miamadre_1_ew

«Mia Madre»: una historia de vida

miamadre_1_ew

La actriz Margherita Buy se pone en la piel de un personaje inspirado en el propio director, Nanni Moretti. Al igual que él, Margherita (sí, el personaje lleva el mismo nombre que la actriz), se encuentra intentando terminar su más reciente película mientras la enfermedad de su madre amenaza con llevársela al otro lado (la madre de Moretti falleció mientras él terminaba «Habemus Papam»).

Lo curioso del film es que más allá de su trasfondo dramático, Moretti nunca termina de adentrarse en el drama sino que, aprovechando especialmente la subtrama sobre el rodaje de la película con fuerte contenido político y social que su directora quiere realizar y un actor estadounidense (John Turturro) caprichoso no se lo hace nada fácil, el tono del film es desparejo, dando como resultado una experiencia más bien agridulce.

>miamadre_2_ew

Moretti (que se reserva un papel secundario como el hermano de la protagonista) pone al frente a de su película a una mujer por momentos decidida pero a la vez una especie de parodia de él mismo como realizador, es difícil despegarse de su imagen más allá del cambio de género. Una directora que en algún momento se da cuenta de que tomó malas decisiones y que por el sólo hecho de ser la directora nadie la frenó y le dijo que era una mala idea cuando en realidad «el director es un pelotudo».

«Mia madre es la historia de una lucha emocional, y también una reflexión sobre mi trabajo como director y la imagen pública que de ese trabajo se tiene», definió de manera precisa su director cuando presentó la película en el Festival de Cannes.

miamadre_3_ew

Así se encuentra Margherita, con sensaciones encontradas y un tumulto de contradicciones, aquellas que Moretti imprime en un relato con alta carga emocional por momentos y bastantes dosis de humor en otros. Quizás nunca hay un mix un poco más interesante de ambos, sino que están más bien separados, lo que hace que el tono sea algo desparejo.

El personaje que hace John Turturro le brinda bastante frescura al film pero no puede evitar caer en ciertos estereotipos de actor que se cree más grande e importante de lo que es. Además, las secuencias oníricas terminan resultando excesivas, y haciendo de la narración algo más complejo de lo necesario.

«Mia madre» es más bien un cine contenido. Personal y autobiográfico sin dudas, pero al que le falta un poco de profundidad.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

De su profundo dolor por la pérdida de su madre, Nani Moretti decidió narrar en «Mia Madre» (Italia 2015) el camino desandado por una realizadora cinematográfica (Margherita Buy), que en medio de un complicado rodaje, ve como su madre (Giulia Lazzarini) se va apagando y alejando físicamente de ella.

Enferma, internada, con un diagnóstico complicado, Ada (Lazzarini) se mantiene ajena a los cuidados diarios de sus hijos, Margherita (Buy) y Giovanni (Moretti), quienes se desviven por tratar de encontrar la mejor terapia para sus últimos días.

Enfocada en Margherita, «Mia Madre» bucea en los fantasmas y alucinaciones de una mujer que supo en algún momento dirigir toda su energía productiva hacia lugares luminosos, pero que, enfermedad de la madre y crisis personal mediante, en la actualidad no sabe cómo canalizar sus dudas, cuestionamientos y rutinas.

mia_madre_4_ew

Para colmo de males, y para sumarle mucho más stress a la ya para nada fácil tarea de cuidar a un familiar enfermo, la incorporación al filme en el que está trabajando de un actor norteamericano descendiente de italianos (John Turturro) le complicará su realidad hasta niveles insospechados.

Moretti trabaja los dos mundos, el del cine, en donde Margherita es una líder democrática hasta la llegada de Barry (Turturro), y el de la familia, en donde cede frente a algunas decisiones tomadas por su hermano o por su hija (una adolescente con ganas de llegar a los objetivos de la manera más rápida y fácil) para hablar de su propia realidad.

El punto de vista elegido, el de la directora, lo acerca a cuando él mismo realizaba «Habemus Papa» y se enfrentó con la muerte de su madre, pero también con la desolación de encontrarse huérfano en un mundo en el que los afectos determinan la identidad.

«Mia Madre» juega con lo onírico, y allí le permite a Margherita la transposición de los restos diurnos felices, en algunos casos, con los que Moretti fantasea en poder reencontrarse con su madre y su familia.

mia_madre_5_ew

Porque más allá de la temporalidad escogida para narrar, también el director busca con algunos de estos sueños o con algunas escenas de flashbacks, construir la relación entre la directora y su madre, quizás emulando algunas que él mismo vivió con su progenitora.

Ada día a día se deteriora, y va dejando este mundo no sin antes legar en sus hijos el amor con el que en su pasado educó a varias generaciones en el idioma latín. Curioso es que justamente en sus últimos días, su erudición tan sólo puede ser transmitida a través de su mirada, que cristalina va apagándose y no le permite ni siquiera dialogar.

Moretti entiende la difícil situación de una familia que se va despidiendo en vida de un ser esencial, la madre, y lo plasma con maestría en un relato desgarrador, honesto, doloroso, en el que la sola extensión de sus anécdotas termina configurando un microuniverso verosímil para entender la realidad suya, la de Margherita y la de miles de personas que a diario ven como sus seres queridos se van físicamente de ellos.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *