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«Solo para Dos»: Rupturas, enredos y encuentros en el Caribe

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«Sólo para dos» es una nueva comedia romántica local, producida con standares internacionales y exponente del abordaje del género que se está intentando desde el Sur. Lo cierto es que ya desde el poster, nos preguntabamos cuál sería la química entre Martina Gusmán y Nicolás Cabré siendo que su entrenamiento proviene de distintas fuentes. La mujer de Pablo Trapero ha trabajado mucho los dramas, y Cabré es una estrella popular.

El director de la película es Roberto Santiago, un madrileño que ya cuenta con algunas películas más en su curriculum, sin embargo esta es una coproducción entre su país natal, el nuestro y Venezuela.

La película comienza con una ruptura de pareja. Diez años estuvieron juntos, son un ejemplo para los tórtolos que visitan su resort de las Islas Margaritas, pero Valentina siente que la pareja ya está desgastada y quiere abandonarlo a Gonzalo. Pero ese mismo día arriba una tanda de parejitas dispuestos a pasar una linda y muy romántica estadía en el lugar.

Entre ellos, un cantante, Jairo, con una joven muchacha, una admiradora  suya que no parará de provocarlo, y un hombre solo, al que su mujer lo acaba de abandonar, Mitch, Nicolás Cabré.

Esta es una comedia de enredos en la que los personajes estarán más enredados que nunca, donde ninguna pareja está a salvo, y que, en definitiva, termina siendo una mirada ácida sobre el matrimonio.

Martina Gusmán es una mujer hermosa pero si bien tiene experiencia tanto en cine (siendo protagonista de todas las últimas películas de su esposo, Pablo Trapero) como en teatro (hizo «Extraños en un tren» y actualmente está en cartelera con «La casa de Bernarda Alba»), parece no hallarse en el género, no se la siente cómoda.

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La actuación de Nicolás Cabré se parece demasiado a personajes que ya interpretó en la tv, sin poder despegarse nunca de la imagen que la audiencia tiene de él, y esta vez, cuesta que desde la butaca haya empatía con su trabajo.

El resto de la galería de personajes están desparejos, sobresaliendo aquellos de nacionalidad española.

Quizás el mayor problema de la película radica en el guión, en la cantidad de idas y vueltas que no siempre están bien definidas ni terminan bien, y un humor casi ausente que instala un registro a veces un poco alejado emocionalmente. Si a esto le sumamos que sentimos poca chispa en la pareja principal, en su mayoría, al film se le hace cuesta arriba alcanzar la seducción necesaria para complacer al espectador corriente. Una propuesta que se ubica lejos de lo esperado, aunque es otro intento por encontrar un camino en el género que se sostenga en el tiempo.

Anexo de Crìtica por Rolando Gallego

Sin haber visto “Solo para parejas” (USA, 2009) cuando me acerqué a “Solo para dos” (España/Argentina, 2013) de Roberto Santiago, pensé que iba a ver un intento de rom com yanqui, pero me encontré con una entretenida y pasatista comedia que va buscando su propia identidad a medida que avanza en el metraje (como afirmándose en su “argentinidad”, pese a ser una coproducción).

Con un elenco multinacional, encabezado por Martina Gusmán (Valentina), y Santi Millán (Gonzalo), la trama gira sobre un matrimonio en crisis, a punto de separarse (o más bien que Valentina abandone a Gonzalo), dueños de un  resort en Isla Margarita, que da nombre al film, y los engaños que surgen entre ellos a partir de la llegada al spa de Nicolás Cabré (Mitch), un argentino que hará “ruido” entre ambos.

Mitch llegará llorando luego que fuera abandonado por su mujer (Paula Kohan) en medio de la luna de miel. Testarudo, decide ir al resort, más alla que para poder ingresar sí o sí, tiene que estar en pareja. Gonzalo hará la vista gorda y lo dejará ingresar, sin saber que no sólo se relacionará afectivamente con su mujer, sino también con Tania (Marianela Sinisterra), que a su vez terminará con él en la cama (o mejor dicho en el mar)

También estará en el Solo para Dos Jairo (Antonio Garrido) un cantante internacional especializado en timar a mujeres pasando por ingenuo.

El jazz y estilizados trazos gráficos para los títulos animados, nos ubican desde el primer momento en un contexto bastante particular, vacaciones y el paradisíaco Caribe. Es que siempre el tiempo de descanso es el ideal para los enredos, ¿o no? y justamente acà hay mucho de X engaña a Y, Y se entera o al menos X lo cree, pide consejo a Z, terminan todos “enfiestados” porque ya no saben cómo seguir mintiéndose.

Cuando Gonzalo engaña a Valentina, rápidamente le quiere contar, pero su amigo Jairo (el cantante que de cada experiencia que vive quiere hacer una canción) le dice que lo peor que puede hacer con su mujer es el “sincericidio”. Por eso calla. Pero luego Valentina se siente atraída por Mitch (que además seduce a Tania) y las mentiras entre ambos surgirán.

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Y como bien sabemos las mentiras tienen patas cortas y los enredos se multiplicarán y se mostrarán en la pantalla con un timing logrado y actuaciones correctas para esta película (Cabré emulando a Francella es un verdadero hallazgo).

Otro gran protagonista de la cinta es el resort, que si bien, y quizás por una cuestión climática, no es aprovechado principalmente en sus espacios exteriores, le dan un aire internacional a la película. Siempre, a mi entender, los exteriores logran darle a los filmes un plus (repasando el reciente cine argentino en “Vino para Robar” ó “Corazón de León”, sucede esto).

Roberto Santiago sale airoso con esta comedia que seguramente encontrará en seguidores de Cabré y en el mercado internacional varios adeptos. Para disfrutar en pareja, o no.

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