal tumulto por unas pocas palabras? Esto segura de que volvería a ser yo misma si me encontrara de nuevo entre los brazos de aquellas colinas.
Cumbres borrascosas, Emily Brontë

Desde hace largos meses se viene hablando mucho de esta versión. Primero por la elección del casting tan hegemónico. Luego por las imágenes de un trailer que mostraba inconsistencias de época especialmente en su vestuario llamativo. Pero quizás lo que más da que hablar es que nos la estén vendiendo como una gran historia de amor, ideal para ver en San Valentín. Porque quienes leyeron o conocen un poco la novela, saben que no hay nada romántico ni glamoroso ni de rosa. Sin embargo, todas estas decisiones son válidas; su directora y guionista Emerald Fennell siempre dijo que la suya era una versión libre, no apta para puristas, y le agregó comillas al título.

La única novela que publicó Emily Brontë fue llevada al cine varias veces ya desde la versión de 1939 de William Wyler. El personaje de Heathcliff, el gitano que llega de niño a ser acogido por la familia Earnshaw, se enamora de la joven Catherine y con el tiempo se convierte (o saca a relucir su verdadero interior) en un ser vengativo y oscuro, lleno de rabia, fue interpretado por una variada camada de actores, desde Laurence Olivier, Rodolfo Bebán en una versión argentina que se hizo para la tv, Timothy Dalton, Ralph Fiennes y Tom Hardy. Directores como Luis Buñuel, Jacques Rivette y Andrea Arnold (quien osó poner a un actor negro como Heathcliff) han brindado sus versiones de esta historia tan cargada de matices, sobre todo sociales.

La historia de un amor maldito, de un amor tóxico (expresión que en estos tiempos es usada a veces de una manera tan liviana que de a poco le está restando el verdadero significado), pero también una historia sobre la división de clases, el abuso y la venganza… Emerald Fennell elige una pequeña porción de todo lo que abarca la novela, y a partir de allí crea su propia versión, algo más edulcorada y cercano a un fan fiction. Margot Robbie y Jacob Elordi son dos de los actores más bellos y deseados de estos tiempos, tan cercanos a la perfección que se sienten lejanos, inalcanzables. Aquí son el centro de una historia romántica que apuesta a una especie de guerra psicológica y erótica entre una joven caprichosa de buena familia y un muchacho tenaz que nadie sabe qué ha vivido antes de llegar a esa casa de los páramos. Con el tiempo, la amistad infantil se convierte en deseo, en amor pero las circunstancias (o las decisiones de ella, lo que pesa en las emociones de él) los separan y ella terminada casada con un hombre adinerado que la lleva a vivir a su mansión y le ofrece un mundo lleno de riquezas mientras Heathcliff abandona las Cumbres Borrascosas durante años para volver como otra persona: un hombre elegante y con buen pasar.

Los primeros minutos de esta versión lucen prometedores. Unos niños asisten a una ejecución pública y se divierten observando que el cuerpo masculino al ser ahorcado provoca en su entrepierna un movimiento involuntario. Luego corren de manera juguetona, la niña algo impresionada al haber visto la muerte tan de cerca y quizás intrigada por esa reacción inesperada, a través de esos terrenos desolados y fríos, donde las nubes bajas y la niebla tiñen el escenario de una bruma gris. En la pantalla, con palabras creadas a través de cabello humano, se imprime el título de la película y suena la música de Charli XCX. La cantante y compositora británica lanza así su nuevo y cautivador álbum. Hay que mencionar que la música de la película es uno de los componentes que mejor funcionan: resulta moderna y dramática; y el disco se puede disfrutar por sí solo y deja en evidencia la evolución musical de la cantante.

