«Francisco de Buenos Aires»: personalizando una lucha

No soy una persona particularmente religiosa, pero siempre me han fascinado dos cosas: una es el relato y la construcción del mundo en la perspectiva de la fe y la otra es alguien que es capaz de sembrar con el ejemplo. Este documental cuenta la historia que Jorge Bergoglio viene escribiendo desde sus años de sacerdocio hasta ahora.
El mensaje no puede no movilizarte (y lo digo yo que no soy muy religiosa), pero la crítica que sigue es al documental y no a la persona. La estructura de la película está construida a base de entrevistas tanto a especialistas religiosos, parientes y amigos de hace muchos años, junto a investigadores de su vida, que quieren dotar a la figura del Papa una cierta mítica por su labor, pero la mítica sólo la tiene él.

El documental gana en la elección de material de archivo, en cómo lo presenta y en el testimonio austero y contundente de otro jesuita que explica el espíritu de esa doctrina. El film, por otro lado, haciendo un recorrido de los momentos icónicos, arma el relato en orden cronológico iniciando con los testimonios de su hermana y usa a los expertos para poner en contexto.
Pasa por todas las etapas obligatorias como ser los cuestionados años en la última Dictadura Militar, su trabajo en las villas, su rol de pastor ante todo. Como tal, hace uso (y abuso) de los planos medios y primeros planos en tres cuartos y de perfil, casi no hay exteriores y todos hablan en un determinado espacio del que no se mueven.
El trabajo del director hace un prolijo uso de la música y de la luz y el desarrollo es correcto (con unos espectaculares planos de San Francisco de Asís y del Vaticano) pero el resultado termina siendo televisivo y un poco superficial, donde una serie de testimonios nos tienen que pintar o la lucha o el ser humano sin apelar a ningún recurso nuevo, sin documentar de otra manera que no sea un cargo o un mismo espacio. De hecho, parece un testimonial de pasta de dientes. La música, de hecho, sí merece un capítulo aparte.

Vox Dei hace una maravillosa combinación de estilos para ilustrar este documental con ritmos que imitan lo sacro, van hacia la ópera, construyen marchas y hasta tienen dejos de bandoneón por momentos. Hermosa. La producción se enfocó en conseguir excelente material y honestamente, no tiene un mal ritmo.
Pero cinematográficamente no aporta demasiado ni en tema ni en estilo. Y me deja con muchas ganas de matices, de presentar diferentes etapas o, incluso hacer más preguntas a los entrevistados. Apenas correcto. Moviliza la historia, pero para eso no necesitábamos este documental.
