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«Whiplash»: tensión a puro ritmo

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Whiplash es el nombre de una canción, pero sobre todo es el nombre de una historia. Cuando un chico que sueña con ser un baterista recordado se encuentra con un clásico que tiene que hacerlo suyo, más le vale destacarse. Esto viene de la mano de un tutor que está muy dispuesto a reventarlo contra la pared las veces que sean necesarias para poder descubrir qué tiene él para dar.

Esta película, sobre esta simple premisa, tiene dos cosas importantes: una fotografía oscura, con mucha madera, bien de encierro y música de conservatorio y un guión que permite un duelo de titanes.

Los actores tienen que entregar absolutamente todo lo que tienen bajo la manga para hacerla funcionar y lo logran. El personaje principal a cargo de Miles Teller, es un chico retraído por momentos, pero que se destaca porque tiene la disciplina de poder alcanzar el éxito que pretende.

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Está aburrido de la mediocridad que lo rodea (según su perspectiva, claro) y sabe que el talento es importante pero más importante es el duro trabajo para destacarse.

Él la verdad es que resulta un poco antipático (cosa que también tiene que marcarla desde el guión) y logra mantener esa sensación de estrés, angustia y ansiedad. JK interpreta a Flectcher, un hombre que cree que uno debe ganarse el derecho a pertenecer a una banda y por eso tiene que presionar más de lo que cualquiera puede tolerar. Imposible dejar de mirar a JK Simmons en este film.

Es más grande que todo. El film, dirigido por Damien Chazelle, está basado en un corto que él mismo escribió y dirigió en el 2013 y es su cuarta producción con él a la cabeza.

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Hay que tener en cuenta que todo el ritmo de la edición se basa en golpes de batería (con muchos cortes directos y el paso a la siguiente toma), planos cerrados muy en detalle, planos aberrantes donde el personaje siempre está a punto de romperse frente a nosotros o nosotros mismos somos los que vamos a rompernos si tanto está en juego en el repiqueteo de cada platillo.

El resultado final es una muy buena película, emocionante y con memorables actuaciones. Seguramente recordarán la tensión durante mucho tiempo luego de que se termine el film.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

La música como medio de ascenso y crecimiento personal. El ritmo y el esfuerzo para demostrar a los demás que nada está perdido cuando el empeño se somete a la exigencia.

«Whiplash: Música y Obsesión» (USA, 2014) llega para recuperar un tipo de cine que durante mucho tiempo gozo de popularidad: el cine musical basado en historias que con el esfuerzo como bandera permiten narrar otras situaciones que se relacionan a sentimientos profundos que se solapan detrás de los sueños por lograr trascender en el mundo de la música.

En «Whiplash: Música y Obsesión » hay tres protagonistas excluyentes, Andrew Neyman (Miles Teller), Terence Fletcher (J.K. Simmons) y claro, una batería. Todo comienza cuando en uno de los conservatorios musicales más prestigiosos, Andrew, se desvive por demostrarle a Terence su habilidad por tocar la batería.

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En un primer acercamiento veremos como el joven se somete al maestro con un solo gesto o una palabra y entendemos no solo que la relación entre ambos será complicada, sino que la supuesta pasividad con la que Andrew inicia su relación con Terence ira modificándose. Andrew vive tratando de demostrarle al mundo sus logros y también su trascendencia en lo que hace.

Su padre lo ubica siempre a la sombra de sus conocidos, y más allá de compartir con él algunos «rituales» (ver películas clásicas) hay algo que no se dicen que le molesta. Casualmente con Terence será una relación completamente diferente, porque él le dirá todo en la cara, y en ese decir directo hay una aprobación del otro que Andrew necesita, y quien en su familia nunca ha encontrado.

Cuando entra a la orquesta de cámara de Terence y en los ensayos se someterá a las exigencias de este, mientras su vida personal comienza a acomodarse al iniciar una relación con Nicole (Melissa Benoist), la vendedora de golosinas del cine al que siempre va. La competencia nacional de orquestas comienza y con ella la presión, el desgaste entre Andrew y el medirse con los demás para demostrarle al mundo que es el mejor baterista que acaso alguien haya soñado escuchar.

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Pero la relación con Terence se tensa y la expulsión de Andrew de la orquesta hará que el filme vire hacia un lugar extremo y complicado del que luego puede salir con soltura gracias a la música. Damien Chazelle, en su cuarto filme, crea un filme entretenido y que en una dinámica inspirada en la teoría del amo y el esclavo, genera una tensión y suspenso que mantiene en vilo al espectador hasta el último momento.

La música como vector de la narración y el despliegue audiovisual que utiliza recursos técnicos básicos (panes, detalles, tomas aéreas, planos contrapicados, etc.) para transmitir la pasión de los protagonistas es uno de los hallazgos. El otro, claro está, son las interpretaciones de Teller y Simmons, como así también la recuperación para la pantalla grande de Paul Raiser, algo que le otorga más acercamiento, empatía y familiaridad al filme.

«Whiplash: Música y Obsesión » es una película que transmite la pasión de los que sueñan en voz alta por trascender en lo suyo, y principalmente por triunfar a fuerza de ensayo y error (más errores que logros) para obtener un resultado positivo dentro de un área.

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