«Jurassic Park 3D»: esos maravillosos dinos…

Recuerdo que vi esta peli en cine con mi familia durante unas vacaciones de verano. Como siempre me pasa con el tío Steven, entro en la magia sin preguntarme demasiado, sin intentar buscar una parte lógica o una crítica. En este caso la fascinación se mezcló con el enorme miedo que me dio.
Tenía 7 años y desde ahí, los ruidos sordos fuera de campo me han hecho poner la piel de gallina. Si bien la película está basada en la maravillosa novela de Michael Critchton y a la que tanto la trama como el ambiente le deben mucho, Jurassic Park permite esbozar con su gran sentido del humor lo que es la pedantería del ser humano de meterse con cosas que no puede manejar, pero sobre todo, remarcando el sentido lúdico de la cuestión y hasta inocente: lo pensaron como un parque.

La película pasó a la historia por una serie de hitos que parecen imposibles de obviar como la cantidad de robots utilizados y el salto que significó para los efectos especiales. Pero esta película es mucho más que simplemente unos aparatitos nocturnos: es la invitación a un mundo que no deja de asombrarte y al que le temés en iguales proporciones, es la tensión y la aventura, es asumir la responsabilidad de tu sueño y sus consecuencias.
Lo que me encanta de esta cinta es que acude al héroe, como en toda película de aventuras, que es anti el resto del mundo. Sam Neill nos da a este tipo apático, que ama pero en silencio, que es parco y brillante y es la adoración de su pareja lo que lo hace parecer humano. Si sumamos un poco de sentido del humor, unos nietos que son la luz de los ojos de un anciano lleno de dinero y pedante, vamos tejiendo a los personajes y su dinánica.

Muere gente inocente, pero casi siempre los dinosaurios nos ayudan a hacer justicia social y, sobre todo, ayudan a los lazos entre nuestros personajes, que pueden pasar desde esconderse en cocinas hasta ir muertos de miedo en la parte de atrás de un jeep viendo a un T-Rex que se les viene encima. Para cerrar paquete de tío Steven, claro que tenemos esa música maravillosa de John Williams que hace que todos soñemos con esos acordes.
Una peli que ya a esta altura es un clásico en el cable, pero que todos volvemos a morirnos de amor cuando la vemos en pantalla gigante otra vez, con el sonido remasterizado y esos efectos mejorados para que el 3D nos provoque aquello mismo que la primera vez que la vimos. Una linda invitación a retornar a mis siete años, pero con anteojitos puestos.
