«Mad Max: furia en el camino»: apocalipsis sobre ruedas

36 años después de la épica Mad Max, la primera, con Mel Gibson, George Miller vuelve a poner en primer plano, con una poderosa vuelta de tuerca, al loco guerrero de la carretera. Estos son los casos en los que el espectador se pregunta, si es que vio la original y sus secuelas, qué habrán hecho con aquello de lo que uno luego convirtío en una película de culto. Mad Max era material de estudio de cátedras de producción audiovisual, más que por su contenido, por la fotografía de las persecuciones.
Mis recuerdos rondan en las violentas peleas en un desierto, donde los autos son transformers vintage, la naturaleza y los humanos son hostiles entre sí y se sobrevive por los últimos recursos que permiten la vida. Aunque mi recuerdo más patente es Tina Turner con el hit «We don’t need another hero» y sus cabellos salvajes. Nada de la locura de esa primera trilogía se perdió y es más se potenció, ganó todavía más, tecnología que ayuda, en la fotografía, en el arte, en los vestuarios y caracterizacones. Digo que si la hubieran hecho sólo en versión 2D pegaría de la misma manera que en 3D.
Lo que sí me gustaría es que hubiera una proyección en IMAX(r), ¡eso sí sería una locura total! Eso parece que es lo que Robert Rodríguez, director de «Sin City» y otras películas del género, dijo al ver sólo unas tomas de lo que Miller estaba haciendo y se preguntó además, cómo «diablos había llegado a filmar tales escenas». Si bien hay uso de lo digital, se nota la destreza en el manejo de cámaras, a cargo del director de fotografía, ganador del Oscar por «El Paciente Inglés», John Seale.

Los 120 minutos que dura el filme son casi sin respiro a pura acción, música estridente (pero que no molesta), casi no se nota el metraje, y uno se sumerge, como protagonista de la trama, en esa carrera frenética por salvar a las parideras, esposas de Inmortal Joe, el villano, de sus garras y llevarlas al Mundo Verde, donde puede darse una nueva vida.
Creo que Charlize Theron, como la Emperatriz (guerrera de élite) Furiosa, opaca a Tom Hardy, que es el héroe del título. En conjunto hay química y sinergia, sin embargo, en las escenas en las que ella decide, su actuación es brillante y es de esas heroínas fuertes, como las de Angelina Jolie o Sigourney Weaver. Es una película que le da mucho más poder a las mujeres, pues las esposas y las Vulvalini, tribu de la que fueron robadas Furiosa y su madre, tienen los suyo y han aprendido a sobrevivir y pelear por reencontrarse con los suyos.
Verán que la belleza de esta mujer, aquí, rapada y siempre con la cara llena de tierra, seguirá intacta en su coraje. En el caso de Tom Hardy como Mad Max, Gibson, no se extrañó en ese papel. Les dejo la inquietud, ¿aparece o no en alguna escena? (Los que lo saben no spoileen). Igual, poniendo en una balanza, su rol se acopla con los otros personajes y funciona muy bien.

No han perdido vigencia las demandas ecológicas y sociales. Me parece que hoy más que nunca, aunque presenciemos esto que es una ficción, no se muestra tan lejana esta distopía cuando vemos que el agua, el petróleo y los suelos fértiles son tesoros que en manos de tiranos, vuelven a los otros esclavos y guerreros por la defensa aunque sea de una migaja de esos dones.
Espectaculares escenarios de Namibia y Australia sirven al camino entre la Ciudadela gobernada por Inmortal Joe que sacia la sed de sus conciudadanos para que lo sigan adorando y trata a los humanos como bolsas de sangre que vuelve más locos a los zombies que custodian al dictador. Mad Max, es la bolsa de sangre de Nux, un joven que se está convirtiendo en guerrero zombie. Sigan su camino a lo largo de la película pues aún en medio de toda la locura y la violencia, surgirán sentimientos de ternura, adopción, amistad, amor y redención.
Por todo esto y más, creo que es el estreno de esta semana, que no hay que dejarla pasar e invito a hacer un trato entre padres que vieron la trilogía original e hijos que siguen a «Maze Runner» o «Los Juegos del Hambre» para que vayan juntos y hagan intercambio de experiencias y ninguna de las generaciones, puedo apostar, quedará defraudada.
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Nada hacía suponer que detrás de la nueva visita al universo de “Mad Max”, que el propio realizador Geroge Miller hace en “Mad Max: Furia en el camino” (USA, 2015), se iba a esconder uno de los productos comerciales más sólidos y brillantes que el cine ha brindado en los últimos años. Con el prejuicio de querer seguir creyendo que nada puede superar a un clásico, Miller nos tapa la boca a todos y convierte en un espectador al borde del infarto aún al más escéptico con su particular visión del mundo apocalíptico que creó para esta nueva entrega de la saga.
Esta entrega es entretenimiento puro. Donde la luz en algún momento suavizó las miserias y en un lugar donde la esperanza terminó sembrando algún vestigio de humanidad, una sociedad completamente partida y quebrada, con recursos naturales escasos, y en las que las diferencias son dictadas por Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), un déspota que a fuerza de engaños y sometimiento lidera los destinos del pueblo, se convierten en el escenario ideal para la aventura.

Del otro lado estará Max (Tom Hardy), un ex policía, que acosado por las pesadillas que su propia mente le genera, y habiendo perdido a los suyos, deambula por las desoladas y polvorientas carreteras en busca de la esperanza que le permita volver a su eje. Pero en el camino es apresado por un grupo de secuaces de Inmortan, que para utilizar su sangre en uno de los fanáticos extremos de él, lo torturaran y serán capaces de dejar su vida por el intento de mantener el status quo y el orden dentro del pueblo sometido.
Mientras es utilizado, Max aprovecha un descuido y se une a Furiosa (Charlize Theron), una de las líderes preferidas de Inmortan, que decidirá traicionarlo, y en vez de salir a la ruta a buscar petróleo para su jefe, tratará de llegar a una ciudad “verde” en la que ella alguna vez fue feliz. El raid en el que ambos se envuelven, con un claro confrontamiento de intereses inicial, es sólo superado por el intenso climax que se mantiene de inicio a fin en una increíble persecución y vorágine violenta que sólo suma delirio en cada paso que avanzan.

Con un despliegue visual, que suma, además de los áridos paisajes de los caminos, el trabajo sobre cada uno de los personajes, el desborde presentado, único, impactante, es superado escena a escena por cada integrante que se va sumando a la historia. Furiosa alberga en el interior del camión en el que iría a buscar insumos a un grupo de mujeres que no son otras que las diferentes “esposas” de Inmortan, de hecho una de ellas está embarazada y a punto de parir en cualquier momento por el nivel de stress en el que se verá involucrada.
También a ellos se sumará un secuaz del déspota (Nicholas Hoult) quien decidirá cambiarse de bando al comprender que con Furiosa y Max podrán finalmente hacerlo encontrar su propio destino. Con un inicio arrollador, y un guión que va depositando tensión a lo largo de cada indicio de información que se va brindando, si bien su propuesta por momentos desborda, es en el todo de “Mad Max: Furia en el camino”, en su amor por el slasher, el cine clase B, y principalmente por una utilización del 3D inteligente (que termina hasta agobiando) es en donde George Miller disipa prejuicios con un discurso apocalíptico desesperanzador, pero que a la vez genera un espectáculo único e irrepetible para ser disfrutado en la pantalla grande. Increíble. Impactante. Grandiosa.
