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«Jeune et jolie» (Joven y bella): atreverse a lo prohibido

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Inspirada claramente en «Belle du Jour», el prolífico y jóven director François Ozon («8 mujeres», «La Piscina», «En la casa», cineasta que nos está entregando prácticamente una película por año), pone a Marine Vatch en el centro de su nuevo film. Dividido en cuatro estaciones, marcada cada una por una canción diferente, Isabelle es una adolescente que al descubrir el sexo y no colmarla como esperaba, empieza a experimentar y a adentrarse en una doble vida. Así, con un chip de otro celular, comienza a trabajar como prostituta a escondidas de su familia e intercalando su actividad con sus estudios.

Parecería no haber una razón para la cual Isabelle necesita sumergirse cada vez más en este mundo, y esto lo hace sola, sin nadie que la guíe, que la lleve, porque es ella sola a la que se le ocurre y ella sola la que empieza a moverse cada vez con más confianza en este terreno oscuro.

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Ella es joven y hermosa, como su título lo indica, pero más allá de a simple vista tener todo un futuro por delante, se la pasa en una constante búsqueda de algo que la haga sentir. Porque cuando decide perder su virginidad lo hace esperando que un mundo nuevo se le despliegue ante ella pero lo que termina viviendo es algo frío que apenas la modifica.

Es que de hecho Isabelle no disfruta ninguno de estos encuentros sexuales con hombres en su mayoría mayores y casados. Es como que lo que necesita es esa diversión de saber que está haciendo algo prohibido y a escondidas, parecido a lo que sucede con su primera vez. Pero lo que empieza como un juego se torna cada vez más serio y algo que no podría haber predicho la va a terminar dejando en evidencia frente a su familia, logrando una de las escenas más desgarradoras.

Porque a la larga ella no se diferencia de otras adolescentes y sus métodos autodestructivos, la reacción de esa madre puede ser la misma que la de quien descubre que su hija se droga o es anoréxica. Algo que tuvo siempre frente a suyo pero no logró ver.

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Ozon retrata a esta mujer de manera elegante, fría y distante en mayor parte, pero porque es así del modo en que se siente ella casi todo el tiempo. Y uno de sus mayores aciertos es nunca juzgar a su protagonista, sino que la deja ser, sin tampoco defenderla. Es como si muchas veces decidiera mirarla desde lejos, como si no se atreviera a introducirse demasiado en ella.

Tras casi una hora y media de película (en las que a simple vista no se percibe, pero pasa mucha agua por el puente), Isabelle, aún sin decir demasiado, (su personaje es de pocas palabras, o más bien, de las palabras en su medida justa) va transformándose en alguien diferente y la frutilla del postre será la aparición, breve pero imprescindible, de la legendaria Charlotte Rampling para clarificar principios y conductas.

Marine Vatch, actriz y modelo en este su primer protagónico, entrega a una Isabelle no sólo bella y hermosa, sino consciente de lo que tiene en sus manos y a su vez logra presentar su rol como una mujer misteriosa, naturalmente seductora, controladora cuando quiere pero con un dejo de melancolía que la hace irresistible.

«Joven y hermosa» es entonces una película arriesgada a la hora de hablar claro sobre un tema que poca vez se torna sutil en el cine, como lo es la prostitución, y que apela a las capaz más delicadas y profundas de un perfil de mujer en búsqueda para transmitir su idea. Su búsqueda es el elemento donde se estructuran los personajes que transitan su atribulado mundo. Intensa e interesante.

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