«Zoolander 2»: los modelos y su andanzas

En una época de una Hollywood plagada de secuelas era de esperarse que Zoolander, aquella película de discreto estreno pero que se terminó convirtiendo en algo de culto, también tuviera la suya.
Ben Stiller, director, protagonista y uno de los guionistas de la película, vuelve a encarnar al modelo ridículamente apuesto que supo interpretar junto a Owen Wilson, el modelo Hansel a quien Zoolander se enfrentó en la pasarela (dirigido ni más ni menos que por David Bowie) para luego terminar siendo su amigo.
Aquella película del 2001 se destacó no sólo por ser una comedia con chistes tan tontos y absurdos que funcionaban, sino que retrató de manera excesiva y paródica el fascinante mundo de la moda.
Quince años después se perdió la novedad, lo absurdo, los chistes fáciles, ya no sorprenden, no obstante, especialmente gracias a los actores (es más, aparece Will Ferrell y la película repunta muchísimo) siguen haciéndonos reír.
En este caso, el modelo está resguardado alejado del mundo tras haber perdido a su mujer en un accidente con el centro que construía al finalizar la primera entrega, y a su hijo, cuya tenencia le quitan. Por otro lado, Hansel vive junto a un grupo de personajes amando libremente.

Ambos reciben una curiosa pero necesaria invitación de parte de Billy Zane para viajar a Roma y volver a las pasarelas de la mano de una especie de Donatella Versace interpretada por una casi irreconocible Kristen Wiig. Pero no todo lo que brilla es oro y lo que les espera no es precisamente el reconocimiento y la fama que esperaban recuperar. Mientras tanto, estrellas del mundo pop están siendo misteriosamente asesinadas, como Justin Bieber, quien deja una pista en una selfie antes de morir.
A cargo de este caso, está Valentina, una ex modelo española interpretada por Penélope Cruz, actriz que no siempre suele obtener buenos papeles cuando se trata del cine hollywoodense, pero acá se defiende bastante bien con la comedia. Como mencionaba anteriormente, en Zoolander 2 ya no hay novedad y muchos chistes se repiten o se terminan de completar con la película anterior.
Además hay una incontable cantidad de famosos que se prestan para cameos, no todos tan aprovechados (y algunos que nos dejan con ganas de más, como Benedict Cumberbatch). Y el tono es incluso más absurdo que en la primera. El mundo de la moda como algo frívolo y superficial sigue siendo el escenario elegido, no es casualidad que la película se suceda en una de las capitales de la Moda.

Es incluso en el último tercio de la película, aquel que mencionaba que repunta mucho gracias al gran y desatado Will Ferrell interpretando a su icónico Mugatu, donde los cameos relacionados al mundo de la moda se dan uno detrás de otro, sorprendiendo incluso que alguien a simple vista tan serio como Anna Wintour se preste a jugar con ellos.
No es necesario ser un gran conocedor de ese mundo para captar todos los chistes ni los cameos (se lo menciona a cada uno por su nombre, por si no los conocemos) que se dan en ese momento.
Resumiendo, Zoolander 2 no es una secuela necesaria, pero muchas veces la moda tampoco lo es, son más bien obsesiones y caprichos. Y si bien en algún momento se siente que la fórmula ya no funciona del mismo modo, lo cierto es que algo de brillo sigue habiendo, por lo que uno no se va decepcionado de la sala. Claro, esto si la primera nos gustó.
Si nunca se pudo entrar en ese mundo, acá mucho menos, porque desborda de todo lo que había en ella. El tiempo demostrará si esta película llega, no digo a convertirse en una de culto, pero al menos a dejar en la historia del cine de la comedia líneas tan memorables como lo supo hacer la primera.
