«The Dog Stars» (La guerra de los últimos): Volver a empezar

Con 88 años, Ridley Scott estrena su nueva película. Basada en una novela de Peter Heller y con guion de Mark L. Smith, es una historia que imagina un futuro apocalíptico cercano, tras una gripe que exterminó a gran parte de la humanidad. La protagoniza Jacob Elordi junto a Josh Brolin, Margaret Qualley y Guy Pearce.

Hig es un viudo que aprendió a sobrevivir gracias a dos compañías fieles: la de su perro Jasper y la de Bangley, un militar huraño que lo ayuda a defender el aeropuerto abandonado que les sirve como refugio. Si bien carga todo el tiempo con el dolor de la pérdida de su mujer, utiliza sus dotes como aviador para ayudar a una pequeña comunidad menonita. Los que sobreviven en este mundo han aprendido a vivir de lo esencial, de la tierra, y el estado de Colorado se convirtió en el escenario donde Hig puede hacer un bien y también encontrar un poco de aire entre las nubes, en esos vuelos que sirven un poco como escape de una realidad incomprensible.

La amenaza constante es la de un grupo de infectados que se mueven sin una pulsión muy clara hacia la destrucción. Seres como animales salvajes que cada tanto acechan y quieren atacar. La rutina se ha convertido en eso: defender viajar de manera periódica hasta la ciudad de Denver a buscar provisiones. ¿Hasta cuándo se podrá vivir así?

Cuando sucede un nuevo ataque inesperado, esta vez más grave y que marca a Hig, toma la decisión de abandonar, quizás provisoriamente, quizás de manera definitiva, ese lugar fijo y dentro de todo seguro para ir en busca de una voz que cada tanto aparece en la radio de su avioneta. Una voz que se convierte en un faro, en la posibilidad de un mundo un poco más parecido al que supieron tener… y decide ir a por ella.

El guion está estructurado a través de diferentes momentos, como episodios de una serie. Esto hace que al principio se sienta que tarda un poco en arrancar y que después no parezca nunca terminar de decidir por dónde quiere ir. Tampoco ayuda la inconsistencia en el tono: a veces hay acción y sangre y una sensación de peligro pero en general apuesta a un clima calmo que se apoya en la interacción entre los personajes.

Cuando la avioneta cae en un lugar donde no tenía previsto detenerse, conoce a Cima y a su padre. El hombre que se hace llamar Pops se presenta como una especie de espejo de Bangley, alguien que entendió que el mundo es hostil y que la mejor defensa es el encierro. Pero su hija Cima, una mujer que al igual que Hig carga con su duelo, de a poco va quitándose ese caparazón y abriéndose hacia el joven.

En esta serie de peripecias, el camino continúa. Porque siguen sucediendo cosas y los escenarios también van cambiando, y entra Allison Janney con un personaje y una secuencia extraña e incómoda que descoloca, en especial por lo rápido que sucede todo. Hig no se transforma, es un personaje que siempre, en todas las adversidades, se muestra humano y empático. Lo que puede llegar a transformarse es su interior, ese dolor que carga y que le pesa, y por lo tanto la razón por la que hace lo que hace. Quizás en algún momento deje de sentir que debe algo (¿a quién?).

La película no desarrolla mucho más de lo que sucedió en el mundo para llegar a ese estado. No parece nunca interesarle la parte distópica como espectáculo (a excepción de aquellas escenas de acción que desentonan), sino apostar a lo humano, a esa necesidad de volver a lo esencial. A veces lo que tenemos se da por sentado y por lo tanto no se aprecia del todo hasta que se pierde.

Ridley Scott tiene oficio y demuestra su pulso para cada escena, desde las de acción hasta aquellas más intimistas. Lo que no acompaña es un guion sólido, aquí se pierde en vericuetos y plantea más de lo que resuelve. Funciona mejor a la hora de presentar y desarrollar gran parte de sus personajes y sus interacciones intimistas antes que cuando los fuerza a vivir situaciones que pueden sentirse impostadas dentro de lo planteado.

Si bien podría parecer una reimaginación de lo que podría haberse convertido la pandemia, la novela fue publicada en 2012. Supongo que desde hace un tiempo hay una sensación latente de inminente fin de una era, de que quizás sea necesario volver a empezar, reescribir un poco la historia de la humanidad. No se puede volver atrás pero capaz es posible accionar de otra manera, cambiar algo para que algo cambie. Pensarnos un poco más solidarios.

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