«Mariposas Negras»: una luz que sume en la oscuridad

El documental de Lorena Riposati comienza con el punto de vista de una mariposa, una mariposa que sobrevuela a una niña que juega y ríe en medio del verde. Es por momentos como esos por los que los protagonistas lucharon y siguen luchando a lo largo de los años.
La lucha contra la subestación Rigolleau es el tópico principal de «Mariposas negras», esas mariposas que luego aparecen sobrevolando y son muy distintas a las que recordaban de hace muchos años atrás. ¿Qué pasó? En el 2005, los vecinos de Berazategui del barrio aledaño a la fábrica Rigolleau, detectaron que los cables que instalaban frente a sus casas eran de alta tensión y alimentarían la subestación eléctrica que Edesur instalaría.

Alertados, descubrieron que esto les traería un grave peligro. Vecinos del barrio de Ezpeleta, a pocas cuadras de allí y que conviven aún con la Subestación Eléctrica Sobral, llevan contabilizados casi doscientos muertos por cáncer y más de cien enfermos. Éste es el punto de partida para una lucha incansable entre vecinos. Algunos en la calle, con manifestaciones, publicitando, recorriendo casas, realizando festivales; otros formándose para comprender el peligro real que se esconde detrás de la contaminación electromagnética; y otros que terminan siendo presas de la represión policial.
Son principalmente mujeres (aunque hombres, mujeres y niños luchan por igual) las que comandan cada una de estas formas de lucha, mujeres que no pueden entender cómo alguien que construye eso no es consciente de que atenta contra la vida de personas que pueden ser sus amigos, vecinos y sus propios hijos. El film recopila diferentes facetas de una pelea que parece no tener fin, porque como dicen allí, lo que logran principalmente es retrasar algo que de todos modos parece que va a venir, a quedarse.

Riposati recolecta así historias de familias, muertes, amor y sobre todo miedo, miedo por un futuro negro, porque los principales afectados por este tipo de contaminación son los niños, quizás por eso las figuras de las madres están tan presentes a lo largo de todo el film.
Una película necesaria, que da a conocer una problemática que muchos ignoran, y que además muestra un gran trabajo recopilando información, testimonios, y a la vez su realizadora le aporta una estética especial de mano de la animación.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Las mariposas negras, tan bellas como hipnóticas, son en el imaginario popular portadoras de supersticiones y malos presagios. Tal vez por este motivo Lorena Riposati en su segundo filme, las utiliza para el título «Mariposas Negras» (Argentina, 2014) y también como nexo vector en el relato.
En «Mariposas…» asistiremos a la lucha de un grupo de vecinos del conurbano bonaerense, que, autoconvocados, se opusieron durante años a la plena instalación de una planta energética ya que fueron conscientes desde siempre de los peligros y daños que ésta iba a generar en la población.
Así, el filme se desarrollará como una crónica de los hechos, a veces a través de entrevistas, otras a través del simple acompañamiento de la cámara, de algunos de los sucesos más importantes en los que este grupo participó y luchó, pese a las amenazas, la resistencia policial, y la desolación con la que a veces se encontraron.

Riposati además refuerza la narración con la participación de voces especializadas en diferentes materias, las que se suman al relato para dotar de fuerza «científica» aquellas denuncias que tal vez tan sólo en la enunciación quedarían infundadas.
La muerte revolotea a los protagonistas, como esas mariposas negras que desde la animación intentan dinamizar el relato, casi como una pastilla de color en medio de tanto relato oral desgarrado de enfermedad y desaparición de seres queridos.
Porque también otro de los puntos de «Mariposas…» es su acercamiento con la muerte desde la palabra, algo que también hace con la enfermedad, que más allá de la inevitable puesta sentimental a la que por momentos se apela, hay una verdad encarnada en oraciones en cada una de las personas que Riposati entrevista y que suman al relato general.
La utilización de las mariposas como nexo discursivo es quizás uno de los puntos menos logrados de la narración, pero se entiende que su incorporación haya querido funcionar como un recurso más bien «modernizador» de la propuesta que una posición estilística marcada.

En el buscar la subjetividad de la mariposa que mira a la niña con la que se inicia el relato, es un trazo muy grueso que podría haberse obviado, porque en el intento de generar una poética específica con esa imagen, se termina, en realidad, quitándole veracidad a la propuesta.
«Mariposas Negras» se suma a una larga lista de narraciones documentales que intentan, a partir de la denuncia, dar un testimonio de la denodada lucha de un pequeño grupo de personas frente a gigantescos monstruos corporativos que arrasan con personas y derechos peses a saber el mal que están generando.
Como película de denuncia funciona, y eso es quizás lo más interesante de una propuesta que, a partir del seguimiento durante años de sus protagonistas, termina por construir un relato sobre la lucha incansable, la superación de obstáculos y el nunca bajar los brazos a pesar de la soledad de la lucha en la que uno está embarcado.
