«Quelques heures de printemps» (Algunas horas en primavera): cerca del fin

Lindon protagoniza un drama de Stéphane Brizé que al principio parece que va a ser sobre su re adaptación, tras salir de la cárcel, al mundo real. Pero no, lo principal radica en otro lado, en su casa, en la casa de su madre, en la convivencia entre estas dos personas que se quieren pero que no pueden pasar tanto tiempo juntos, no pueden demostrarse afecto,son fríos.
Pero mientras él sólo logra ver a su madre como una especie de estorbo, no nota que a ella le sucede algo más, algo que calla, que se guarda para ella. Y es algo que él descubre de casualidad: una enfermedad terminal.
Ninguno de los dos sabe cómo afrontar un futuro irremediable. Ella sólo sabe cómo no quiere hacerlo. No quiere ser un vegetal. Y es por eso que se informa y termina decidiendo que va a morir con dignidad, en otro país, en Suiza, porque en este no es legal. Ni su hijo ni su doctora están de acuerdos con semejante decisión pero nadie va a impedirlo, sino que deciden acompañarla en su decisión, al fin y al cabo es la única que tiene derecho a hacerlo. Y es en estos momentos en que Alain (Lindon) comienza a acercarse a su madre, sin palabras, probablemente de un modo en que nunca antes lo había hecho.
En el medio conoce a una mujer, interpretada por la siempre bella Emmanuelle Seigner, pero así como él no sabe cómo lidiar con su madre, tampoco sabe cómo llevar adelante una relación, y termina tratándola de una manera que ella no se merece.

El film es un drama duro, y trata este tema de la eutanasia de manera delicada, elegante, sin ponerse ni a favor ni en contra, pero sí mostrando lo difícil que es. Difícil para el hijo que no quiere ver a su madre morir, pero también difícil para la persona que decide hacerlo, que después de estar tanto tiempo firme, estalla en llanto y miedo.
Dolorosa es la experiencia pero indudablemente recomendable. Un film que no puede dejar indiferente a su audiencia y que no debería pasar desapercibido por la profundidad de su tratamiento.
Anexo de crítica por Rolando Gallego
“Algunas Horas de Primavera” (Francia 2012) de Stéphane Brizé es una película reflexiva sobre algunas problemáticas actuales como las relaciones parentales, la soledad y la muerte. Filmada de manera natural, con planos estáticos, muy pocos diálogos y algunas escenas minimalistas que sólo reflejan rutinas y mínimos gestos en las duras caras de Alain (Vincent Lindon) e Yvette (Hélène Vincent), su madre, los protagonistas excluyentes de la propuesta.
Alain tiene casi 50 años y luego de salir de la cárcel por una falta menor (contrabando) vuelve a vivir a con su madre, una anciana estricta y llena de TOC’s y mucho odio contenido.

La tensión entre ambos no se hace esperar y es así como un olor (el del tabaco que fuma a escondidas en su cuarto Alain) puede ser el detonante de una catástrofe.
Entre ellos no dialogan, porque ninguno de los dos sabe cómo relacionarse con el otro, ni con nadie, pero sí le muestran afecto a su perro, que con el transcurso de los días será el botín de guerra. Alain es solitario, pero tiene un amigo (Ludovic Berthillot desempleado como él y hace un tiempo “amo de casa”), con el que juega en algunas oportunidades al bowling.
En uno de los partidos conoce a Clémence (Emmanuelle Seigner) y pasan la noche juntos. Y nada más que eso, porque no sólo no puede hablar con su madre, en realidad Alain no puede hablar con nadie.

Un día discute fuertemente con Yvette y se va de la casa. Se refugia en lo de un vecino que curiosamente mantiene una cuasi relación amorosa con su madre. El extremo de la incomunicación se potencia cuando la madre decide envenenar al perro.
Alain un día buscando alguna pastilla para dormir en un cajón de la madre encuentra una solicitud de suicidio asistido y ahí la película, que gracias a la maestría de Brizé, venía son un ritmo acompasado y lento vira a una segunda película en la que la dura verdad de Yvette (enferma con un cáncer irreversible) nos duele a todos.

Alain no entiende qué pasa con su madre, o mejor dicho, no lo quiere saber, y mucho menos preguntar (algunas respuestas pueden ser muy incómodas). Todo sigue su camino natural.
Hasta que se acerca ese momento duro de la revelación y de acompañar hasta el último momento a Yvette. “Algunas Horas de Primavera” es una película dura, cruda, real, impactante, que construye en sus silencios y agonías una increíble reflexión sobre el amor, ese sentimiento que ni al más solitario y parco de los seres humanos debe faltarle.