Uno de los principales problemas de la película es el tono. Tiene buenos atisbos de picardía, parece querer ser juguetona, pero en cuanto al eje principal, que es la historia de amor entre ellos dos, todo es narrado de una manera plana y superficial. Los decorados llamativos (hay una chimenea con esculturas de decenas de manos sobre ellas que podrían simular ser almas), los vestuarios de Jacqueline Durran victorianos y atemporales (hay una mezcla de géneros pero también mucho brillo en las joyas), y hasta elementos de arte (como las frutillas de un tamaño exageradamente irreal) que pueden ser tan polémicos como atractivos resultan desaprovechados, azarosos. Esa mixtura con lo moderno podría haber dado paso a una relectura interesante de la novela, ya que tanto se enfocó en la historia de amor entre ellos dos, con un acercamiento reflexivo hacia el feminismo y las posiciones de poder por ejemplo pero no necesariamente, y sin embargo lo poco que se cuestiona queda ahí, en la superficie.

«El Deseo como fuerza irresistible que nos empuja hacia alguien que nos parece absolutamente único e imprescindible, cuya posesión imposible ansiamos; la tensión insoportable del deseo, los delirios de la posesión, el misterio del agotamiento del deseo, la incapacidad absoluta para desear, el deseo como infierno inagotable: ese vértigo que hace de nosotros a la vez dios y demonios, ángeles y animales, esa es la materia del arte erótico», explica de manera clara en su libro de ensayos el escritor conocido por sus cuentos y novelas de alto contenido sexual, Ercole Lissardi. Si bien al comienzo de narrarnos la relación de amor entre Catherine y Heathcliff, el deseo dice presente (en las miradas, en los gestos, en los labios, en los dedos, en el aire), en cuanto la relación es consumada y por lo tanto el deseo desaparece, Fennell pierde el rumbo con el registro de encuentros y desencuentros sexuales que se tornan reiterativos y ni siquiera llegan a ser provocadores desde lo visual, lo pornográfico (no hay un milímetro de piel). Todo luce anodino, y hasta algo pacato si la idea era transmitir esa pasión arrolladora que solo nos puede llevar a la destrucción. Lo más atrevido queda reflejado en el Heatchcliff previo a su regreso, cuando la sorprende a Cathy y tiene para con ella algún gesto que solo a personas demasiado pacatas podría parecerle realmente provocador cuando es más bien vainilla.

Quizás por la falta de química entre ambos actores pero sobre todo por la falta de profundidad en las motivaciones de sus personajes desde el guion, es que esa sensación de fatalidad, de amor imposible pero palpable por su cercanía, aquello que ha alimentado tantas historias y fantasías de amor, no logran ser transmitidos con la intensidad necesaria. Personajes secundarios como el de Nelly (que interpreta Hong Chau) o Isabelle (interpretada por Alison Oliver), la joven que caerá en las garras de Heathcliff, cuentan con unas pocas pinceladas más interesantes aunque quedan relegados a brindarnos unas pocas escenas sugerentes y permanecer en el fondo. El actor Owen Cooper (protagonista de la exitosa serie de Netflix, Adolescence) con pocos minutos de pantalla logra destacarse con su interpretación del joven Heathcliff

Desde lo técnico, la fotografía de Linus Sandgren consigue imágenes hermosas pero el montaje apura escenas y cortes que parecen hechos para una generación más acostumbrada a ver videos en el celular que una película en pantalla grande. Lo mismo pasa con algunas secuencias que lucen como un clip musical y no mucho más.

Esta versión termina siendo una tragedia melodramática repetitiva y sin mucha gracia que, si no fuese por sus protagonistas y (sobre todo) el marketing, hubiese pasado sin pena ni gloria ante nuestros ojos. Pero de Emerald Fennell, en su tercera película tras Promising Young Woman y Saltburn, se esperaba al menos algo de transgresión. A la larga, no hay riesgos acá. Lo peor no radica en lo mucho que se aleja de su material original (de esa historia oscura cargada de fantasmas y vampirismo), lo cual no deja de ser una decisión, sino en que no propone nada nuevo o distinto.

La buena noticia es que tenemos un álbum nuevo de Charli XCX y suena maravilloso.

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