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“The Maze Runner” (Correr o Morir): Encerrados

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Ya es momento de otra adaptación más de una saga literaria juvenil, de esas que parecen ser ya pensadas en el texto para ser llevadas a la pantalla grande. Esta vez, hablamos de la saga de «Maze Runner» escrita por James Dashner y que, por supuesto, se convirtió en u best seller inmediato. El asunto recae en manos del director debutante en el largometraje, Wes Ball, con mayor experiencia en el departamento de arte, y se nota en el resultado.

Una mezcla de varios formatos, de variadas fuentes, allá está una atmósfera similar a la de Los Juegos del hambre, pero es imposible no recordar a «El Cubo» o «La Habitación de Fermat», y no tanto a aquella preciosura ochentosa y glam de Jim Henson llamada Laberinto. Un joven (Dylan O’Brien) que en un principio no recuerda su nombre pero luego sabrá que se llama Thomas, llega mediante un ascensor de carga aun territorio cuasi selvático, despojado de todo aspecto de civilización actual, habitado por un grupo de jóvenes, todos varones, en la misma situación que él.

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No recuerdan cómo ni por qué están ahí, pero en cierta forma, en esa desolación están encerrados. Unos enormes bloques d cemento los mantiene rodeados y entre ellos un laberinto formado por los mismos bloques con un mecanismo que cambia todas las noches y vigilado peligrosamente por unos seres llamados los Penitentes.

Esa es su única forma de salir de ahí, pero nadie se atreve a desafiarla, o casi nadie, entre ellos hay un grupo llamado “los corredores” que noche tras noche se adentran hasta donde pueden y trazan un mapa del lugar, inútil porque al día siguiente cambia. ¿Hace falta decir que Thomas viene a cambiar las reglas? ¿Qué él no está dispuesto a quedarse en el molde y que quiere entrar al laberinto para salir? ¿Hace falta aclarar que Thomas es un joven especial y que en su pasado hay más de un secreto así como que en el lugar hay más de un secreto?

Sí, «Maze Runner» tracciona a fuerza de clichés, de una fórmula establecida para este tipo de relatos que tanta pasión despierta en los jóvenes. Pero en un punto redobla la apuesta y supera esa barrera. Ball dota al argumento, bastante lineal y hasta previsible, de mucho dinamismo, ritmo y vértigo. Es una de esas películas que podemos decir, no decae nunca. El espectador se mantiene atento y entretenido durante todo el metraje y logra que nos interesemos en el destino de esos jóvenes.

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También esos personajes, aunque estereotipados, se ven con carnadura y hasta varios matices y capas, permitiendo cierta identificación. Una puesta en escena correcta, al igual que la fotografía abundante en tonos verdes sucios, ayudan a crear esa atmósfera de encierro en aire libre.

La musicalización también realiza un aporte inteligente remarcando ahí donde mayor tensión se necesita, para focalizar y enfatizar. Por último, una mínima pero fundamental presencia de esa gran dama de la actuación que es Patricia Clarckson hace que todo nos termine de cerrar. Una aventura de manual pero sin que eso nos resulte molesto, «Maze Runner» ofrece más de lo que uno podría esperar de un producto de este tipo, y eso sólo ya es demasiado. Logra diferenciarse con buenas armas y sale airoso aun cuando el proyecto pareciera comenzar a derrumbarse.

Definitivamente, un desafío en el que vale la pena prenderse. Por supuesto, hay garantía de saga cnematográfica.

Anexo de Critica por Rolando Gallego

Una nueva adaptación de saga literaria juvenil, y ante el evento uno ya no sabe que es lo que le deparará el destino. Por suerte «Maze Runner: Correr o Morir» (USA, 2014) se ubica en un lugar positivo y logra un producto de calidad con toque nostálgico, asemejándolo a filmes clásicos familiares y de aventura de los años ochenta.

Mezcla de “Costa Mosquito” con “Los Juegos del hambre” en «Maze Runner» se plantea una comunidad de jóvenes aislados que deberán luchar por su vida en un espacio abierto y que periódicamente reciben la incorporación de un miembro al equipo. Por obra de un grupo de científicos inescrupulosos, encabezados por Ava Page (Patricia Clarkson), los jóvenes no solo llegan al lugar en estado de inconsciencia, sino que además no recordarán cualquier estadio previo a su desembarco.

La acción en «Maze Runner…»comienza cuando Thomas (Dylan O’Brien) es abandonado en el lugar y trata de entender primero su situación y luego en quien debe confiar y con quien aliarse del resto de jóvenes. Imposibilitado tratará de encontrar algunas respuestas en Chuck (Blake Cooper) o Alby (Ami Ameen) quienes no sólo le mostrarán los secretos del lugar, sino que lo introducirán en la filosofía y lógica de convivencia. Fuera del “claro” en el que habitan los jóvenes, y siguiendo la lógica que le imparten de “Haz tu parte. No hagas daño a otro.

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Nunca vayas más allá del muro.” Thomas se preguntará el porqué de su llegada ahí y alguna vía de escape. Pero no hay respuestas, o sí, pero las mismas las comenzará a buscar por sí solo atravesando esa inmensa muralla que lo separa de algo que nadie sabe qué es, pero que a través de un grupo de “valientes” que corren diariamente en el inmenso laberinto cambiante que circunda el lugar, seguramente está.

La división entre los jóvenes, que se identifica con la tarea asignada, será lo que luego genere cierto “motín” ya que el más nuevo, el recién llegado, comenzará a abrirle los ojos a aquellos que hace tiempo están aislados y que nunca han podido pensar por sí mismos. Enfrentado a Thomas se encontrará Gally (Will Poulter), alguien tan irracional y empecinado en seguir reglas que nunca llegará a comprender la visita del primero como una posibilidad de cambiar su presente para así poder salir a la vida real.

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La película, dirigida por Wes Ball, profundiza sobre las relaciones humanas que penden de un hilo principalmente en situaciones extremas y se apoya en escenas de gran impacto visual para lograr sostener una narración que, de un planteo simple y ya visto en sagas juveniles anteriores, hace un discurso verosímil y concreto. La nostalgia que impera en toda la cinta es también posible gracias al espíritu aventurero de “Maze Runner…”, porque en el tratar de encontrar una salida a la opresión del presente, corriendo a través de los oscuros pasillos de los laberintos se arma una épica dinámica y ágil.

En el laberinto está lo oculto, lo que no se dice, lo que justamente en su ausencia mantiene el sentido de las reglas iniciales, abriendo el juego a un estadio onírico en el que la empatía con los jóvenes hace que todos queramos escapar con ellos. Entretenida. Una sorpresa.

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