«Lore»: el fin de la inocencia

Nuevo trabajo de una directora australiana que prometía mucho («Sommersault» es un film que deberían conocer) y que, luego de haber no acertado con su segundo opus, vuelve a una línea de trabajo en la que parece obtener los mejores réditos: hablar del final de la infancia, los cambios hormonales y psicológicos desde la perspectiva femenina, tanto sea del adulto como del adolescente en sí.
Hablamos de Cate Shortland, por supuesto. Y de este film del 2012 que tenemos esta semana en cartelera: «Lore». Lo primero que hay que agregar a lo que ya venimos anticipando, es que esta vez, el pasaje de niña a mujer, lo vive la protagonista en un escenario único: la Alemania en 1945, en las horas finales de la Segunda Guerra Mundial.
Hitler ha caído, sus hombres están en retirada, nada queda del poderío nazi. Y sus oficiales de rango están tratando de resolver sus situaciones familiares antes de entregarse. El padre de nuestra protagonista, Hannelore (Saskia Rodendahl) traslada a su numerosa familia antes de presentarse a ser juzgado por los vencedores. Su mujer, hará lo mismo unos pocos días después. La mayor del grupo de niños recibe la triste noticia de que el Fuhrer ha caído y que el sueño que vivían, de vida acomodada y cuidados, también ha terminado.

Y es más, Lore, ubicada en una casa de campo de su familia, con sus 4 hermanos y a los 14 años, deberá lidiar no sólo con decirles, lo que sucedió, sino de trasladarse desde donde están hasta la casa de su abuela en una localidad muy lejana, sin dinero ni mucha idea de como llegar hasta allí. En el camino, encontrarán a un joven judío que los ayudará a tratar de seguir vivos y alcanzar el lugar que buscan para dejar atrás la pesadilla diaria de la superviviencia en un territorio que se ha vuelto hostil.
La cinta de Shortland está basada en un bestseller y el proceso que hace nuestro personaje principal está bien logrado. Esta cuestión de un descubrimiento a dos vías: el de su condición de mujer, ya obligada a dejar la niñez por una cuestión básica como la de ser cabeza de su familia y el entender el horror del que formaban parte sus padres, perteneciendo a las huestes nazis.

Hay una cuidada edición, buenas actuaciones y una atmósfera inquietante y lograda. Si, quizás la manera en que se van resolviendo algunos eventos que aparecen no son demasiados creíbles (otros, en cambio, son impactantes). Quizás le sobren algunos minutos, pero lo rescatable es que Shortland ha demostrado que puede volver a una senda de trabajos que la distinguen como una cineasta en búsqueda de desafíos importantes.
Anexo Crítica Fernando Sandro
Horror seguido de más horror parece querer decirnos Cate Shortland en su segundo opus – más un telefilm – como directora. Lore trata una temática a la cual el cine dio muchas vueltas como es el nazismo, su crueldad y su fanatismo, pero logra encontrar otra cara, mirando más allá, con una idea tan simple como el ver qué sucedió después.
Lore (la novel y estupenda Saskia Rosendahl) es una adolescente hija de militar nazi y madre devota al régimen que deberá enfrentar junto a sus cuatro hermanos el duro porvenir que se les aproxima una vez que todo termina, Hitler se suicida.
Como las capas de una cebolla el film comienza casi como un oscuro cuento de hadas, papá vuelve a casa y adivinamos que hay cosas que ya no están bien, los días de jugar corriendo por el campo se han terminado, hay que quemar los documentos, agarrar lo que se pueda y huir.
Primero el padre, luego la madre, los chicos quedarán solos y a la manera de una trágica road movie deben emprender camino hacia el norte de Alemania para cruzar la frontera y reunirse con su abuela, pero el camino no será fácil y deberán pasar todo tipo de penurias y bajezas.

Shortland creó un film lírico, hipnótico, lleno de matices y contrastes, que se toma su tiempo para plantear cada escena pero que crea un cuadro de situación penetrante.
Así como las manos de su protagonista, acá nadie pareciera tener “las manos limpias”, no hay personajes puros, se advierte un momento histórico crucial, y el clima es el de sálvese quien pueda, lo cual da pie también para todo tipo de alianzas.
Alianzas como la que Lore tejerá con Thomas (Kai Malina, otra revelación) un joven judío que los sigue y que también escapa del conflicto. En esta relación entre ambos habrá otro de los pilares fundamentales del film, Lore fue criada con el fanatismo al Fuhrer y se niega a abandonarlo pese a que esa estructura esté destrozada y la haya llevado a su situación actual; se alía a regañadientes con el muchacho, que le atrae, pero con quien no quiere compartir el lugar de comida, y desconfía todo el tiempo. }
Ella haría cualquier cosa por sus hermanos se ve, hasta actos desesperados, pero cuesta ver que las enseñanzas con las que se crió no eran tan así.

Béllamente fotografiada, con un predominio del azul y el verde para contrastar la libertad y el encierro, con exactos usos de ralentis y planos secuencias contundentes, Shortland demuestra un poderío absoluto con la cámara.
No es Lore un film que baje línea directa, se avecina en una mágica escena de bandera flameante que el problema posterior vino desde el afuera, con el nuevo régimen impuesto, pero su juego es el de la metáfora, en diálogos, silencios, e imágenes.
Lore es un film de una potencia increíble, que dice mucho más de lo que parece, que deja al espectador pensando y abierto a nuevas sensaciones, es sin dudas una de las mejores sorpresas del año.
