«Still Alice» (Siempre Alice): cuando lo que importa es la esencia

No soy actriz, pero en mi fantasía alguien que es un apasionado de esta profesión y/o que es muy bueno en ella, busca constantemente desafíos. Es por esto que hay cierta epidemia de películas biográficas donde el valor también está en poder convertirse en alguien que es reconocible para el público, o de enfermedades, porque eso también implica hacer un cambio en su imagen.
Cuando veía esta película me dije que era la única razón posible para que Julianne Moore estuviera a la cabeza de este guión. “Siempre Alice” apunta a la historia de una mujer que es un genio, una doctora en lingüística que empieza a perder las palabras y a desorientarse y al hacerse una serie de estudios, es diagnosticada con Alzheimer de un tipo prematuro (y por supuesto genético para condimentar más) que pondrá a toda la familia en jaque.

Como responde a un planteo tan real como los hechos en la Tierra Media, resulta que tiene el matrimonio perfecto, que se aman profundamente, son ricos y sus hijos viven pegados a ellos. Ella cocina maravillosamente bien, sus hijos dejan su vida para cuidarla, su marido deja su vida para cuidarla. El resto del casting se completa con Kristen Stewart, la niña mimada del cine indie (por momentos entiendo por qué y por momentos no puedo recordar mis propias razones) que es la hija rebelde, Kate Bosworth que es la hija perfecta que todo el tiempo compite por el amor de la madre con la menor, y el hijo del medio Shane McRae quien casi funciona como un bastón del personaje de la madre.
La película es un concurso de golpes bajos. Todos aquellos que te puedas imaginar o temer de la enfermedad, aparecen de la manera más terrible posible. Ella se desorienta, se desespera, es hereditario, pierde su carrera. Hechos cual efecto dominó para que cada vez sea más miserabilista. Los directores son Richard Glatzer (también quien adaptó la novela) y Wash Westmoreland quienes co dirigieron “Quinceañera” y el Cycle 20 de America’s Next Top Model. De verdad. No es que esté mal dirigida, de hecho por suerte decidieron que lo mejor era dejar que Julianne estuviera casi todo el tiempo en pantalla, pero carece de imaginación.

Cuando ella se desorienta, hacemos un travelling circular, cerrando la profundidad de campo entonces ella parece más encerrada y desvalida. Cuando ella se presenta dos veces, te lo tienen que mostrar en una cena familiar cuando todos los testigos sienten que el estómago se les encoge y siempre teniendo a todos en foco, seguido de primeros planos sobre todo a su pobre marido que tiene que hacerse responsable.
La película formalmente no es mala, pero es un personaje tan de cine, que no traspasa la pantalla para convertirse en humano. Igual, entiendo que es todo de Julianne y por eso su interés en el proyecto. Me hubiera gustado que su Óscar hubiera llegado en alguno de sus impecables trabajos previos. Pero, así es el showbusiness.
Anexo de Crítica por Fernando Sandro
A determinada etapa de sus carreras, hay actrices/actores que parecieran alcanzar un nivel en el que su sola presencia puede levantar cualquier película por más mediocre que sea. Julianne Moore llegó a ese nivel superlativo hace rato, y es puesto a prueba ¿por primera vez? en Siempre Alice, una película en la que ella (y en parte el resto del elenco) se eleva por sobre un nivel técnico y autoral que va de la media para abajo.
La actriz de Nueve Meses es la Alice del título, una profesora de lingüística a la que se muestra como poco menos que una superdotada, intelectual, correcta, analítica, y a la vez dulce. Lo tiene todo, un buen trabajo, un muy buen pasar y una familia que los Ingalls serían disfuncionales en comparación. Pero su futuro no se presenta color de rosa, comienza a olvidar las palabras y le diagnostican un Alzheimer prematura y galopante.
Esto será un aprueba a superar no solo para ella sino para toda su familia que la acompañará en todo momento. Su esposo (Alec Baldwin), y sus hijos (Kate Bosworth, Kristen Stewart, y Shane McRae) e olvidan de su vida personal y se dedican pura y exclusivamente a Alice y su drama. Película de protagonistas ante enfermedades irrefrenables, las hemos visto millones de veces, tanto en salas de cine como en salidas directo a video/televisión.

El asunto es que el film co-dirigido por Richard Glatzer y Wash Westmoreland está mucho más cerca de ser de los segundos. A los veinte minutos (como mucho) de iniciado el film, comenzamos a preguntarnos qué hace este elenco de figuras de renombre en una película así. El guión adaptado por Glatzer de la novela homónima, no elude ni intenta eludir un solo golpe bajo y lugar común de este tipo de historias.
Alice pasa de la vida soñada a la pesadilla constante de un instante al otro, sin progresión de ningún tipo, todo lo que le sucede es lo mismo por lo que es inevitable sentir cierta reiteración. Son varias las situaciones que se resuelven abruptamente, o decisiones de los personajes qu cuesta creerse con un mínimo de verosimilitud. Siempre Alice luce forzada, aún en las decisiones de cámara que atienden a las mismas cuestiones de quere cerraar cuestiones de modo apresurado con un giro de foco o con largos travellings que parecieran decir algo que el film no demuestra (ese recurso tan televiso del entorno circular para mostrar la confusión del personaje).

Ante esto, nos queda el refugio actoral, el gran porcentaje que de mi parte se lleva la puntuación otorgada a este film. Si bien los personajes tienen poco desarrollo y resultan más bien unilaterales, por alguna razón, los actores se los creen y dan lo mejor de sí; incluso Kristen Stewart está en un nivel muy superior al de sus films más populares. Pero quien lleva el relato adelante y quien tiene que sufrir todo el metraje es Julianne Moore, ganadora del Oscar a Mejor Actriz por este papel.
Ella sola se come la película, cada vez que comenzamos a aburrirnos o amagamos a abandonar la sala, aparece ella (que por suerte está siempre en cámara) y con un gesto nos convence de quedarnos y aguantar un rato más. Que la actriz haya ganado el premio Oscar que le fue negado en otras cuatro ocasiones, tiene sentido únicamente como una suerte de reconocimiento a la trayectoria; aquí la encontramos en una labor perfecta, pero luchando contra un film que no la sigue.
