«Ellos te eligen»: ensamblando vidas

Con muy buena dirección de arte y contenido llega: «Ellos te Eligen», un documental de Mario Levit, Silvia Bugallo y Marcelo Maran, que intenta ponerle rostro a la temática de la adopción. Ya lo habían hecho en 2011 con «Los Chicos Invisibles» y ahora, profundizan extendiéndolo al proceso y «ensamblaje» de una familia con todo lo que eso conlleva.
Se explicará, a través de profesionales, muchos de ellos que han formado familias sorteando no pocas dificultades que provienen de las leyes y de la falta de entendimiento completo desde los padres que van a adoptar, que este camino no es para todos y que del otro lado también hay una elección ya que la vida no comenzó normalmente y hay mucha fantasía e ilusión puestos en el futuro.

Se hará hincapié en los tiempos, la burocracia, este hecho de la espera o la sorpresa de que llegó el momento del encuentro. Que la mayoría de los chicos que están en instituciones no son bebés (crecieron en los hogares de caridad y beneficencia), que algunos de ellos prefieren quedarse en ese lugar que los recibió de pequeños y que otros se ilusionan con sus hogares de guarda (una especie de limbo) o con volver a sus propios hogares desde donde fueron expulsados porque sus padres están en prisión cumpliendo una condena o con alguna otra situación complicada.
Para tomar conciencia de una manera amena, para trabajar y comprometerse y que podría incluir una investigación propia, si es que el espectador tiene alguna inquietud de acercarse a estos niños que necesitan de afecto y comprensión.

Se puede tomar nota de las Asociaciones Civiles que unen a padres que adoptaron y que tratan de escucharse entre sí para mejorar la experiencia y calmar las ansiedades, conociéndolos en charlas dictadas en varias ciudades del país.
La duración es correcta y no apabulla al público con datos sino con rostros, con nombres, con aciertos y errores de los protagonistas.
«Ustedes no pudieron ser padres biológicos pero sí pueden ser padres porque yo los elijo», más o menos así es la frase de uno de los chicos que esperan y que no sólo conmovió sino que despertó la sonrisa de quien escuchó estas palabras.
