«Gato Negro»: biografía de un buscavidas

Hace algunos meses un producto dispar como lo fue “Por un puñado de pelos” (Argentina, 2013) tenía un mérito en la actuación de su protagonista, Nicolás Vázquez, que bien supo ponerse en los hombros al filme.
En el caso de “Gato Negro”(Argentina, 2014), el director Gastón Gallo tiene que agradecerle a Luciano Cáceres el haber aceptador trabajar en su ambicioso proyecto, con el que repasará la vida de Roberto Pérez (Cáceres) y aprovechará para repasar algunos momentos de la historia argentina.
Cáceres compone a su Tito con algunos tics de personajes interpretados con anterioridad (inevitable algunos gestos de Pablo de “Graduados”), pero pese a esto, logra dotarlo de una entidad que trasciende la pantalla y que ubica su caracterización en un lugar de privilegio.
Tito es un buscavidas, que termina del lado “oscuro”, porque es el más fácil para él, es la vía rápida para alcanzar algo que pese a no tenerlo muy en claro, sabe que debe cambiar de vida, y justamente una propuesta “clandestina” terminará torciendo el destino y conviertiéndolo en uno de los hombres más poderosos y ricos del país.

Así, escapándose de su pasado, renegando de su padre ausente (Lito Cruz, a quien tiene muy presente en cada paso que da) y de su vida anterior en un pequeño pueblo de Tucumán, Tito se erigirá como un hábil negociante sin escrúpulos.
En esa construcción de su poder intentará igualmente cumplir un viejo anhelo, el de formar una familia (en su pequeño pueblo no quiso), y así lo hará junto a Elvira (Leticia Brédice, en un papel completamente diferente a los que nos tiene acostumbrados).
Mezcla de películas hollywoodenses como “Casino” o “Caracortada”, su similitud radica en esto de contar una épica particular, relacionada a una premisa de aumento de riqueza y poderío, allí “Gato Negro”, cumple en esta parte, con su premisa y con las leyes de ese género.
Donde quizás falle es en su intento por abarcar un período muy extenso de la historia, potenciado por la creación con trazos gruesos de las representaciones de los mismos. Así un general (Pompeyo Audivert) se transformará en un maniqueo negociante extorsionado con poco, o se reflejará la realidad de los tupamaros con unas imágenes de falso footage en una vieja TV, sin contextualizar ni profundizar esto.

En los intentos de narrar hechos del pasado, como pequeños índices que van explotando y sugiriendo etapas históricas, es que no se logra plasmar la potencia del “cuento” de Tito que se venía narrando.
Todo se desdibuja y transforman un esfuerzo de producción en disrupciones, pequeños episodios, que no alcanzan en el intento de mostrar la “verdad” de la Argentina Ahí es justamente en donde se cae en lugares comunes y estereotipos, algo que también pasa con las actuaciones de Luis Luque, Juan Acosta, Favio Posca, excompañeros de fechorías de Tito que, cada uno y en momentos particulares del metraje, aportarán su impronta secundaria.
Menos es más, es quizás algo que Gallo no pudo pensar antes de escribir y dirigir “Gato Negro”, una película irregular, pero con punto clave en Cáceres, que se brinda a la pantalla grande como si fuera la última vez que lo hará. Esperemos que haya muchas más.
Anexo de Crítica por Rodrigo Chavero
Gastón Gallo, director y guionista de «Gato Negro», es un hombre vinculado, además del cine, a la actividad empresarial. Ha viajado mucho y eso se refleja en la visión del mundo que le imprime a su obra.
Esta, es una película que muestra el camino de un hombre simple, del interior, destinado a ser proletario (por ponerlo en términos político-marxistas) y que logró torcer esa ruta para destacarse en una cierta actividad laboral.
En ese devenir vital, nos adentraremos en la existencia de Roberto (Luciano Cáceres), desde su infancia hasta su madurez, pasando por varias etapas de la Argentina que aparecerán caracterizadas como fondo, para enmarcar los diferentes cambios frente a los que él tendrá que adaptarse para sobrevivir.
En cierta manera, la idea de Gallo era ambiciosa. Elegir un personaje y hacerlo transitar por varios años de historia local. Poner el lente ahí, para ver cómo ese medio fue condicionando o propiciando nuevos direccionamientos en su accionar.

Esa fue la mirada, eligiendo no profundizar demasiado en algunas cuestiones fuertes (la de los 70′ con las detenciones, el trato con el oficial para liberar a una desaparecida; en los albores de la recuperada democracia, con las actitudes de un juez o de los funcionarios en la aduana) sino centrando siempre el relato en función de los sentimientos de Tito (Cáceres).
Y él, está a la altura de lo esperado. Concentrado y cómodo en su rol, el actor de «Graduados» descolla en su primer protagónico. Sostiene, prácticamente, él solo el interés en la cinta. Desde que el actor comienza su trabajo hacia fines de la adolescencia, todo hace centro en él: a su alrededor pasan cosas (muchas, realmente), pero las que importan, las vive en el rostro.
El resto, está ahí como fondo (el robo aquel donde sus amigos caen presos en la década del 60, sin ir más lejos), los secundarios, también. A pesar de contar con un vasto elenco de renombre (Lito Cruz, Leticia Brédice, Favio Posca, Pompeyo Audivert, Luis Luque), todos ellos (excepto Roberto Vallejos quien hace un gran trabajo y en pocas escenas muestra su calidad), por cuestiones del guión, no logran generar duetos dramáticos con Cáceres, quien se abre camino solo para llevar adelante la suerte del film.

En el haber, hay un nivel de producción importante para el medio y se nota en el trabajo de ambientación y vestuario, el magnetismo de Cáceres hace de andamiaje para disfrazar las debilidades de la historia.
En el debe, «Gato Negro» es larga y se siente en el cuerpo, a veces pareciera que hay subtramas que no revisten tanto interés y estoy seguro que un corte más ajustado quizás hubiese potenciado algunos segmentos (el del final, sin ir más lejos) que no lucen como deberían.
Sin embargo, el cine nacional necesita de estos productos. Necesita explorar nuevos géneros y probarlos en las salas, traer actores de la tevé y probar cómo se lo recibe en la pantalla grande. Desde ese sentido, esta apuesta de Gallo es valiosa.
También, su esfuerzo por llevar adelante una historia compleja, extensa, en la que retrata a un argentino imaginario, reconocible, que peleó por trascender a lo largo de toda su vida. Aceptable debut para Gallo y mucha expectativa por los próximos trabajos de Cáceres para el cine.
