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«The hundred-foot journey» (Un viaje de diez metros): el cocinero de las estrellas

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El sueco Lasse Hallström es un director talentoso que en los últimos tiempos no ha acertado con sus decisiones a la hora de elegir material. Viene de conducir tres films mediocres, con estrellas americanas e inglesas («Dear John», «Salmon fishing in Yemen» y «Safe heaven») y discretas taquillas, así que todos esperábamos con ansias este «hundred-foot journey» para comprobar que esté nuevamente en la senda creativa correcta. Para ello, Hallström elige rodar una adaptación del bestseller de Richard Morais del mismo nombre.

Esta historia entonces, plantea ejes como el desarraigo,la búsqueda, el enfrentamiento de pasiones culinarias y respeto por la diversidad cultural, instalada en territorio francés. Muchos elementos (ingredientes) dentro de una propuesta fragante, en la cual se percibe que el mayor desafío es lograr un ensamble donde las intenciones se sustenten a pesar de su variedad y complejidad.

Sí, porque si bien «Un viaje de diez metros» es una película que superficialmente gira sobre la comida y las diferencias culturales entre Francia e India, propone explorar en detalle algunas cuestiones más profundas . Entre ellas, la rebelión frente al poder de lo ancestral, el reconocimiento del otro como medio para enriquecer el saber propio y la fortaleza de espíritu que debe tener cualquier inmigrante que desee quedarse a vivir y trabajar en la dura Europa de estos días. Hassan (Manish Dayal) llega con su familia a territorio galo.

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Han dejado una vida ruidosa en Heathrow, Inglaterra (porque los «vegetales no tienen vida» ahí) y llegan a la campiña francesa a buscar un lugar para establecerse. Abandonaron su tierra natal (Mumbai) luego de un incidente que los llevó a cerrar su etapa de la peor manera. Papa (Om Puri) entonces encuentra por accidente un restaurant abandonado en una localidad del sur de Francia y fuerza a su familia a quedarse y abrir un local gastronómico hindú.

El problema es que elige montarlo justo enfrente de «Le Saule Pleureur», clásico en la zona y con una estrella Michelin como motivo de orgullo. La gerenta de ese restó es la metódica e inflexible Madame Mallory (Helen Mirren), quien rápidamente intentará neutralizar el crecimiento de su rival a través de métodos lícitos y de los otros, para forzar a la familia hindú a dejar el lugar.

Pero Hassan, chef estrella de la apuesta familiar «Maison Mumbai», cometerá la osadía de interesarse por la comida francesa y con la ayuda de la encantadora Marguerite (Charlotte Le Bon) apostará a su olfato y gusto para hacerse un camino entre las ollas y pasar de ser un extranjero «ruidoso», a cruzarse de vereda y enriquecer su arte en una cocina que puede darle la proyección que necesita.

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«A hundred-foot journey» es una cinta donde el refinamiento visual está servido a la carta. Hallström busca contrastar culturas desde el primer instante y aunque no siempre acierta, logra mostrar algunas ideas sobre resilencia y victoria, todas de larga cocción.

El problema es que así como Hassan mezcla especias y abusa del cardamomo para mi gusto (lo siento, tenía que decirlo), la misma alquimia se repite el relato, demasiadas cosas suceden en poco tiempo y algunas conductas en los personajes, se modifican más rápido de lo debido.

Hay poca participación para los secundarios y la acción se reduce demasiado a los conflictos internos de Hassan y la lucha entre su padre y Madame Mallory. Además, el cineasta sueco elige brasear la propuesta y dejarla reposar 122 minutos a fuego lento, para lograr el sabor que busca…

Quizás un exceso (el último cuarto sobra, seguro). Es superior a los últimos trabajos del sueco, sin dudas, aunque cierta repetición de ideas conspira contra su resultado final.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Detrás de “Un viaje de 10 metros” (USA, 2014), de Lasse Hallström, no sólo está el oficio de un gran realizador que ama el cine, sino que, principalmente, con el apoyo de figuras como Steven Spielberg y Oprah Winfrey en la producción, el best seller de Richard C. Morais es adaptado con gran respeto hacia los espectadores y con buen gusto.

Dentro de la corrección de Hallström, y en la línea de una narración que recupera las atmósferas que ya desplegó en “Las reglas de la vida” o “Chocolate”, por citar sólo dos ejemplos, en la historia de Hassan Kadam (Manish Dayal) un cocinero nato y autodidacta hay mucho del ideal de cumplir un sueño a toda costa y le pese a quien le pese.

Escapando de India, Hassan (Dayal) junto con su familia, liderada por Papa (Om Puri) un viejo cascarrabias y muy testarudo, terminará instalándose por accidente en un abandonado restaurante en Saint-Antonin-Noble-Val, sur de Francia, lugar de aristócratas y nobleza que se sorprenderá con los recién llegados, principalmente Madame Mallory (Hellen Mirren), gerenta del “Le Saule Pleureur”, el exclusivo salón del lugar.

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El contraste entre la familia Kadam y Mallory (Mirren), que rápidamente decidirá recuperar el tiempo perdido abriendo frente a “Pleurer” el restaurante hindú Maison Mumbai, será el principal vector de una historia que reivindica la búsqueda personal, la amistad y la pasión por el arte culinario.

Además el amor hará que entre encuentros fortuitos de Hassan con una chef del restaurante contrario llamada Marguerite (Charlotte Le Bon), que lo introducirá en la cocina francesa, y luego la incipiente atracción entre Mallory y Papa (Puri) doten de una fuerte variedad temática a la película.

De dura adaptación del extranjero a un nuevo lugar, pasando por el esfuerzo por mantener la cultura bien cuidada frente al embate del otro, el amor entre opuestos y la guerra de restaurantes, todo desfila con naturalidad frente al lente de Hallström, que además aprovecha para criticar la creación de nuevas deidades que nada tienen que ver con las religiones tradicionales.

Es que Hassan es presentado como un luchador nato, que a fuerza de enfrentamientos va consiguiendo todo lo que se propone, hasta el punto de traicionar a su familia y cruzar esos diez metros que separan ambos restaurantes para trabajar junto a Mallory y conseguir así el perfeccionamiento en la alta cocina francesa y las estrellas que necesita el salón para seguir vigente.

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Luego conseguirá el éxito y se alejará de la aldea para triunfar con la nueva cocina, tan insípida y artificial que al probar en un pasaje un bocado de comida hindú llorará como un niño sin parar. La transformación de los personajes, principalmente la de Mallory, quien de a poco verá como esos extraños ruidosos que pusieron un restaurante oloroso frente a su amado salón se irán acercando a ella sin ningún prejuicio o prurito, es uno de los puntos más altos de un filme que apuesta a recetas ya vistas sin exigencias.

“Un viaje de diez metros” es un opulento plato de cine, bien presentado y con buenas actuaciones, que encontrará un público ávido en saber más de las aventuras de esos hindúes especializados en el arte de cocinar y hacer ruido (según Mallory) una fábula entretenida y bien narrada, con paisajes bellos y un exotismo que exuda desde la primera escena.

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