koan_1_ew

«Koan»: las bifurcaciones de una vida

koan_1_ew

Seres de luz, diría Claudio María Domínguez. Desde el vamos, Koan es una peli extraña. La realidad y la ficción se cruzan en este relato en el que Lao, un hombre con un don sanador, se encuentra con su otra mitad, no como si fuera un hermano gemelo sino verdaderamente su alma gemela, o la mitad del yin o el yang que correspondiera. Este encuentro trata de despejar su angustia al no poder salvar a una joven del padecimiento que la va paralizando de a poco.

A Lao le pesa su don y desde el comienzo, veremos un desfile de enfermos que van recuperándose, mientras Minervina empeora, sus momentos de meditación, su vida cotidiana en un lugar lleno de naturaleza. Por el otro lado, vemos a Olkar, que es fotógrafo y vive en Madrid pero como por telepatía que se vuelve realidad, se transporta a El Bolsón, donde se producirán las conversaciones con Lao.

koan_2_ew

A Olkar le fascina trabajar con la luz y eso puede ser la pista para el sanador, que en su crisis está por perder su propia imagen detrás de unas máscaras de arcilla, elemento de unión con las fotografías de Olkar.

Ópera prima de Osvaldo Ponce y Karina Kracoff, trabaja muy bien la estética creando una atmósfera mágica. El pecado de la peli es ser demasiado independiente y no haber cuidado tanto la dirección de actores (molesta un poco la manera de hablar de Olkar/Lao) y el casting (muchos de los personajes secundarios son interpretados por el mismo equipo técnico). Tanto Ponce como Kracoff se ocuparon de lo que saben hacer, fotografía (Ponce) y montaje (Kracoff). Ponce fue además el guionista y dirigió junto a Kracoff, que entre sus últimas intervenciones fue montajista del documental en el que se retrata la vuelta de José Martínez Suárez al pueblo que lo vio nacer.

koan_3_ew

La presentación del filme se hizo en el 4to festival Leonardo Favio en Bolívar, Provincia de Buenos Aires en el mes de agosto. Tan artesanal como la cerveza y los dulces del sur, puede servir para calmar ansiedades. No faltarán ni la escena de la «fumata terapéutica» ni la de pico cebolla y hago que cocino, lugares comunes en los que caen muchísimos realizadores en el último tiempo. Antes era la escena de sexo forzada, no aporta nada pero tiene que estar. En el balance entre aciertos y errores mi balanza se inclina por el positivo aunque falte todavía un toquecito de horno.

Cine arte independiente, de a ratos una poesía en imagen o la búsqueda de la imagen para resolver un enigma del propio yo. En el principio habrá un cuento antiguo que nos introducirá en el conflicto de este personaje esotérico que tiene su contrapartida en un hombre de ciudad que le ayudará a ver la luz de un instante de descubrimiento.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Si bien «Koan» (Argentina, 2014) de Karina Kracoff y Osvaldo Ponce se presenta como una narración tradicional desde lo formal, hay más de experimento y juego en sus imágenes y progresión que la ubicación de la película en un género discursivo específico.

Y si uno acepta ese juego y regodeo con el que Kracoff y Ponce atraviesan el relato, es mucho más fácil poder conectarse con esta historia de personas que buscan la sanación a partir de la imposición de manos y el trabajo espiritual que Lao (Claudio Giovannoni), un maestro Zen capaz de curar a aquellos que lo necesiten y que se acercan diariamente a su cabaña.

Pero cuando Minervina, una joven con un problema de desplazamiento se presenta ante Lao y este comprende que su misteriosa habilidad ha dejado de funcionar correctamente. Angustiado, comienza a redoblar sus esfuerzos por conectarse consigo mismo para comprender qué es lo que le pasa y por qué no puede sanar a la mujer.

koan_4_ew

Entonces así «Koan» se plantea como una doble historia, una que habla de un hombre que ayuda a los demás y que de un momento al otro pierde sin explicación aparente su capacidad de «curar» artesanalmente a los demás, y por el otro la narración de un complejo proceso en el que una mujer intenta a toda costa poder ser igual a los demás trabajando con esfuerzo para evitar quedar relegada por sus imposibilidades en el camino de la vida.

En la mitad del relato, y sin motivo aparente, Lao se enfrenta a un personaje llamado Olkar, un fotógrafo español que recorre el mundo buscando imágenes que le permitan expresar su mundo y anhelos más profundos y que tiene la particularidad de ser igual a él.

Así «Koan» termina por cerrar su propuesta con un hombre escindido que intenta complementarse con el otro igual en apariencia a él pero que en realidad dista mucho de ser similar en cuanto a creencias y formación.

koan_5_ew

Entre el mundo de la sanación y la exploración personal del protagonista es en donde Kracoff y Ponce pondrán el acento de su propuesta, un filme que avanza digresivamente con imágenes en las que predomina la naturaleza y los escenarios acordes a Lao, principalmente en aquellos momentos en los que la esperanza desaparece y acude a la meditación personal para poder conectarse con sí mismo.

El mito del hombre bifronte revisitado con un novedoso tratamiento que prima la espontaneidad en la actuación, con una dirección más clásica de cámaras y una puesta en escena que también quiere desaparecer detrás de los imponentes espacios naturales en los que Lao y Olkar se conectarán con ellos y con el retorno de los poderes de Lao para finalmente poder curar a Minervina.

«Koan» posibilita un acercamiento al cine desde un lugar sensorial diferente, en donde la belleza de los paisajes se conectan con una banda sonora atractiva y sugerente que refuerza el sentido de las imágenes, y que claro está, como ejercicio de exploración que es tiene mucho potencial, aún a pesar de las falencias que narrativamente se le puedan encontrar.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *