«La huella en la niebla»: el río que nos mira

Una búsqueda personal. La utilización de la cámara como posibilidad de crear atmósferas y climas, relegando en el espacio a la palabra, que quiebra y afecta justamente todo. Emiliano Grieco bucea en el microcosmos del Paraná para construir un relato potente, por momentos, en «La huella en la niebla» (Argentina, 2014).
La película, que participó el año pasado del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, bucea en la vida de un joven que, teniendo su fuerza y habilidad para poder construir su destino, ve como todo se desmorona ante los breves intentos de progreso con los que quiere salir adelante.
La familia de su novia lo rechaza, a su hijo lo ve poco y nada, y el río continúa siendo la única posibilidad viable de sustento, aparentemente, para poder conseguir alguno de los objetivos que se ha colocado.
Para contrarrestar tanto dolor, pasa horas de sus días imaginando algún otro presente, uno en el que sus ancestros indígenas, y algunos animales, le devuelven las ganas de avanzar en el lento proceso que atraviesa durante el día.

Por momentos el filme expone imágenes, hipnotizando al espectador con una cadencia y una sutileza que sorprende. Este tipo de construcción onírica, principalmente se potencia durante el primer tramo del filme, con un estilo similar al de otros realizadores contemplativos como Gustavo Fontán o hasta Lisandro Alonso.
Pero la narración avanza, y sin palabras que la refuercen, y justamente en esa ausencia es en donde Grieco juega mucho más con el vuelo estético que cuando sus personajes bajan a tierra y no terminan por cerrar sus historias y vínculos.
Allí el filme se encarna en una ficción que intenta potenciar conflictos relacionados a la posición del joven en su vida y en la sociedad general. Y al no tomar un partido por los mismos y enumerarlos sin profundizar, es cuando «La huella en la niebla» termina por echar al agua toda la construcción digresiva y apasionada que venía realizando sobre el personaje.
Hace unos meses con el estreno de «La mujer de los perros» la crítica hablaba de una exageración de la contemplación en la mirada de las directoras sobre su personaje, pero esa misma crítica no pudo ver la capacidad de acción y progresismo que esa mujer rodeada de canes tenía.

Y aquí pasa lo mismo, porque los sueños se presentan como una metáfora de las posibilidades a las que quiere acceder el protagonista paralelamente al trabajo que tenga o consiga como para poder darle algún dinero a su hijo.
Y en esa muestra de humanidad descarnada, dolorosa, hasta sangrienta, detrás de la visión de un río que permite que en su cauce la vida viva, se reproduzca, pero también se multiplique la marginalidad, es en donde el director debería haber enfocado mucho más su trabajo de puesta en escena y dirección.
«La huella en la niebla» funciona como acercamiento a un cine contemplativo, pero carece de sentido como ficción realista, y en esa contraposición es en donde la poesía y la belleza de algunas imágenes, terminan por resentir un trabajo previo con los personajes. Fallida.
