«Crazy Stupid Love» (Loco y estúpido amor): Coral y simpática visión generacional del amor

Yo sé que uno tiene la idea de que para que sea un clásico, tienen que pasar determinada cantidad de años como para que eso resulte medianamente posible, pero creo que cuando uno habla repetidas veces de una película y escucha sus chistes repetidas veces, termina comprendiendo que si es el público lo que la convierte en un clásico, el público ya está.
Me gusta mucho el género de las romcom, me gusta ese mundo ideal donde el tipo que se mandó un moco enorme de repente puede sostener un gran monólogo para recuperarla antes de que ella llegue al aeropuerto.

No es la realidad lo que uno busca, sino el romance (y la concepción que tenemos es irreal porque también suele ser mucho más dramática). En este caso el romance gana porque por más que se aman profundamente, nada dice que todo es perfecto o funciona sobre rieles por más que lo hayas ganado una vez.
Así que en esta comedia somos testigos de cómo un hombre pierde al amor de su vida porque se había perdido a sí mismo en el camino. En el plan de recuperarse cae bajo la asesoría de un mujeriego con grandes conceptos (Aplicación del Método Miyagui) y muy poca capacidad de entregarse.
Del otro lado, dos mujeres encantadoras e inseguras pero que se animan al cambio que quieren ser amadas de una determinada forma que saben que merecen. Saben lo que quieren pero en el fondo tienen miedo de resignar otra cosa más, de terminar de darse a unos sueños y largar otros.

Los enredos típicos del caso nos llevan al final donde el más torpe termina siendo considerado como un ganador, y el ganador juega a ser un cordero. Ni hablar de que todos estamos dispuestos a odiar a David Lindhagen (nombre que se van a terminar aprendiendo), pero resulta que es un pobre tipo como cualquier otro.
Los personajes son casi todos inmaduros e inseguros, mientras que el único racional y crítico parece ser el hijo de la pareja en cuestión que sabe qué tomarse en serio y qué no. También es el que cuestiona las acciones de los demás con una simpleza que solo se puede tener a esa edad, pero que es un espíritu del que todos queremos contagiarnos: volver a liberarnos de tantos “tal vez” y HACER algo.
Esta película es un clásico porque nos habla de las almas gemelas, nos habla de encontrar el momento para reírse, de romper las reglas de vez en cuando y, sobre todo, que no hay garantías de que “felices para siempre”, sea para siempre.
